Jueves, 04 Abril 2019 07:09

Juventud cubana: el futuro, hoy

Escrito por Yuset Puig Pupo y Esther De la Cruz Castillejo

Las Tunas.- Hoy jueves fue lanzada desde Birán, Holguín, la convocatoria al XI Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). Suceso de gran simbolismo para los cubanos porque, desde la cuna de Fidel Castro, la vanguardia política de la juventud en el país anunció la decisión de realizar un cónclave que es apego al futuro de la Revolución.

26 Digital se suma a estos acontecimientos, que arropan el aniversario 57 de la UJC y el 58 de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM). Y lo hace desde las historias de algunos tuneros bisoños. Ojalá la suya esté reflejada aquí. Son muchachas y muchachos que desde este pedazo del país fundan, crecen y salen adelante. Eso es también defender a Cuba, luchar por sus esencias y construir el mañana.

I

Alberto Reyes llegó al Ipvce Luis Urquiza Jorge sin muchas pretensiones. Tenía la mirada aún dispersa entre la bruma de la adolescencia y los atisbos de atreverse a pensar con seriedad en el futuro. Era un muchacho excepcional, pero él no se enteraba, como el resto de las cabezas revueltas que desde los mismos salones compartían lecciones de los estudios y la vida.

Venía desde la secundaria 2 de Diciembre en Manatí. Era irreverente y osado, una combinación no muy alentadora para un estudiante. Estaba como detenido, a la espera de alguna motivación adicional porque, definitivamente, su atención se escurría con frecuencia del aula.

En algún punto sucedió la metamorfosis. Nunca había tocado una computadora, que en aquel momento eran como una rara avis. Tampoco había escuchado siquiera hablar de Programación. Aun así hubo un flechazo. Quedó imbuido por los lenguajes operacionales y su cabeza se reajustó en números binarios.

Le costó nuevos hábitos. Las noches las pasaba insomne en el laboratorio de Computación y por el día dormitaba en la mesa. Enseguida sorprendió con frutos en los concursos nacionales, un logro sin precedente hasta entonces en dicha materia en la vocacional. Terminó su duodécimo grado en la preselección nacional, en la "Lenin", y recibió como premio la posibilidad de estudiar cualquier carrera. Él se decidió por Cibernética.

El muchachito humilde que salió de Manatí no ha dejado de sorprender. Ahora gasta la mayoría de sus noches tras un monitor, realiza una maestría en Brasil, y no cesa de programar. Bromea sobre el hecho de que ya no tiene pelos en la cabeza, pero la realidad virtual le ha ganado con creces a su cotidianidad. En ese, su medio natural, Alberto es un joven que quiere explotar al máximo sus potencialidades.

II

Ali es como la mayoría de las niñas de su edad. Le gusta llevar el pelo muy largo, con queratina, ropa fashion y muchos adornos. Le encanta la música y sigue a sus ídolos como Ariana Grande y Camila Cabello, aunque también asegura que se divierte con los ritmos de casa.

A pesar de sus inclinaciones por el arte, ella quiere ser doctora. De ahí que se esfuerza por entender cada lección en el aula y repasar un poquito en las noches. No es que no converse con sus amigas ni deje de soñar con ir a quinces o fiestecitas, pero el pacto con los estudios resulta inviolable.

Sus padres intentan complacerla en casi todo, aunque ella, sabichosa, asegura que no nació en cuna de oro y le toca "conformarse con lo que hay". Desde pequeña le enseñaron que la única forma de mejorar es superarse y tener una profesión, aunque la realidad siempre ofrezca caminos más fáciles. Su meta próxima es ingresar en el Ipvce.

Aliani Díaz ha puesto sus ojos desde ya en el futuro sin dejar de ser niña. Comenta que le gustaría ser pediatra, aunque no lo tiene claro ahora. Parece una mujercita pequeña que se robó toda la cordura. Y aún con la falda ajustada y el moño muy alto, de su mirada trasluce el acertado empeño de "querer ser alguien en la vida".

III

productores-cabras4No es la primera vez que este Semanario desanda tras los quehaceres de Alberto Santana, allá por Laguna Blanca, en el municipio de Jesús Menéndez. Este muchacho de 23 años es junto a sus padres, de los mayores productores de cabra en la provincia.

Alberto es demasiado inquieto como para permanecer tras la sombra de su papá. Se ha trazado un oficio y tiene su propio pedazo de tierra, porque en el suelo fértil que ha labrado, con mucho sacrificio, germina a las mil maravillas cualquier nuevo emprendimiento.

