Martes, 20 Noviembre 2018 06:41

Un raro tesoro

Escrito por Yuset Puig Pupo
Un raro tesoro Foto: ReyLópez.

Las Tunas.- Se desplomó de repente. Quedó tirado en la acera, sin conciencia, muy cerca de la muchedumbre que esperaba en la parada de ómnibus. Su bastón gastado vino justo debajo de mi falda, entonces reparé en el hombre maloliente a quien todos veían, resguardados tras escasos metros, aunque nadie se atrevía a tocar.

Fue algo instintivo, me abrí paso entre los curiosos e intenté ayudar. Pero mis ganas no bastaron. Apenas logré incorporarlo un poco y otra vez se incrustó contra el piso. Miré a mi alrededor buscando refuerzo y la gente continuaba impávida. A ese punto me tocó exigir colaboración y un señor mayor, de malas ganas, se hizo cargo.

La vecina más cercana fue a asomarse también. Ella le veía pasar por las mañanas, a veces con un pomito de café, una lata con ron o algún alimento en una mano mientras con la otra se apoyaba en el bastón. Definitivamente el hombre desmayado tenía una historia compleja. Su carta de presentación era la camisa raída, los zapatos agujereados y el hedor, casi insoportable.

Minutos después el chofer de una mototaxi lo cargó en brazos y lo llevó rumbo al hospital. Las miradas lejanas y curiosas se disiparon, más en la parada de ómnibus no se habló de otro tema en la media hora que demoró en aparecer una guagua.

Muchas opiniones se concentraron en el hecho de que el Estado cubano no tiene creados los mecanismos efectivos para que las personas que deambulan por trastornos psiquiátricos o falta de recursos económicos puedan encontrar resguardo en instituciones sociales. El cúmulo restante de criterios fue acerca del mal olor alojado aún en el ambiente.

Personalmente, la desidia de aquella mañana me enmudeció. Nadie reparaba en la cuestión más importante: un ser humano había estado en el suelo por varios minutos sin demasiada ayuda, su condición de salud seguía siendo un misterio y tampoco parecía merecer la mínima inquietud.

Muchos de los presentes en aquella parada no resultaron totalmente desconocidos para mí. Una de las señoras de mirada distante es religiosa muy devota, de las que cantan a viva voz los himnos cristianos. Aun así, no movió un músculo para socorrer a su prójimo.

Tres estudiantes de Medicina permanecieron también en su sitio con los uniformes impecables, como si su futuro no estuviera a merced de pacientes desmayados y hedores y apariencias diversas. En otras partes del mundo nuestros galenos protagonizan historias increíbles en la más absoluta pobreza. Se me antoja que esos valores hay que aprenderlos y fomentarlos en casa. La valía de una bata blanca va mucho más allá de su blancura.

Ciertamente, los mecanismos para brindar los tratamientos adecuados y evitar que una ínfima parte de la población deambule, no son del todo eficientes. Pero en esa ecuación la familia posee la mayor responsabilidad. Muchos de los viejitos que a veces pernoctan por las calles tienen hijos o nietos que por cuestiones obvias deberían ser capaces, al menos, de tramitar sus necesidades.

Los que hemos vivido un tiempo fuera de Cuba encontramos panoramas muy distintos a la idiosincrasia de la Isla. Y duele comprobar las distintas maneras en las que puede estar sola una persona, la facilidad con la que resulta prescindible y su futuro no le importa a nadie. Al cubano eso le afecta porque su esencia es ser solidario, más allá de cualquier pretensión. Esa capacidad nuestra de involucrarnos constituye un raro tesoro.

Estas líneas se las debía al hombre que se desplomó a mis espaldas. El incidente, por aislado, se me atoró en la garganta y lo escribí de un tirón. Ojalá que las circunstancias hagan brotar siempre la mejor versión de nosotros mismos. Y que la fetidez, la suciedad o cualquier agravante no nos impidan, bajo ningún concepto, socorrer a un ser humano.

Visto 801 veces Modificado por última vez en Martes, 20 Noviembre 2018 19:37

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  • Invitado - judith

    Es lamentable que los mendigos y llamados "buzos", estén por doquier. En La Habana, plena capital, vedado, Centro Habana y Habana Vieja fundamentalmente es un hecho cotidiano ver personas de todas las edades y sexos, "buceando" en los contenedores de basura, recogiendo comida del piso y diambulando en parques y avenidas cargando innumerables bultos de sus pertenencias, siwempre con mal olor, uñas sucias, pelos parados y fetidéz en sus cuerpows. Lo peor que cada pedacito de esta Habana cuenta con un Gobierno local, un jefe de sector, un delegado etc, etc, etc y le pasan por al lado a estas personas sin actuar en consecuencia. Pienso que es momento en que el Estado cubano y sus principales dirigentes tomen de la mano esta situación. Ya hoy estas imagenes al igual que la de los montones de basura por doquier, están en las memorias de visitantes y turistas extranjeros tristemente y ya no hay nadie , ningún cubbano que pueda decir que es un montaje. Eso es mas triste, pues es una realidad cotidiana.
    Es lamentable ver personas que revasan los 70 y 80 años vendiendo periódicos que nadie quiere comprar, caramelos de fabricación casera, maní y hasta objetos y artículos personales de los que tienen que prescindir para sobrevivir por no poder contar con una pensión suficiente o un lugar de acogida cuando la vejéz los sorprende sin poder haber creado un fondo para su vejéz. Pienso que el Estado para quien trabajaron por 25 o más años tiene la obligación y la responsabilidad de trazar estategias y dar solución urgente a estos ancianos, discapacitados y pordioceros que deambulan entre nosotros cada día.
    Hace falta que nuestros funcionarios hagan recorridos que pasen inarvertidos por las calles G, Infanta, calle san lázaro23 por el Coopelia, parque de galiano y san rafael, etc, etc y verán de todo esto. Sobre todo viejitos sigilados vendiendo su cafecito y vigilando al policía, el msimo policia que saluda al acere, al vago, al alcohólico de la esquina, a la prostituta o proceneta y nada hace.
    Es tiempo de hacer de La Habana Lo más Grande y de la vejéz de quienes hicieron posible llegar a estos 60 años de revolución una vejéz más digna

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  • Invitado - Jge

    Yuset magnífica reflexión o mejor, llamado a pensar en nuestra manera de actuar. En lo narrado se pone de manifiesto el cómo hemos hecho de palabras y frases, simples consignas totalmente vacías, de esta palabra como de tantas otras. Una de las definiciones que encontramos de solidaridad es y cito "En sociología, solidaridad se refiere al sentimiento y la actitud de unidad basada en metas o intereses comunes, es un término que refiere a ayudar sin recibir nada a cambio con la aplicación de lo que se considera bueno. Así mismo, se refiere a los lazos sociales que unen a los miembros de una sociedad entre sí" Me gustaría destacar la parte (...) sin recibir nada a cambio (...) Realmente, somos solidarios???? Si pregunta en la calle, todos coinciden en que nuestro pueblo es solidario y en lo narrado vemos realmente lo simple que somos o en lo que nos hemos convertido ante un hecho, que para usted, seguro estoy, será difícil de olvidar Saludos

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