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Las Tunas.- Se engrasa la maquinaria del ordenamiento monetario en Cuba. Un proceso mayúsculo que es, sin dudas, la transformación económica más grande de las que se han realizado dentro de la Revolución y que involucra y transfigura a todos los sectores de la sociedad. Se engrasa, sí, porque tras menos de un mes de la implementación de las principales medidas es muy difícil dar un juicio certero de lo que vendrá, sin matices.

El camino que transitamos pasa por una inflación que, no por anunciada, deja de ser lacerante, y también por un desabastecimiento brutal que se ha hecho más serio ante cada vuelta de tuerca del bloqueo norteamericano y el dilema de liquidez de la economía nacional.

Un panorama convulso al que se suman otras realidades cotidianas. Entre ellas, algo tan aparentemente simple como que ahora más de una generación de cubanos (entre los que me incluyo) tendremos que aprender que 25.00 pesos son solo eso, 25.00 pesos, sin hacer otros cálculos.

Lo escribo y recuerdo la anécdota de aquella hija de esta Isla recién llegada a Madrid, horrorizada porque tenía que dar tres euros por una libra de frijol carita. “Ni muerta doy yo más de 75.00 pesos por los frijoles de toda la vida”, decía, en franco estupor porque le era habitual sacar las cuentas de las compras varias veces en su cabeza en distintas monedas, que eran una, pero no pesaban igual. Un gran lío.

Claro, no estamos en España, los precios son altos y no puede ser que poner el plato de comida en la mesa constituya la receta eterna de la felicidad nacional; afortunadamente, la vida es más que eso. Y creo que el ordenamiento es el primer paso concreto para enrumbar esa certeza equivocada en la cabeza de muchos.

Tampoco comprendo a cabalidad ciertos dislates a la hora de hacer público los precios de los productos que son de subordinación local; y estoy feliz, aunque algunos vean sombras, en que se ajustaran los que nacieron torcidos para el pueblo. Así quedan en anécdotas de la arrancada las pocas jornadas de heladerías vacías, y el pan de la bodega a 1.00 peso (algo que, por cierto, no puede volverse el centro del ordenamiento económico en Las Tunas) comienza a inquietar más por su calidad que por los 30.00 pesos que pagaremos en su compra al concluir el mes.

Decir lo cierto, desde el argumento y la experiencia personal, es derecho, lo mismo en las redes sociales que en las colas y hasta en la guagua; pero, no le cierre la puerta a otras verdades. El país se ha preparado para esto, sí. Al punto de que a la Dirección de Trabajo en cada municipio se le ha orientado estar al tanto de cuáles son los abuelitos que han dejado de ir a los comedores del Sistema de Atención a la Familia (SAF) y conocer las causas concretas de cada caso, de manera muy particular. Las autoridades han habilitado vías de denuncia a las ilegalidades en los terruños y se monitorea lo que, a mi juicio es más importante, el sentir popular.

Deje que esta, que es ahora nuestra dinámica de vida, avance, antes de satanizar nombres y procesos. Recuerde que nos reordenamos en medio de una pandemia que está en su tercer pico y sepa que todavía se consulta a expertos nacionales para seguir mejorando las distintas decisiones. No lo dude, ante cada paso, contamos todos.