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Las Tunas.- Los últimos meses han sido complejos y desafiantes. El nuevo coronavirus trastocó drásticamente las rutinas y muchos optaron por quedarse en las casas al cuidado de los hijos, por considerarlo el espacio más seguro. Yuniaski, en cambio, no podía hacerlo debido a la responsabilidad laboral que ocupaba y a pesar del miedo que a veces la invadía, su niña se mantuvo asistiendo al círculo infantil aun en las semanas más tensas de la pandemia.

madre círculo infantilYuniaski Rodríguez Polanco se desempeña como especialista comercial en la Unidad Empresarial de Producciones Varias (Provari) del Ministerio del Interior en Las Tunas, y su pequeña María Isabela Cordobés Rodríguez cursa el sexto año de vida en el círculo infantil Pequeños Capullos, de esta urbe. “Mi empresa se dedica a actividades como la fabricación de materiales de la construcción y las confecciones textiles”, comenta.

“Nosotros suministramos bloques y mosaicos de piso que se destinan al Programa de la Vivienda, particularmente a los subsidios y era necesario seguir produciendo estos y otros recursos. Por otra parte, sentía que mi hija estaba segura en su círculo, porque veía el cuidado que tenían y por eso continué llevándola. Al principio sentía temor, pero luego fue pasando porque me transmitieron mucha confianza”.

María Isabela asiste cada día a su salón, ahora con más amiguitos para compartir, pero con el mismo sistema de normas que la mantuvieron a salvo en la etapa anterior. “Al llegar nos recibe la enfermera y siempre nos pregunta como está, si se siente bien, si la hemos observado. Le lavan las manos con frecuencia, todos (infantes y trabajadores) usan su nasobuco, hay mucha higiene, conversan con ella y le explican todo lo que debe hacer para protegerse. Nos apoyan mucho en cada instante”, sostiene Yuniaski.

Su maestra, según nos cuenta la madre, no ha faltado ni un día. Les repasa los contenidos del grado y organiza diversas actividades. “Estoy muy agradecida por el cuidado que le brindan allí y porque en ningún momento, a pesar de las circunstancias, han dejado de enseñarle”.

SE RETOMAN LAS FUNCIONES, SE MANTIENEN LAS MEDIDAS

La labor de los círculos entraña por naturaleza una alta responsabilidad y la misión de cuidar a los infantes en medio de la Covid-19 fue un compromiso que cumplieron de forma especial las educadoras tuneras, quienes los entregaron cada tarde a sus padres sin que hubiera un solo caso de contagio entre ellos.

De los 29 centros de este tipo con que cuenta la provincia, 24 permanecieron abiertos de acuerdo con la demanda, con una asistencia de unos 100 a 200 niños diarios en todo el territorio, cifra muy por debajo de los más de cinco mil que actualmente son matrícula de este nivel educativo. Así lo comentó a 26 Digital Yanara Campaña Mariné, jefa del Departamento de Primera Infancia en la Dirección Provincial de Educación.

Yana primera infancia verticalLa directiva informó que tras el paso de Las Tunas a la etapa de recuperación, todas las instalaciones se encuentran abiertas y cumpliendo con sus funciones habituales, con un incremento considerable de la asistencia, que ya sobrepasa los mil 500 pequeños. A partir de ahora, señaló, se continuarán teniendo en cuenta las diversas medidas higiénico sanitarias para evitar el posible contagio del virus.

Campaña Mariné enfatizó que todas las madres que lo necesiten pueden llevar los menores al círculo, ya sean del sector estatal o no estatal, y que están creadas las condiciones para recibirlos. Aclaró que no hay ningún tipo de restricción al respecto, ni se requiere entregar una carta que certifique que ya está incorporada a su empleo.

La directiva informó que continúan en vigor las disposiciones orientadas por el Ministerio de Educación como la flexibilización en los horarios de entrada y salida y el respeto a la decisión de la familia de llevar o no a sus hijos, sin concebir límites de ausencias. Recordó que “los padres los entregan en la puerta de la entidad a las auxiliares, evitando así el flujo excesivo de personas dentro de la edificación y en la tarde los recogen igualmente en el vestíbulo”.

Los pequeños deben llevar sus nasobucos puestos y otros cuatro en su bolso, en aras de poder cambiarlos cada tres horas como corresponde. En el horario de la siesta se colocarán los catres a más de un metro de distancia uno del otro y se utilizarán todos los espacios de la instalación como pasillos, vestidores y gabinetes, en función de lograr el distanciamiento físico.

Los docentes, reiteró, tienen la misión de velar por el cumplimiento estricto del protocolo sanitario como la ingestión frecuente de agua, el establecimiento de cierta distancia a la hora de hablar, recordarles que al toser o estornudar deben taparse la boca con el antebrazo y el lavado frecuente de las manos. Con relación a esta última orientación acotó que en el caso de los menores debe hacerse solo con agua y jabón, pues no es recomendable que sean expuestos al cloro.

La jefa del Departamento de Primera Infancia dijo que todos los círculos tienen garantía del abasto de agua, así como de los recursos para la alimentación, el aseo personal de los infantes y la limpieza de las instalaciones.