Che Maceo

Las Tunas.- Quiso la casualidad que el 14 de junio, con 83 años de diferencia, llegaran a la vida dos hombres excepcionales, marcados por el rigor de las balas y la lucidez del pensamiento. Y, aunque ahora, en medio de una pandemia de salud, los homenajes exigen discreción, es imposible que para los cubanos pase por alto la fecha.

El Titán de Bronce (1845), bautizado así en la manigua, comenzó la guerra de simple soldado y terminó de mayor general. Fue, junto a Máximo Gómez, protagonista de la Invasión a Occidente en la Guerra de 1895. Durante la épica acción recorrió 424 leguas en 90 días, al frente de mil 500 hombres semidesnudos y pobremente armados, con los cuales presentó combate a más de 20 mil soldados españoles. Este hecho suele considerarse como la mayor proeza militar del siglo XIX.

Ernesto Guevara (1928), por su parte, dueño de una voluntad a prueba de balas, descubrió temprano que su lugar estaba con los desposeídos de América. Y a eso, a hacer por ellos, encomendó el rumbo de su destino. La vida lo enroló en la causa de los rebeldes de Fidel Castro; y de médico, llegó a soldado y a comandante barbudo. La reedición de la Invasión a Occidente es prueba cabal de su genio militar.

En estas horas, cuando la Isla libra una batalla campal contra la Covid-19 en todos los frentes, dentro y fuera de fronteras, es imposible no volver la mirada a sus idearios y pensar en cuánto de la gallardía de ambos acompaña a los que habitamos hoy Cuba. Un país que les tiene entre sus paradigmas de justicia y ansias de libertad, y vuelve a ellos la mirada ante cada dilema y sueño. 

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