Lunes, 16 Septiembre 2019 06:31

De los inicios en la escuela y nosotros, los padres primerizos

Escrito por Yuset Puig Pupo
De los inicios en la escuela y nosotros, los padres primerizos ReyLópez

Las Tunas.- Mi niño se hace grande. Se despide desde la formación y yo sonrío. Veo la hilera uniformada, con el atavío de mochilas y loncheras caminar hasta el aula. Me fijo por la persiana y está sentado en su puesto, ya con el lápiz entre las manos. Él se queda conforme, pero a mí, allá bien adentro y casi visible, se me estruja el alma por dejarlo. Extraño el círculo infantil. El seminternado Jesús Argüelles me resulta, definitivamente inmenso...

La semana inicial robó de cuajo toda mi atención. No logré pensar en otra cosa. Como complemento para el primer grado cada niño debe entregar: cojín, delantal, sufridera (especie de superficie para modelar la plastilina), paño de mano, bolsa para guardar los materiales, cepillo de dientes, peine, marcadores, juguetes, otros medios didácticos e incluso, un catre que permita dormir la siesta.

Para las madres como yo, que no cuentan con el mínimo entendimiento de las manualidades y se pelean con la creatividad de vez en vez, esta menuda exigencia puede convertirse en un gran reto. ¿De dónde sacar en poco tiempo cojín, delantal, sufridera, si una no tiene los medios para confeccionar estos artículos y tampoco hay tiendas que los oferten?

Estuve repasando la lista en mi cabeza cual película, tachando lo asequible. Una madrugada, a eso de las 4:00, abrí los ojos de golpe y juro que en lo único en que conseguía pensar era cómo obtener un catre. Ya había averiguado que en ocasiones venden los forros en los mercados industriales, pero el andamiaje de tubo o madera es una gestión aparte y de esas que no se logran muy rápido, o al menos, no siempre.

A la mañana siguiente me levanté muy alarmada y llegué a considerar que estaba exagerando, pero quiso la suerte que hablara con algunos padres del tema. Y definitivamente descubrí que muchos otros compartían mi preocupación: impone estrés conseguir forros para los libros, nailon, pegamento, presillas y por supuesto, el resto de las cosas que piden en las escuelas cuando no está habilitado un lugar para hacer tales compras. Ni hablar de los catres, que en mi modesta opinión deberían ser medios básicos de cada centro.

No son pocas las cuestiones por hacer. Toca además, pintar las aulas en las que estarán  nuestros niños, crear un ambiente agradable que facilite el aprendizaje, mejorar la iluminación que en algunos locales, como el de mi hijo, es pésima, en fin, la escuela requiere del empeño de la familia.

En conversaciones de pasillos supe, afortunadamente, que particulares se dedican a vender casi la totalidad de los artículos para las actividades extraescolares. Y aunque no es barato, al menos es una opción viable. Aprendí que, como suele suceder, la gente se ayuda y una termina por tachar cada encargo de la "dichosa lista".

El inicio del curso escolar constituye un cambio importante para las rutinas de cualquier hogar que guarde un infante. Para los que desandan por primera vez en un colegio, o ascienden en la enseñanza, es mucho más complejo el proceso. Y aunque quienes lo viven en carne propia son los estudiantes, seamos realistas, la mayoría de los padres enfrentamos la etapa con más tensiones que cuando estábamos sentados en los pupitres.

Ufff, es las 6:40 am, otra vez. Apenas alcanzo a desactivar la alarma. Corro hacia la cocina, preparo desayuno y meriendas, guardo el pomo de hielo, dejo lista la lonchera y entonces a lidiar con el uniforme escolar. Casi una hora después vamos camino a la escuela. Le pregunto a Eduardo sobre las lecciones diarias y las asignaturas, lo más importante, y que una pierde de vista por el ajetreo de lo material. Él, como siempre, parece más tranquilo que yo. Mi niño se me está haciendo grande...

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