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plaza hoy

“Todavía paso por allí y me vienen de golpe tantos recuerdos. Aquellas tardes en que salíamos a recorrer la ciudad teníamos que terminar en su coctelera, escuchando música de las vitrolas. Aún los boleros me regresan a aquel sitio. Y ahora, lo veo ahí, tan destruido, que me parece mentira haber pasado casi la mitad de mi vida entre las paredes del hotel Plaza”, expresa nostálgica Nereida Santos González.

Ya nadie recuerda cuándo perdió su vida útil, y con ella, poco a poco su valor patrimonial. Se convirtió en un trozo de ruina atrapado con zinc, que conserva más que todo un encantamiento mágico, tal como lo recuerda también, Crecencio Ochoa Atencio.

“Desde muy pequeño, cuando todavía no pensaba mudarme para Puerto Padre, venía con mi padre a la ciudad, y era casi obligatorio ir a almorzar al Plaza. El servicio era excepcional, las camareras tan bien vestidas y amables.

“Para mí, era un orgullo entrar a aquel lugar, imagínate un niño de campo visitar una instalación como esa, era una fantasía. Ir allí se convirtió en una muy bonita tradición familiar.

“No me explico por qué se dejó caer ese sitio. Leí una vez en una revista que todas las grandes ciudades del mundo tenían un hotel Plaza y nosotros teníamos uno”.

Más allá de la añoranza por lo que significó para muchos en sus años mozos, el Plaza fue hogar, negocio próspero y hotel. Hoy historia, identidad, cultura.

ÉRASE UNA VEZ UN EDIFICIO

plaza antiguo2 300x200Cuentan que el edificio fue construido en 1906. Desde el punto de vista arquitectónico, tiene rasgos y valores del neoclasicismo, pero al incorporar elementos de hormigón armado se convierte en una construcción ecléctica.

La parte inferior de la estructura es un soportal sobre columnas de hierro circular y encima de ellas posee un arquitrabe que se conforma de muretes con mucha presencia de herrería. En la planta superior luce pequeños muros decorados y rematados por copones.

El investigador Abel Sastre Matos detalla que inicialmente sirvió como el caserón familiar de don Bartolomé Palau, quien pocos años después lo vendería al señor Patricio Pereda Marañón. Más tarde, a petición de mayoristas de La Habana, los bajos se utilizaron como almacén, donde se expedía todo tipo de mercancías. Los altos, por otra parte, constituían la vivienda de la numerosa familia Marañón.

Según el historiador de la ciudad, Ernesto Carralero Bosh, la parte inferior sirvió, además, de billar, fonda, cafetería y restaurante.
Muy pronto el inmueble cambió nuevamente su función y de dueño. Para la década del 20 del pasado siglo, fue adquirido por el señor Justo Rodríguez y convertido en el hotel Plaza, tal y como decía su eslogan: “El hotel de los hombres de negocios en Puerto Padre”.

No solo los “hombres de negocios” buscaban alojamiento en este sitio, algunos documentos de la época constatan que Antonio Guiteras Holmes, Nicolás Guillén, Juan Marinello Vidaurreta, Jesús Menéndez y la compañía de Germán Pinelli se hospedaron allí, en el buque insignia de la hotelería, según lo califica Carralero Bosh.

Su posicionamiento privilegiado en la arteria principal de la ciudad, con vista al mar, no solo le ofrecía funcionalidad, sino que le añadía espiritualidad y simbolismo.

Antiguos trabajadores traen a la memoria que, desde bien temprano, abría sus puertas la instalación. Vislumbraban sus manteles rojos, muebles coloniales, suntuosos espejos con marcos de madera. El ir y venir elegante del personal de servicio conjugaba con la amabilidad y los diversos sabores de la comida criolla.Recorte de periódico

Luis Manuel González Ramírez, quien trabajó entre los años 60 y 80 del pasado siglo allí, explica que escogían a los trabajadores por su carácter, integridad, preparación y se conformaba un equipo gastronómico para atender eventos y visitas importantes.

“Recuerdo con mucho cariño todo aquello. Había hotel, restaurante y bar. Tuvimos hospedado a Teófilo Stévenson Lawrence, Jorge Hernández Padrón, Lázaro Peña y a delegaciones soviéticas”. Con ojos húmedos y voz entrecortada confiesa: “Paso por ahí y lo miro con nostalgia”.

José Aguilera García, más conocido como Pepé, rememora: “Era un pueblo de gente lo que iba, lo mejor que había en Puerto Padre, lo más céntrico. En las tardes, los clientes salían a la terraza, desde sus asientos miraban la avenida, el mar. Todos se iban complacidos”.
Otros testigos de esa época se refieren al servicio de coctelería como uno de los más disfrutados dentro de la vida social del puertopadrense.

