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Las Tunas.- Cuando le dieron la noticia pensó que finalmente podría concretar su proyecto de vida, que tendría los recursos para hacerse cargo de sus necesidades, y pensar en el futuro con optimismo. Dos meses después se despidió de su esposo y su niña con el pecho henchido de dolor, tres años de misión médica en Kenia, al otro lado del mundo, era demasiado tiempo lejos de su familia.

Los años pasaron con la crudeza de lo irreversible. La apariencia de su pequeña cambiaba en cada foto que recibía. En las vacaciones regresaba cargada de regalos y la niña la abrazaba, pero a la hora de dormir iba corriendo con su papá, igual cuando estaba asustada o enferma. Despertaba a mitad de la noche y buscaba desesperadamente solo los brazos paternos.

Elsy culminó la misión el mismo año en el que su hija comenzó el primer grado. Por primera vez pudo llevarla a la escuela, preparar sus meriendas y ayudarla a memorizar cuentas y letras. Mas la tarea se le volvió extremadamente complicada. La menor no reconocía su autoridad, era como una extraña dentro de casa e invadiendo las rutinas de los otros.

La infante solo aceptaba la leche como la hacía su papá, y el pan tostado y los potajes. Ante la más leve negativa se revolcaba en el suelo y gritaba pidiendo ayuda. La primera semana durmió sola en su camita nueva, pero después su progenitor tuvo que mudarse con ella. Y Elsy se limitó a esperar a que llegara su esposo a casa para que mediara siempre entre ellas.

Unos meses después el saldo de estar tanto tiempo fuera la superó por completo. El entendimiento con su compañero de vida se fue por la borda, surgieron alusiones a viejas infidelidades, comentarios, peleas, rencor y mucha desconfianza. No le quedó otra alternativa que separarse y encarar ella sola el difícil reto de ser mamá, ama de casa, doctora de consultorio y además, mujer.

Al INTERIOR DE CADA FAMILIA

Como Elsy, otras tantas mujeres tuneras han tenido que lidiar con conflictos similares, que emergen no solo de la ausencia, sino también de la falta de límites razonables en la crianza de los hijos. Muchas logran corregir sus actitudes, pero lamentablemente una buena parte no consigue revertir la situación y engendran jóvenes malcriados, engreídos, egocéntricos, que no saben vivir en colectividad.

La psicóloga Elia Marina Brito Hidalgo, especialista del Departamento Provincial de Promoción para la Salud y Prevención de Enfermedades, comenta a 26 Digital que Las Tunas requiere de alianzas estratégicas entre la comunidad, la escuela, la familia y Salud Pública, de forma tal que se garantice una correcta educación desde las edades tempranas para evitar malas conductas en la adolescencia y la juventud.

“Como parte de las actividades por la Séptima Jornada de Maternidad y Paternidad Responsables, se han diseñado talleres de intervención educativa que serán impartidos en las escuelas familiares. El objetivo es dotar a la familia de las herramientas necesarias para educar desde conductas basadas en la igualdad de derechos y responsabilidades", explica Elia.

“Estamos desplegando una estrategia de intervención comunitaria orientada hacia la educación sexual desde la Atención Primaria en los consultorios médicos, los hogares maternos, y en articulación con la Federación de Mujeres Cubanas.

“El lema de la séptima edición es 'Educar en límites razonables', y atendiendo a estos límites, que muchas veces se trastocan, queremos llegar a cada familia y alertar sobre temas como el consumo de drogas y la prevención del embarazo en edades tempranas, fenómeno con gran incidencia en Las Tunas”.

Las jornadas de Maternidad y Paternidad Responsables son una iniciativa que desde el año 2014 desarrolla el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), y propone abordar los procesos de crianza y educación desde la corresponsabilidad en la atención al desarrollo pleno y seguro de niñas, niños y adolescentes.

En nuestra provincia han sido el escenario para propiciar estrategias que generen resultados más integradores en las comunidades, esfuerzo que no se ha logrado consolidar, atendiendo a los altos índices de embarazo en la adolescencia que existen en el territorio, identificado como el segundo en incidencia a nivel nacional.

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