Ese hermoso puente maternal-familiar-afectivo es la primera garantía de dicha que tienen los más tiernos habitantes tuneros y cubanos. A partir de este momento se disputan, prácticamente, los mimos y cuidados, en los cuales llevan la delantera el personal médico que los recibe, pone las primeras vacunas, evalúa su estado y procede, con urgencia, ante la leve señal anómala que se detecte en los chequeos clínicos constantes.
Mientras mamá estrena la lactancia y es objeto igual de la vigilia posparto, familiares, vecinos y amistades se "compactan" para que la llegada a casa sea especial. De aquí por delante, el recién nacido es el eje de la casa, el barrio, el consultorio de la familia, los informes del Minsap... El ciclo vacunal gratis, las visitas al pediatra, las atenciones especializadas si las necesita. Exactamente todo.
El Día Internacional de la Infancia es tan inherente a la garantía integral de la población infanto-juvenil en este territorio -lea Cuba- que, para ser meridianamente sinceros, no se nota la diferencia de otro cualquiera. Las sonrisas marcan las mañanas en los caminos al círculo infantil o la escuela. Los besos y los "piropos" ante cualquier nuevo "descubrimiento" no cambian de dueño.
Las prioridades cotidianas solo se alteran con algunas actividades programadas para que la fecha, en lugares públicos, hospitales y los hogares para niños sin amparo familiar, confirmen y multipliquen lo que se sabe: la felicidad les pertenece, y cada Primero de Junio se les multiplica intencionada.
Por eso no hay necesidad de llenar de cifras este texto, ni buscar argumentos más allá de sus pasos tiernos y seguros por doquier. Nada es más importante que un niño. No debería dudarlo, pero si lo hace venga, camine junto a ellos. En minutos le dará su mano franca o le llamará amigo. Y el único culpable es el amor, familiar y constitucionalmente hablando.


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