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Las Tunas.-Ya esta disponible en el sitio web del Ministerio de Justicia (https://www.minjus.gob.cu/es) y en otras plataformas la versión 22 del anteproyecto del nuevo Código de Familia, y también otros dos documentos. Uno, con un glosario de términos imprescindibles para quienes nos acercamos a estos temas sin un amplio conocimiento de fondo y, el otro, una especie de nota introductoria que incluye reflexiones, antecedentes de este proceso y una exposición en torno a los aspectos más novedosos de esta revolucionaria propuesta.

Tal publicación es el primer paso del largo camino que comienza ahora y que, como se ha explicado, llevará a referendo este anteproyecto, después del consentimiento de la Asamblea Nacional. Esa consulta popular, que transcurrirá tras el debate a fondo de sus 483 artículos y 11 títulos, es la que tendrá, indudablemente, la última palabra sobre su aprobación definitiva o no.

A ella debemos llegar todos desde nuestras propias cavilaciones, basadas en el entendimiento profundo de las transformaciones que propone para la sociedad, y no en saberes expuestos desde las voces de otros y agarrados, como dicen las abuelitas, “con alfileres”.

En eso ya insisten los expertos. Es un nuevo código para las familias cubanas; uno, confeccionado desde conocimientos diversos y absolutamente coherentes con el proyecto constitucional del país y el espíritu de su ordenamiento jurídico. No es, para nada, un texto con la pretensión de dar derechos a unos a costa de quitárselos a otros. La esencia es que, cada día, la sociedad se encauce desde pilares de democracia y participación.

Temas como el matrimonio igualitario transversalizan todo el contenido, eso han explicado los más de 30 compañeros que han formado parte de la confección (se han insertado académicos, juristas y expertos de muchas aristas de las Ciencias Sociales). Pero no es ese el único asunto que muestra cambios notables en esta actualización.

El proyecto pretende fortalecer el espacio afectivo en el ámbito familiar para que términos como madrastra, padrastro y abuelos, por ejemplo, tengan mayor alcance legal en nuestras vidas; la patria potestad ahora sería la “responsabilidad parental”, porque padre y madre andarían al mismo nivel, en una relación horizontal en la que el patriarcado quedaría en un plano menor.

El documento aspira, entre disímiles metas, a que la familia sea la responsable del cuidado de todos sus miembros, sin excusa; para que dejen de ser asunto solo del Estado cubano los abuelitos que dieron mucho y algunos hijos olvidan, o los discapacitados que no tienen la atención que merecen de sus afectos primeros.

Abarca tópicos novedosos en nuestro entorno legal como la gestación solidaria, siempre con una orden judicial; artículos dirigidos a la lucha contra la violencia en los hogares con consecuencias fácticas para los que dañen a niños y adolescentes, y hasta anuncia la creación de una defensoría familiar con esos fines.

Estas son algunas de las ideas que se materializan. Un texto que igualmente habla de la pensión a los hijos, de adopción, la multiparentalidad y otros numerosos campos. Porque es así de compleja la vida y nuestras leyes tienen que reflejar lo que somos.

Por supuesto, es una propuesta muy revolucionaria en comparación con el código vigente, que data de 1975. Y le toca lidiar con el poco conocimiento jurídico que tenemos los cubanos, con el arraigo de una cultura patriarcal más viva de lo que algunos se atreven a reconocer siquiera; con ideas religiosas sumamente conservadoras que laten tras muchas puertas, herméticas; y hasta con la visión social de la familia escalonada, vertical, con relaciones prestablecidas, que tanto daño hace a cualquier idea distinta que se quiera abrir paso.

Por eso, y volviendo a las primeras líneas de este texto, lo invito a leer. Invierta unos megas en acceder a la página del Ministerio de Justicia y lea, no deje que nadie le cuente. El Código de Familia es de todos y cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de sacar sus propias conclusiones.