Cuando decidió abandonar la carrera de Veterinaria, sus padres pusieron el grito en el cielo. Pero el campesino imberbe no entró en razón. Sus ideas no eran colgar las botas, sino reencaminarse. El Programa de Innovación Agrícola Local (PIAL) de la Universidad de Las Tunas entró a su finca y terminó por cambiarle la vida. Asegura que el proyecto le enseñó a conocer de verdad a sus animales, le dio un oficio y le mostró sus potencialidades como inseminador.

Él es un muchacho locuaz y emprendedor. Tuvo la posibilidad de participar en un intercambio que se desarrolló en Murcia, España. Ahí entendió lo que puede lograr con un buen rebaño de cabras y apenas regresó, empezó a aplicar lo aprendido. De más está decir que en su finca se multiplicaron las ganancias.

Los saberes de la Universidad hicieron magia en Alberto. A estas alturas en la hacienda cuentan con un rebaño mejorado genéticamente y cambian el semental en cada almanaque. El orgullo del mozuelo es que ellos venden pie de crías a todo el oriente del país y sus nubias gozan de mucha popularidad.

Este jovencito se formó como inseminador y ya tiene docenas de vacas gestadas para dar fe de su buena praxis. Es también el responsable de cuatro hectáreas de tierra destinadas a la siembra de plantas proteicas como morera, moringa y king grass. Entiende poco de fiestas y diversión, a pesar de su corta edad. Se considera un enamorado de la vida de campo y el manejo de los animales.

IV

Thalía terminó el Preuniversitario con notas excepcionales. El alegrón familiar fue tremendo y los anuncios de una fiesta "para tirar la casa por la ventana" comenzaron a volverse serios. Solo que los planes de la nueva bachiller de la familia contrastaron, abiertamente, con las aspiraciones filiales.

La "niña" no quería vestir de doctora, periodista o ingeniera, ella soñaba, sencillamente, con empezar a trabajar. Tras días de lágrimas, reflexiones, súplicas y hasta amenazas, no quedó otra salida que respetar la primera gran decisión de toda su existencia.

Han pasado cinco años. Un curso de habilitación resultó la puerta al camino de la vida y lo ha desandado, sin cortapisas, determinada. Está cursando el segundo año de la Universidad desde su puesto de obrera; conoce el amor, los sustos, la cola del pollo y ya pocos encuentran en ella a la muchachita terca que un día les pareció.

Avisó, hace poco, que quiere ser mamá. Lo dijo sin alharacas y con el brillo en la mirada de quien se sabe capaz, a fuerza de empeño, de conquistarlo todo. Thalía es, nadie lo dude, una mujer feliz.

V

María Karla decidió ser artista desde que era muy niña. En el barrio se le recuerda de rumbera, en el cuerpo de baile de los Pequeños Zabala, pletórica. Igual era habitual su presencia siempre que hacía falta declamar el poema más lindo del mundo en un acto o acompañar a los padres a las amenas fiestas de su bulliciosa familia.

A la escuela profesional de arte El Cucalambé llegó, un día, tocando el oboe y todos supimos entonces que estaba en el sitio correcto. Durante su tiempo de estudios no paró de correr. Lo mismo entre partituras, que en los repasos de los fines de semana, en ciertas piyamadas y hasta en intentos colectivos de tocar esta o aquella pieza clásica en los recreos; claro, siempre pensando en concretar desde el aula un buen grupo musical.

Tanta letra no logró que dejara de pelear con la hermanita pequeña (que ahora sigue sus pasos), pero nadie se metió demasiado en esas "cosas de muchachos"; la música, el camino, el futuro que se construye a pulso siempre ha sido lo más importante.

Logró notas brillantes en el pase de nivel, por eso más de un vecino melindroso le perdonó la algarabía de la llegada colectiva. Porque no regresó sola. Se trajo a la casa lo mismo a sus profesores que a sus compañeros de grupo y bailaron hasta tarde. Daba igual que sonara Cimafunk o Havana D´Primera.

Ahora se apresta a subir nuevos peldaños en la ruta de tan exigente profesión. Comprende que este ha sido, apenas, el primer andar de un largo sendero. Sin embargo, se sabe fuerte. Al que lo dude le apunta que ella cuenta con la familia, la edad, los amores, y muchas, pero muchas, ganas de salir adelante.

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