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racismo pensando americas

Las Tunas.- A Aleida Best pocos pueden hacerle un cuento de Las Tunas. La amparan sus 74 años, todos muy bien vividos y siempre desandando estas calles. Negra, huérfana de madre desde muy chica, quedó entonces al cuidado de su padre, un hombre que había llegado desde Barbados y se fue aplatanando en estas tierras, doblando el lomo en los cañaverales y aguantando, con su maltrecho idioma español, muchos sinsabores.

Recuerda que comenzó de doméstica con 8 años. Y comía arroz con bacalao solo en los días en que, por cinco centavos, le daban un bolso lleno de colas minúsculas y entonces había que sudar a mares para sacarle a aquello más que espinas al preparar la comida.

AleidaA esta doctora en Ciencias no le gustan los “negros equivocados”, esos que se olvidan de cuánto ha hecho la Revolución por la igualdad plena, sin importar el color, y despotrican de sus raíces a diestra y siniestra. Tampoco cree en eso de “adelantar la raza”, para ella el asunto no está en que, si el prieto se casa con la blanca, la prole viene más clarita a este mundo; el adelanto real, dice, depende de la gente, de quién eres y en quién te vas convirtiendo en el camino.

Por eso, cuando el tiempo le permite, agarra a sus nietos de la mano y los lleva para el puentecito de La Feria a enseñarles que allí abajo, cuando ella era una niña, vivía gente. Y no solo negros, porque la discriminación acá también incluía con fuerza a los blancos pobres, que no eran pocos, y a los chinos. Mientras habla, sonríe y, aunque no alcanzo a verle el gesto a plenitud, porque se esconde tras el nasobuco, sé que tiene el rasgo amargo de la verdad cuando duele y necesita ser cambiada.

Pero Aleida no es solo una mujer negra que nació en 1946 y vive para contarlo. Escucharla con atención es casi obligatorio cuando se quiere aprender un poco de estos temas en Las Tunas. Y es que, además de la intensa experiencia personal que acumula en estos asuntos, los ha estudiado a fondo desde su posición académica. Constituye una destacada profesora universitaria, preside la Cátedra Nicolás Guillén y colabora con la Comisión José Antonio Aponte de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Las Tunas.

HABLAN LOS EXPERTOS

Desde la Fundación Nicolás Guillén se mantienen diseminados por toda la provincia alrededor de 21 proyectos socioculturales con el objetivo de encauzar el diálogo y el aprendizaje sobre estos temas. El año anterior, en plena pandemia de la Covid-19 y con una limitada participación por ese motivo, en esta provincia se realizó el coloquio Presencia negra en la cultura cubana, en el marco de la Jornada por el 20 de Octubre.

Ese día, la apasionada académica Rafaela Macías, doctora de Mérito de la Universidad de Las Tunas, insistió en que el discurso oficial cubano eliminó la desigualdad de los hombres por razas, sexos o cualquier otra razón y existe un sistema de leyes que avala todo eso; sin embargo, sentenció en aquel encuentro, “son las razas una construcción sociocultural.Rafaela Macías

“Este es un tema que muta, se traslada y crece, como la mala yerba. No es posible que el proyecto social cubano llegue adonde tiene que llegar con este asunto pendiente de la discriminación. La raíz africana nuestra tiene su lugar, como todo lo demás”.

Y así mismo lo avalan los estudios de la también doctora en Ciencias María Cristina Hierrezuelo, con una sentencia tan lapidaria como realista: “Venimos de una cultura racista. Cuba y los cubanos somos resultado de ese secular dilema de atrasos y adelantos”.

investigadora racismoElla, investigadora de la Universidad de Oriente, se ha dedicado, por décadas, a ahondar en los procesos migratorios, la mujer esclava y la esclavitud en general y, por eso, conoce a fondo el peso de su afirmación. Otros investigadores, más jóvenes, insisten en ahondar en estos temas desde aristas que incluyen el gran aporte que esas culturas han hecho a Cuba y su presente.

