ana ricardo

A propósito del Día del Trabajador Gráfico, 26 Digital conversó con una de las mujeres que en esta provincia enaltecen la profesión.

Las Tunas.- Ana Ricardo Guerra es una de las mujeres que impulsa el desarrollo de la unidad empresarial de base (UEB) Soygraf Las Tunas, conocida entre los tuneros como poligráfico. Allí dentro, entre el ruido de las máquinas y el olor a tinta y pegamento, encontró desde hace ya tres décadas las motivaciones para cuajar sueños y moldear otros.

Y sí, ella y otros tantos trabajadores de la industria gráfica en Las Tunas no dejan de soñar y buscar soluciones ante las adversidades. La “magia" que ocurre en aquel sitio es también fruto de las inventivas de gente humilde dispuesta a echar para adelante los procesos en medio de las dificultades económicas. Por eso, no faltan las libretas sobre la mesa de los estudiantes y otras producciones de alta demanda.

"En el año 1990 -cuenta- me incorporé a un curso de Impresión Directa que estaban desarrollando por vez primera, en ese entonces poligráfico Alejo Carpentier. Aprendimos a trabajar en las máquinas de impresión directa, una vieja tecnología con la que disponíamos en la entidad. Me gradué con buenos resultados y pasé a operar una máquina que se llamaba grafo de impresión de documentos de papel y cartulinas.

"Nos crecimos y las mujeres que aquí estábamos fuimos las primeras en desempeñarnos en este campo. El proceso de impresión era muy engorroso; se hacían los moldes con las letras; se montaban, amarraban y ponían en las máquinas. En muchas oportunidades esos moldes se aflojaban, caían y debíamos hacerlos de nuevo".

La carencia de materiales y la obsoleta tecnología complejizaban la labor. No obstante, supieron asumir los desafíos que imponía el día a día. "Con la llegada del Periodo Especial tuvimos que reubicarnos en talleres de reproducciones artísticas para no perder los trabajadores calificados en la poligrafía", dice y parece perderse en el recuerdo de aquella dura época, pero colmada de aprendizajes.

"Nosotros, al igual que otras entidades, iniciamos con ese quehacer y en lo particular me tocó trabajar el barro. El propio centro tenía que gestionar el barro y los demás recursos, fabricar los moldes, hacer la pasta de vaciado e innovar, porque no existían las condiciones. Había un universo juvenil bastante grande y sacamos adelante la tarea".

Para Ana Ricardo, que jamás había laborado en esa área, fue empezar de cero. Primero fungió como tornera y con sus manos moldeó búcaros, tinajones y otras producciones. Siempre ávida en conocimientos, aprovechó la oportunidad para pasar otros cursos y logró hacerse decoradora, artesana-ceramista, y ocupar importantes responsabilidades como jefa de brigada y reserva de la jefa de taller.

UN RENACER

Tras esta etapa, varios trabajadores se reincorporan a las producciones gráficas y se retoma la faena en el taller de impresión con una tecnología más avanzada, que permitió mejorar la calidad y la cantidad de las impresiones. Ello también exigió de la preparación del colectivo.

"Comienzo entonces, en la brigada de encuadernación, integrada principalmente por mujeres que dan el acabado. En el 2002 ocupo una plaza de especialista de Defensa y en el 2004 asumo la tarea de Protección. Más tarde cambia la denominación de la plaza a especialista de Protección Física y responsable de Defensa y Defensa Civil. A partir de abril del actual calendario paso a especialista en Gestión Documental".

Ana enaltece a la mujer tunera. Se le ha visto dar el paso al frente sin titubeos, llenando sus calendarios de superaciones. En su hoja laboral también constan reconocimientos por su participación en los eventos de Fórum de Ciencia y Técnica y de Mujeres Creadoras.

"Gracias al movimiento de innovadores, ostentamos la Condición de Vanguardia Nacional por 14 años consecutivos. Esa incansable actividad creadora ha permitido el funcionamiento de las máquinas y cumplimiento de los planes, pues el equipamiento gráfico todavía es obsoleto".

Durante estos meses de contingencia sanitaria por la Covid-19, en la unidad se reajustó la plantilla y 30 trabajadores tuvieron que asumir las tareas de los diferentes departamentos. Todo ello, asegura, bajo el estricto control de las medidas higiénicas para evitar la propagación de la enfermedad.

Habla con gran orgullo de este sitio que la ha visto crecer como profesional y también como ser humano. Saberse útil es el incentivo que la hace despertar cada mañana con las energías de los primeros años. Entonces, asoma una necesaria interrogante: ¿cuánto le debe a esta industria?

"Le debo gran parte de mi existencia. En esta entidad que tanto amo he logrado superarme; me hice técnico medio en Recurso Laborales y después licenciada en Derecho, además de todos los saberes adquiridos en los diferentes cursos. Siento mucho que ya se acerque la hora de la jubilación, porque la poligrafía es mi vida". 

 

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