Según los asesores de la Dirección Provincial de Educación, el ejercicio evalúa cómo se han preparado los diferentes niveles educativos, el tratamiento al tema por vía curricular y extradocente, qué contenidos se abordan; la capacitación de directivos, profesores y familias, cuáles deficiencias se perciben en estos procesos; y el trabajo multifactorial, con el objetivo de vincular colegio-familia-comunidad, con el diagnóstico de los factores de riesgo.
Abarca principalmente los centros de Secundaria Básica, Preuniversitario, de la Enseñanza Técnica y Profesional, la Educación de Adultos y la Escuela Pedagógica, al ser los niveles más propensos a incurrir en tales hechos, por las edades de sus educandos. En esas instalaciones se efectuarán, talleres, conversatorios y aulas abiertas con la participación de especialistas, padres e integrantes de las organizaciones políticas y de masas, como actores indispensables en la prevención de ese flagelo que afecta a millones de personas en el orbe.
La experiencia, puesta en práctica desde hace tres años, responde al Programa Educativo dirigido a la prevención del uso de drogas del Sistema Nacional de Educación del 2016 al 2020. Asunto al que se dedica especial atención es al control de la familia sobre el menor. Los lugares y amistades frecuentados por los más jóvenes y las actividades que practican en el tiempo libre, son cuestiones que no deben ser ajenas a los responsables del hogar.
De acuerdo con la estrategia del Ministerio de Educación, mediante las clases se debe implicar al estudiantado en el rechazo al consumo de cualquier tipo de drogas e ilustrarlo en cuanto a los daños físicos, psicológicos y sociales que provocan. Al preparar a los alumnos por esta vía curricular pueden multiplicarse e incidir en las familias y las comunidades.






















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