De vez en cuando se dejan escuchar esos suspiros de añoranza entre los que peinan canas, quienes también reconocen los sinsabores de la industria de la gramínea antes del 59.
La fecha que marca los destinos actuales de esta comarca es el 30 de diciembre de 1958, cuando al fin, después de algunos intentos, las tropas rebeldes tomaron el entonces pequeño poblado y cambiaron un modo de vida subordinado a la pobreza, la insalubridad, el desamparo social, el analfabetismo...
Dice Pedro Sevilla, historiador de barrio de la zona de Sao Corojo, que "sí, había mucha comida, era la época de la abundancia, pero solo para los que contaban con un salario estable, el resto teníamos que rompernos el pellejo y estar endeudados casi el año completo para poder comer".
"El pobre valía menos que un perro", cuenta Celia Margarita Ortega Salgado, quien no olvida las veces que vio a la gente de su vecindario, en "40 Pesos", tragar en seco cuando el patrón daba una orden. "Fíjese. Para pasar por el camino había que pedirle permiso, y cuidado con cruzar una cerca para buscar un animal escapado de la casa, lo cogían y lo mataban, así de simple".
Todo eso cambió después del 30 diciembre. Poco a poco tales rezagos se fueron despegando de este pueblo con fuertes cimientos en la tradición azucarera, y 60 años después los pobladores aquí cuentan con 52 centros asistenciales de Salud e indicadores que pueden compararse con los del llamado Primer Mundo.
Dicen que antes del Triunfo de la Revolución no pasaban de una decena las escuelas primarias repartidas por el territorio y muy pocos niños en edad escolar asistían a clases, pues tenían que irse a cortar caña o buscarse la vida en cualquier labor agrícola. Hoy, en la mayoría de los asentamientos rurales hay instituciones docentes, suman 73 en el municipio, con excelentes condiciones y los medios necesarios para que unos mil 600 maestros puedan educar con calidad a casi seis mil estudiantes de todas las enseñanzas.
El cambio en la estructura económica a partir de la necesidad de paralizar el ingenio, trajo consigo primero una etapa de readaptación; luego, la diversificación del quehacer productivo, impulsando el sector agropecuario hasta convertirse en el principal sostén. En tal sentido, hay notables resultados en la entrega de leche y carne vacuna, mientras en la zona norte con las inversiones en el polo Melanio Ortiz han recuperado la siembra de plátano y otros cultivos de manera sistemática.
A la par se nota un despegue en la fabricación de carbón vegetal, con un promedio de entre cuatro mil y cinco mil toneladas por año, incluyendo a las entidades implicadas en la comercialización de dicho rubro exportable. Aquí se ubica la mayor planta de procesamiento del país, y es precisamente este municipio el que más materia prima aporta.
Otro de los centros con excelentes logros es la unidad empresarial de base Lázaro Peña, que en el 2018 volvió a ser la mejor tabaquería de producción nacional de Las Tunas y concretó más de nueve millones de puros de reconocida calidad, lo que significa además, un excelente respaldo al presupuesto local.
Casualmente, este 30 de diciembre la emisora Radio Cabaniguán cumple una década de vida. Ha sido voz de cuánto acontece, fiel compañera de quienes prefieren la recreación en casa y se erige promotora cultural para el desarrollo.
Entre impulsos, prioridades, rezagos, oportunidades y retos, a 60 años de la victoria definitiva, sigue ahí en pie el Jobabo de siempre, de gente humilde y entusiasta, con una mayoría de edad que deja el buen sabor de la experiencia para seguir construyendo los cimientos de nuestras raíces.


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