Miércoles, 24 Mayo 2017 06:57

Cuando llega la adolescencia

Escrito por Misleydis González Ávila

A Fernando lo conocí poco tiempo después de haber cumplido sus 11 años y apenas conseguía sacarle las palabras. Ya han pasado tres calendarios desde aquel primer encuentro y Fernan ya no es aquel pequeño que le costaba mirar de frente; ahora siente seguridad y orgulloso de su apariencia física. Ya "encaja" en el grupo, es popular, lleva puesto jeans ceñidos al cuerpo, y no duda en refutar los consejos de los padres. Se siente todo un hombre capaz de tomar sus propias decisiones.

Y es que la adolescencia es una etapa compleja de la vida, donde suceden cambios psicológicos y físicos; ni si es niño ni adulto. Padres e hijos se ven en la obligación de modificar sus conductas, la autonomía y dependencia, los roles habituales y muchos otros aspectos en las relaciones intrafamiliares.
En este periodo el joven busca establecer un nuevo equilibrio, conquistar su personalidad y entra en una crisis de emancipación. Con mucha frecuencia intenta oponerse a los criterios de los mayores e imponer los suyos, ya no quieren formar parte del mundo de los niños y menos ser tratados como tal. Es muy común que se comporten como si tuvieran más edad, regresen tarde a casa, mantengan relaciones afectivas con jóvenes mayores y comiencen a experimentar nuevas cosas.
La familia como institución social responsable de enseñar valores, principios, normas y hábitos al ser humano desde su nacimiento, tiene la obligación de tomar cartas en el asunto y actuar en correspondencia con las circunstancias específicas desenvueltas en su hogar.
Los cambios que acontecen en la estructura familiar, tales como enfermedades, crisis de la mediana edad, divorcios, repercuten de forma negativa en el desempeño de las y los adolescentes. De manera que si su hijo permanece retraído o manifiesta conductas inadecuadas, quizás la respuesta no solo se halle en las transformaciones propias de la edad, sino también en los problemas familiares.
Por otra parte existen muchos padres que tratan de retrasar el desarrollo de su hijo, los llamados sobreprotectores, pues les duele aceptar que su pequeño ya está creciendo y sienten pérdida del control sobre ellos. En muchos de estos casos se construye un muro de desconfianza y el adolescente siente temor a compartir sus intimidades y nuevas necesidades.
Otros padres, por el contrario, les exigen a los chicos comportamientos de adultos. Adaptarse a la "modernidad" de estos tiempos, no significa soltar las riendas y dejar actuar al adolescente al libre albedrío; por el contrario, es preciso velar por ellos, sin imponer opiniones y mucho menos obligarlos a adoptar determinada posición.
Recordemos que este período es algo novelesco colmado de romanticismo y se necesita de la orientación de las personas más cercanas. Cuando el joven se siente perdido puede incluso atentar contra su propia vida; los motivos pueden ser muchos, algunos más complejos que otros: embarazos, rechazo de sus compañeros, inclinaciones homosexuales, etc.
Vivimos a un ritmo que muchas veces no nos deja espacio para mirar a nuestro alrededor. Seamos conscientes de la responsabilidad que nos toca y mostrémosles a los hijos con amor el camino a seguir. Esos años tormentosos pasarán y en el mañana y ellos no solo nos agradecerán la paciencia y dedicación, sino que nos devolverán un afecto duplicado e inculcarán el legado a sus descendientes.

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