Marlon prefiere los barcos, pero solo desde lejos. Los mira y le encantan las formas en el agua. Aún es pequeño y cuando papi intenta subirlo a bordo se deshace en gritos, y vuelve a observar en la distancia. Privilegia el regazo paterno mientras hunde las manecitas en un paquete de pellys.
A Roxana es difícil dejar de mirarla. Se contonea con cualquier ritmo y hace unos ademanes que provoca expresiones de asombro entre sus espectadores. Usa gafas, sombrero y rizos muy rubios. Un círculo de público la ve bailar y ella se esmera con la desenvoltura propia de cualquier artista.
Daniel pega su rostro a la jaula de los monos. Le advierten que no meta las manos, pero no hace caso. Cuando aparece un pequeño primate en libertad se lanza sobre él con tal firmeza que el simio sale disparado, dando chillidos de pánico y las personas estallan en carcajadas.
Muchas otras risas y perretas escuchamos por doquier. Los protagonistas son de baja estatura y de grandes caprichos. Se transfiguran en el Parque de Diversiones y en el Zoológico, lugares que gozan de la mayor popularidad en el verano. Allí las ofertas buscan la complacencia de los que saben querer.
La tarea no es cosa fácil. A veces intentan llamar la atención de los adultos con su lenguaje propio. Y qué mejor oportunidad que todos los días para esmerarse, en la "sencilla" misión de hacerlos felices.
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