Eso de sentirse el centro de la atención debe haber sido la razón por la que Luisi repetía invariablemente la misma rutina después de las clases. No contó el infante con que su "hazaña" llegara a boca de la maestra y su mamá sufriera la vergüenza de ser requerida en frente de los otros padres al escuchar que su hijo era catalogado como un "fumador empedernido" y solo cursaba el quinto grado de la Enseñanza Primaria.
Luisi tal vez solo pretendía hacerse notar por alguna niña y no encontró otra manera de hacerlo. En los albores de la vida es bien difícil tomar las decisiones acertadas, pero lo cierto es que en nuestro entorno, por diversos motivos, las personas se acercan al tabaquismo en edades cada vez más tempranas.
Para muchos, el hábito de fumar en un niño de Primaria puede ser visto como algo muy fuera de lo común, pero según los especialistas, este comportamiento tiene su raíz en el propio desenvolvimiento de nuestra sociedad. Los límites entre la niñez y la adolescencia se trastocan. Los más pequeños imitan a los jovencitos (hermanos, primos, vecinos) y también se encuentran desafiando lo prohibido porque lo asocian con comportarse como adultos, o hacerse valer.
Los varoncitos son los primeros en llevarse los cigarrillos a los labios. En su cabeza sí funciona el cliché de los videos musicales y las películas en las que el protagonista aparece ataviado en humo y alcohol. O más cercano aún, ellos observan cómo muchos adolescentes fuman y eso los vuelve popular entre las chicas.
Los padres tienen el gran reto de enseñarles a sus hijos a discernir la realidad de las falacias consumistas, y ayudarles a edificar una autoestima sólida, basada en su individualidad, con sus fortalezas, en la que no sea necesario imitar conductas peligrosas para encajar en un grupo o ganarse el respeto.
Es vital educar con el ejemplo, y mantener el hogar libre del humo. Muchos de los adultos que requieren a los más pequeños por encender cigarrillos a escondidas, hipócritamente inhalan el humo frente a ellos.
Luisi no es de ninguna manera un niño atípico o una oveja descarriada. De seguro, en lo adelante sus padres estarán mucho más pendientes de él y las "cosas" que lleva a la escuela. La sabiduría popular alerta acerca de que hay que dejar que los hijos recorran sus propios caminos, pero me atrevo a decir que sin la supervisión de los adultos lo que comienza como un juego puede convertirse en un vicio, y de los más peligrosos.
Preparar a los niños y jóvenes para el futuro no es cosa sencilla. No solo se trata de procurarles la mejor ropa y los zapatos más caros. Es necesario plantearse largas charlas, sin ofensas, ni amenazas. Mostrarles, por ejemplo, que el tabaquismo y otros hábitos tóxicos no son atractivos, sino perjudiciales para la salud y, definitivamente mortales.






















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