Martes, 14 Febrero 2017 18:13

El "abuelo" de hierro

Escrito por Graciela Guerrero Garay
El "abuelo" de hierro Foto: Virginia Flores

Corre con la misma agilidad de hace casi 27 años, cuando marcó la novedad de la ciudad, aunque no ande con colores nuevos ni rompa el silencio con los interrumpidos pitazos que simularon entonces fuegos artificiales, en medio de un Período Especial en el cual el transporte público comenzó a tragárselo la telaraña de las carencias y los ómnibus locales desaparecían poco a poco.

Es un "abuelo" de hierro inconfundible, cuyo caminar sobre rieles en los lejanos 90 del pasado siglo lo convirtieron en el primer tren urbano de Las Tunas y el único de Cuba. Desde entonces, con muchos esfuerzos e innovaciones para mantenerlo, lo esperan como el primer día cientos de obreros, estudiantes y lugareños.
Hasta hoy retiene la "medalla" de ser el único de su tipo en la Isla y recorre unos 12 kilómetros, en un recorrido que beneficia y acerca a los viajeros a los barrios periféricos, así como a centros de trabajos y estudios distantes del polo capitalino, una alternativa bien recibida dadas las características suburbanas de la localidad y no estar creadas las condiciones geo–sociales que permitan llevar a la par el desarrollo integral de esas zonas.
Por ello, seguramente, esas mañanas que algún desperfecto técnico le impide llegar a la parada con el pitazo de los "buenos días", la gente se desanima ante los contratiempos que les trae su ausencia, y salen a buscar los porqué del hecho y reclaman la solución que facilite cumplir los itinerarios del viaje imprescindible.
La grandilocuencia de Yamilé Ramírez puede resumirlo todo: "¿El trencito?, cuando falta yo me muero. Su recorrido no lo hace ninguna guagua. Imagínese que yo trabajo en la zona industrial y lo cojo delante de mi casa, y me desmonto en la puerta de la fábrica."
Considerado quizás el transporte más barato del mundo – cuesta solo 20 centavos en moneda nacional-, este carro automotor urbano debe rondar o superar los cinco millones de personas transportadas en sus años de bordear la ciudad con la música propia de un centenario de hierro, todo un personaje a quien no dudaría darle el sello simbólico de hijo ilustre de este Balcón, pues bien lo merece y gana cuando el sol apenas es una pelota de vida tibia en el horizonte.
Ahora mismo, entre los cantos de los gallos y los tuneros que se mueven a buscarle las piezas al rompecabezas cotidiano, llega él, pitando y haciendo posible que miles de tuneros vayan a estudiar y trabajar... y eso, cada mañana, es parte de los detalles que ennoblecen la existencia y denotan el anónimo sudor de los más que hacen historia. Una historia invisible a los diarios porque vive justo en el corazón de la gente común.

Visto 602 veces

Escriba su comentario

Post comentado como Invitado

0
  • No comments found