Gladys cambió completamente después del parto. Por cualquier cuestión se vuelve un manojo de llantos y en pocos minutos se torna malhumorada, irritable y muy agresiva. Es como si el sueño y el apetito se hubieran borrado de su universo, aun cuando la pequeña criaturita le exige fuerzas en cada jornada. Cuando mira a su hija la siente cada vez más ajena.
Luis tiene la percepción de vivir arrinconado. Desde que enfrentó la jubilación se agotaron sus bríos. Se pasa la mayoría el tiempo imbuido en el delirio de tener enfermedades de todo tipo, obsesiones absurdas. Despierta a mitad de la noche con sudoraciones, y en más de una ocasión ha pensado seriamente en la idea de poner fin a su existencia.
Jonathan, Gladys y Luis no han perdido el juicio. Son personas que por condiciones muy puntuales han sido presa de la depresión, un fenómeno muy común en todas las sociedades y que pocas veces se visibiliza como una enfermedad que debe ser curada.
Los síntomas muchas veces pasan desapercibidos en el espacio familiar. Este estado de la mente puede ser leve, moderado o agudo, y se expresa a través de manifestaciones como la baja autoestima, el desgano, el pensamiento negativo y la falta de energía. El desentendimiento de esta enfermedad es la principal causa de muerte en los jóvenes entre 15 y 29 años.
La mayoría de las personas demeritan a los que están deprimidos, asumen su condición como flojera o falta de carácter. Y esto conlleva a que las "víctimas" cada vez se animen menos a hablar de sus padecimientos.
Este fenómeno no discrimina, puede afectar a cualquier ser humano, pero están más expuestos a padecerlo los que lidian con carencias materiales, estrecheces, pérdidas, las mujeres en etapa post parto y los adultos mayores cuyas capacidades se ven disminuidas y quedan aislados socialmente.
Para afrontar las secuelas de este padecer es necesario acudir a las instituciones de salud en busca de ayuda médica. Terapias de grupo, tratamiento y diálogos afectivos, o fármacos, según se requiera, pueden devolver a cualquier mirada los colores perdidos. La fuerza revitalizadora de la familia es también un bálsamo contra este mal.
Recientemente fue dedicado el Día Mundial de la Salud a este flagelo cuyos alcances son cada vez mayores. Y las instituciones cubanas afrontan el reto de identificar precozmente a las personas con signos y síntomas de la enfermedad, promover habilidades para la vida y fuentes de apoyo para prevenir, y tratar la enfermedad.
La depresión es una de las mayores causas de incapacidad en el trabajo, en el hogar, en la pareja, en la sociedad... No es de ninguna manera un mal menor. La persona enferma padece una tristeza patológica que eclipsa por completo su percepción del mundo. Una mano extendida puede acercar las distancias entre su apatía, y las razones por las que vale la pena vivir a plenitud.
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