Ellos están ubicados en los ocho puntos más concurridos de la cabecera territorial durante seis días a la semana y, tal cual confirmó su coordinador Luis Caballero Collazo, en los últimos tiempos han notado un incremento en la colaboración de los vehículos de otras instituciones del Estado en detenerse en las paradas.
Caballero Collazo insiste en que al hacerlo no solo están ayudando al prójimo, también cumplen con la todavía vigente Resolución 435 del 2002 del Ministerio del Transporte que establece la obligatoriedad de recoger pasajeros por los conductores de los autos y vehículos ligeros estatales. De igual modo deben comportarse los choferes de los ómnibus del transporte obrero y escolares al regreso de sus viajes habituales o cuando circulen vacíos. “Hay algunos cabezones que hacen caso omiso a nuestras señales y no paran. Por eso participamos todos los martes en una reunión con el Gobierno y la dirección de Transporte para ventilar esos casos”, asegura.
Solo en mayo el equivalente a toda la población de la ciudad de Las Tunas encontró lugar en algún vehículo gracias a la labor de los inspectores quienes tienen muchas cosas que decir. El propio Luis hace la primera alerta específicamente sobre quienes evaden los puntos de transportación: “Eso ocurre mucho en la salida hacia Camagüey. Toman rutas alternativas para no pasar por donde estamos. Montan pasajeros en lugares peligrosos como cruces de la línea del ferrocarril y eso puede provocar accidentes; o sobrecargan los vehículos y después nos culpan”.
¿JURA DECIR LA VERDAD?
Lidiar con la creciente ofuscación de las multitudes hace que los IPT deban acudir a la paciencia de psicólogo para conservar la cordura, confiesa Leonardo Ruiz Quiñones quien ejerce en la parada aledaña al Hospital General Docente Doctor Ernesto Guevara de la Serna. Allí no importa que uno o varios ómnibus “limpien” la acera de viajeros si al instante la gente aparece como por arte de magia. “Quisiera llamar a los choferes a que se concienticen de que estamos para ayudar. Lo mismo vale para las demás personas; que tengan más disciplina a la hora de subir a la guagua y, ¡muy importante!, que cumplan con el deber de abonar los 20 centavos. Ese es el pago por este servicio. Muchos se niegan y ahí va nuestro salario”, señala Leonardo.
Por momentos es como si se multiplicara, cuando se juntan dos vehículos, voceando los destinos: “¡Ferrocarril, el Tanque, Los Pinos por la ´7´; Pediátrico y Guevara por la ´1´!”. La voz de Iván Carmenate es ya conocida por los transeúntes y usuarios de la parada, ahora ubicada justo frente a la sede de la Central de Trabajadores de Cuba, la más concurrida del centro histórico tunero.
“A menudo, cuenta, quien viene al frente del carro te trata en mala forma. ´Estoy trabajando, apúrate´, nos dicen. Como si les molestara ayudar a los demás. No tienen en cuenta que cuando ellos se van somos nosotros quienes nos quedamos dando la cara frente al malestar que eso causa en las personas”.
Desde su puesto en el punto de transportación masiva en la salida hacia Puerto Padre, Euridice Batista expresa otra preocupación colectiva con respecto a los choferes que falsean los datos de sus hojas de ruta para no cargar personas. “Otros, comenta, te hacen una seña de que van hasta Río Potrero y luego con los mismos pasajeros que abordan otro carro nos enteramos que en realidad iban mucho más lejos”.
Roberto Góngora labora en la parada frente al Tanque de Buena Vista. Él subraya que la Resolución 435 es clara: el vehículo debe detenerse sin importar su destino: “Porque a veces nos dicen, por ejemplo: voy hasta Bonachea. ¿Y ellos saben si en la parada hay alguien que va justamente a ese sitio? O nos engañan diciendo que van a habilitar y luego no los ves regresar, ¿y entonces?”.
Es lícito aspirar a que en algún momento no sean necesarios los inspectores populares. No tanto porque el país llegue a tener un sistema de transporte público lo suficientemente robusto (lo cual no ocurrirá en el futuro cercano), sino por otro factor más duradero quizás. Esa solidaridad que no depende tanto de cuan lleno esté el depósito de combustible.


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