El hotel Plaza, que se había posicionado como principal destino de alojamiento en la Villa Azul, brindó toda su magnificencia hasta principios de los años 90 del pasado siglo.

En la provincia de Las Tunas se conoce de la existencia de dos hoteles Plaza: uno en la ciudad cabecera, demolido a principios de la Revolución por su deplorable estado constructivo, y otro en Puerto Padre a punto de desvanecerse.

Esquina derecha del portal en peligro de derrumbe

MEMORIAS EN RUINAS

“El estado de la edificación es muy lamentable, está en peligro de derrumbe dado el deterioro tan grande que se ha permitido; el portal ya no es salvable. Hay que demoler y volver a construir. Si no se actúa con prontitud, vamos a perderlo porque tiene muchas afectaciones a todos los niveles que pueden generar el colapso”, asevera el ingeniero civil Pedro Pablo Plá Morlote.

El hecho de que al triunfo de la Revolución se les otorgara la propiedad de una parte del inmueble a varias familias, en lo sucesivo constituyó un escollo para la rehabilitación del mismo y su desarrollo comercial.

Los inversionistas debían construir las viviendas para quienes ocupaban el decadente edifico, pero nunca ocurrió. Primero Gran Caribe, luego Cubanacán, varias preparaciones de obra, planes sin concretar, dieron al traste con años de abandono.

En 1999 se asignó un solar céntrico para dichas casas y en el 2001 iniciaron su edificación; sin embargo, se paralizó por diferentes causas objetivas. Primero debido a que no apareció el financiamiento para la ejecución del Plaza y ya no era necesario trasladar a sus moradores. Más tarde, el huracán Ike en el 2008 trajo otras prioridades en el fondo habitacional del municipio.

Fue entonces en el 2018, por interés gubernamental del territorio, que se concluyeron las llamadas viviendas del Plaza. Esta lastimosa secuencia de incidentes es confirmada por Teresa Ramírez, una de las inquilinas: “Desde el 98 nos dijeron que nos iban a construir las casas y hace dos años fue que nos las entregaron. Decían que no había presupuesto ni para terminarlas ni para reparar el hotel”.

INDICIOS DE TIEMPOS MEJORES

En el 2010 vuelve a despertar el interés por recobrar la vida útil de este recinto hotelero, dada la necesidad del servicio de turismo de ciudad, inexistente en la Villa Azul y por la importancia de conservar el patrimonio tangible del centro histórico. Se inician así las labores de diseño que concluyeron al cierre del 2019, expone Rafael Cardé García, proyectista general de la Empresa de Diseño e Ingeniería, Crever, en Las Tunas:

“En el 2018 se hizo el trabajo para una nueva funcionalidad del proyecto y su recuperación, pero solo se acometió la demolición de algunas partes y fue paralizada por razones ajenas a la provincia. En el mismo participó un equipo multidisciplinario, entre ellos, ingenieros estructurales, hidráulicos y eléctricos”.

Edel Paneque Batista, director de la Inmobiliaria del Turismo en Las Tunas, afirma que el Plaza quedó incluido en el plan de inversiones para el 2020:

“Este año debe continuar la inversión con un financiamiento de 1,65 millones de pesos, teniendo en cuenta sobradas razones: es una instalación pequeña, de dos plantas, con 16 habitaciones, perteneciente a la categoría Encanto, que potencia el país y el Ministerio de Turismo. Además, constituye un edificio emblemático de Puerto Padre.

“El próximo año está prevista la compra de muebles, lencería y otros componentes, equipamiento de restaurante, de centro nocturno y de todo lo que contempla el proyecto de interiorismo que lleva. Es una obra con valores patrimoniales, que no está olvidada, sí demorada la inversión; pero en perspectiva de concluirla este año, con la Empresa de Servicios al Turismo (Emprestur)”.

Olvidada o no, la inversión ha sido relegada en el tiempo por encomiendas de mayor importancia para el país, a la hora de priorizar financiamiento y destinar fuerza de trabajo especializada. Mucho peso ha caído sobre esas estructuras: el tiempo, las condiciones de la economía cubana y la falta de unidad de pensamiento y acción para valorarlo como lo que es, uno de los tres edificios emblemáticos de Puerto Padre, patrimonio arquitectónico local, tradición gastronómica de excelencia en el servicio y la cobertura del casi inexistente turismo de ciudad.

El hotel Plaza, de la Villa Azul de Cuba, perdió su vida útil, belleza estética y funcional; no obstante, su historia de esplendor vive en el corazón y el espíritu de los puertopadrenses, quienes sueñan que vuelva a navegar el buque insignia de la hotelería en Puerto Padre.