Entre ellos, el licenciado Yoelxy Pilliner López, presidente del Comité de La Ruta del Esclavo en Camagüey y descendiente él mismo de haitianos y jamaiquinos. “Han puesto en función de su desarrollo toda la sapiencia milenaria de los ancestros que se quedaron en Cuba, algunos por necesidad y otros motivados por el amor; pero todos cautivados por el encanto de esta, su segunda casa caribeña”.

Y siempre con tradiciones y costumbres que se han ido aplatanando y, nadie duda, que muchas se mantienen bastante puras a pesar del tiempo transcurrido, porque van de una generación a otra; como la sopa que cada primer día del año su abuela sirve para toda la familia, sin que nadie quede fuera.investigador racismo

Alberto lezcayLo sabe muy bien el artista Alberto Lescay, pintor, escultor, dibujante, presidente de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas. Aunque él prefiere hablar de prejuicios raciales más que de racismo en Cuba y define como “crucial” la obra de la Revolución en los cambios que se han producido a favor de revertir este flagelo.

“Este no es un asunto solo del país, es un problema universal, es un rezago, una herencia, muy difícil de borrar. No tengo noción del tiempo que es preciso para eliminar la idea de que una persona, ya sea por su color de piel o por el origen de su cultura, o por las dos cosas juntas, pueda ser inferior a la otra. Y eso es terrible”.

SÍ, UN PATAKÍ DE LIBERTAD

Aleida Best insiste en que fue la Campaña de Alfabetización un momento crucial dentro de la Revolución Cubana contra el racismo y sus esencias. Ella misma se encontró de pronto siendo la hija negra de los Capote, aquella familia blanca en la que nunca se sintió menos mientras les enseñaba a leer y a escribir.

Sin embargo, eso no significó que el dilema quedara atrás. “Es muy difícil acabar con 400 años de supremacía blanca, mucho más complejo que mover los cimientos de un gran edificio”, dice y, aunque con la lucidez que dan sus siete décadas de vida no le afectan ya esos asuntos en términos estrictamente personales, sí tiene recuerdos de su juventud empañados por episodios de desdén y algunos, incluso, protagonizados hasta por mulatos.

La escucho contarlos en silencio y pienso en experiencias mucho más cercanas en el tiempo y en mis afectos. Algunos cometidos, incluso, desde la misma obra revolucionaria en el intento -asegura la experta- de eliminar situaciones que son evidentemente discriminatorias desde lo fáctico.

“Por ejemplo, a la hora de asumir un cargo y promover a un compañero, debe hacerse por sus condiciones propias de dignidad, honestidad y conocimientos, no por darle un espacio por ser negro. Eso, lejos de ayudar, puede ser peor. Porque entonces la gente dice: lo pusieron por negro y no porque sabe o porque está preparado. De alguna manera eso es un rasgo discriminatorio y hay que combatirlo en todo lugar”.

Los debates alrededor de estos asuntos, si bien resultan intensos y frecuentes en determinados círculos, fundamentalmente académicos e intelectuales, no alcanzan a toda la sociedad de la manera rotunda que se requiere para calar en las formas de asumir la vida.

Hasta en los círculos más prominentes de la intelectualidad encuentras el criterio hiriente dado con sutileza. El mismo que se escucha en la cola de la bodega de forma más brutal, pero que, en cualquier caso, deja al desnudo la marca que nos alcanza desde hace generaciones y tiene espacios y distancias preconcebidas para este o aquel color de piel.

Insistir, explicar, incluir, respetar, son esencias que necesitan entronizarse y, para eso, hay que trabajar más y mejor sobre estos temas. Los expertos, cada uno desde su línea de investigación lo sostienen, “hay racismo en Cuba”, es una marca de 400 años que no ha podido ser borrada en 60 de Revolución y eso es lamentable, pero, al menos, comprensible.

Para conseguir revertir esa verdad se impone sumar y aprender. El camino andado tiene muchas huellas de dolor y el que está delante es espinoso, largo y difícil; pero hay que desnudarlo y andarlo sin tapujos buscando que “la culpa” de lo que somos todos, sea cada vez menos responsabilidad del totí.