Los vientos de más de 300 kilómetros arrasaron con el patrimonio forestal, movieron playas de lugar y destruyeron más del 90 por ciento de la infraestructura del paÃs; sin embargo, no pudieron arrancar la esperanza de un pueblo que, luego de las lamentaciones por las pérdidas, va encontrando en la reconstrucción una oportunidad para el desarrollo.
A Cuba y Dominica la hermanan no solo su ubicación geográfica, en el área del Caribe, sino también coincidencias culturales que surgen entre dos pueblos que por su condición de insularidad enfrentan desafÃos y fenómenos semejantes. Ante el desastre, la ayuda cubana, que existÃa desde antes como parte de la colaboración médica internacional, se amplió con varias brigadas de profesionales de la Salud, eléctricos, forestales y constructores. Para apoyar las labores de recuperación fueron también jóvenes diplomáticos de la Mayor de las Antillas, entre ellos el tunero Jorge Cano Pérez, quien dedicó unos minutos a conversar con 26 Digital sobre esta experiencia.
¿Cómo te involucraste en la misión?
El 5 de octubre el Secretario General del Comité UJC del Minrex me preguntó si estaba dispuesto a partir rumbo a Dominica, como parte de la brigada cubana que prestarÃa apoyo en la recuperación del paÃs. Enseguida manifesté que sÃ. HabÃa seguido las noticias y crónicas que reflejaban la cruda realidad de la nación y comprendà que podrÃa ser útil allÃ. No era la primera vez que diplomáticos cubanos acudÃan ante fenómenos de este tipo. De ese modo ocurrió luego de los terremotos en Pakistán (2005) y en Haità (2010).
¿Cómo fue la travesÃa?
Fue mi primera travesÃa en barco. El 6 de octubre zarpamos en un buque de nuestra Marina de Guerra Revolucionaria. Durante 14 dÃas surcamos las aguas del Caribe, con una breve estancia en St. John´s, capital de Antigua y Barbuda. Para cuando llegamos a Roseau habÃamos recorrido más de mil 400 millas náuticas.
Las sensaciones fueron muchas durante esas jornadas. Inevitables, la nostalgia por la familia, a quienes no pude ver antes de partir, y la añoranza por la Patria. Pronto, como novato al fin, aparecieron las molestas náuseas y cierta desesperación, sobre todo después del décimo dÃa, por llegar a puerto. Pero, sin dudas, fue excepcional la oportunidad de apreciar de cerca la dinámica propia de los hombres y mujeres de mar, por lo que esas horas también resultaron de mucho aprendizaje.
¿Cuáles fueron las primeras impresiones al llegar a Dominica?
Desde el barco, las primeras imágenes que tuvimos de Dominica confirmaban las noticias sobre la devastación de la isla tras el paso del huracán. Me llamó la atención la exuberante vegetación del paÃs y su relieve predominantemente montañoso. Ello, además de constituir una hermosa vista, significaba importante reto para las labores que acometerÃan los linieros y los trabajadores forestales cubanos.
Por otra parte, durante la primera noche en Roseau, en el barco fondeado en el puerto, pudimos constatar que la ciudad estaba prácticamente a oscuras. Luego supimos que las afectaciones al servicio eléctrico alcanzaban el 95 por ciento.
¿Cómo es la gente de Dominica y de qué forma enfrenta el desastre?
Los dominiquenses manifiestan las tÃpicas caracterÃsticas de los pueblos caribeños, entre ellas la hospitalidad, la jovialidad pese a las dificultades y el arraigo a sus tradiciones culturales y religiosas. En Dominica se aprecian también los remanentes de la explotación colonial. Los resultados de ese fenómeno histórico determinan en gran medida el estatus de subdesarrollo que caracterizan a este y otros paÃses. Es por ello que se hace tan vital la ayuda foránea para normalizar la situación interna luego del meteoro.
Es evidente la voluntad polÃtica del gobierno para avanzar en la recuperación. No obstante, los daños son considerables y en los contactos con la población todavÃa se aprecia consternación, pues pocas veces se habÃan enfrentado a un fenómeno natural de tal magnitud (categorÃa 5). Sin dudas, los dominiquenses buscan restablecer su cotidianidad, pero, en mi opinión, a veces le faltan los recursos y carecen de costumbres de cómo reaccionar ante contextos como estos.
¿Qué visión tienen los dominiquenses de Cuba?
Es indudable el prestigio que tiene Cuba entre la población dominica. Es normal encontrarse en la calle a personas que hayan estudiado en nuestro paÃs o atendidas por nuestros médicos. Ha sido muy inspirador el saludo, el cariño y el agradecimiento de este pueblo mientras se trabaja en el terreno. De igual manera, hemos encontrado personas que han manifestado su admiración por la obra del Comandante en Jefe y la figura del Che, lo cual reafirma la impronta de la Revolución en el área caribeña. Según mi apreciación, en Dominica, a Cuba se quiere y respeta.
¿Cómo ha sido la colaboración cubana hasta el momento?
Han sido jornadas intensas, de mucho trabajo y a la vez gratificantes porque entiendes que con tu esfuerzo colaboras con la recuperación de un paÃs hermano, realmente necesitado. Ha resultado una experiencia como pocas y es indescriptible la sensación cuando un dominiqués se acerca y te llama amigo o te da las gracias por lo que haces. Creo que sobre todo he aprendido mucho, incluso en ámbitos en los que no me desempeño normalmente.
En mi caso particular, compartir labores con los trabajadores de la UNE ha sido orgullo y privilegio. Muchas veces uno lee de las proezas de estos hombres, sobre todo en tiempos de recuperación tras desastres naturales, pero vivir de cerca la experiencia, ayudarlos, conversar con ellos y ser testigos de su sacrificio y alto sentido del deber ha sido extraordinario.
Para el resto de mis compañeros ha sido similar, ya que nos ha tocado compartir esta experiencia con personas sencillas, pero con un gran potencial humano y elevado nivel profesional, demostrado tanto dentro, como fuera de Cuba.
¿Se parecen mucho nuestra Isla y Dominica?
Lo que más me recuerda a Cuba es el mar, ese que nos separa, pero que a la vez nos une. Sin dudas, el Caribe marca una identidad para todos los que habitamos en la región. El no perder esa sensación de insularidad me ha permitido sentir a la Patria más cercana.
En Dominica también se aprecia la mezcla y confluencia de varias culturas, lo cual me remonta constantemente a nuestro "ajiaco" cubano, a nuestra gente. Además, ha sido normal encontrarnos en el terreno a personas que han mantenido, de una manera u otra, lazos con Cuba. Ha sido muy bonito y emocionante conversar con egresados de nuestras universidades, quienes nos recuerdan la grandeza de la obra revolucionaria.
¿Qué experiencias te llevas de Dominica?
Han sido muchos los momentos emotivos que he experimentado en estas semanas, sobre todo porque cuando estás fuera del paÃs una simple frase que te recuerde a tu tierra asume grandes dimensiones. Constantemente hemos sido testigos del cariño que se siente hacia Cuba aquÃ, lo cual es muy reconfortante. Sin embargo, voy a guardar siempre con mucho cariño mis encuentros con los niños.
El mero hecho de que te llamen en la calle por tu nombre, que se acuerden de ti, te pregunten por tu paÃs, que te cuenten sus costumbres y que sonrÃan frente a la adversidad que vive esta isla es incalculable. Creo que la simpatÃa de estos niños, tan parecidos a los cubanos, es de las cosas más importantes que recordaré de esta experiencia.


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