Reconocidos estudiosos de este asunto en el mundo contemporáneo le atribuyen singular importancia al empleo de los saberes en todos los sectores de la vida; y, en Cuba, una nación catalogada como Capital del Talento, pululan soluciones a perentorios problemas desde este atributo.
Aunque ejemplos hay muchos basta con hojear la historia de contribuciones realizadas, a pie de obra, por los afiliados a la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores para contrarrestar carencias agravadas, fundamentalmente, por el cruel e inhumano bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por sucesivas administraciones norteamericanas, cuyo impacto es tangible, también, en la obsolescencia tecnológica de muchas de nuestras industrias.
De esas páginas escritas a fuerza de voluntad y entrega es suficiente detenerse en lo realizado en el año 2018, período en el que los innovadores y racionalizadores de la provincia aportaron a la economía del país una cifra superior a los 12 millones de pesos e hicieron importantes contribuciones a la sostenibilidad en procesos vinculados con la producción de alimentos, la zafra azucarera, la protección del medio ambiente y la recuperación de piezas de repuesto, entre otros frentes que tributan al desarrollo.
Esas realizaciones favorecieron, además, la creación de capital de trabajo, el aumento de la productividad, la eficiencia, el mejoramiento de las condiciones del entorno laboral, el ahorro de recursos, la sustitución de importaciones y la obtención de rubros exportables, asuntos de prioridad en la gestión del Gobierno, cuyas instituciones reconocen la trascendencia de estas aportaciones.
Sin embargo, en algunos casos cuando contrastamos los beneficios con el reconocimiento administrativo encontramos desencuentros que develan desidia, falta de responsabilidad en la atención y de perspectiva creadora para apoyar y promover estas prácticas salvadoras, en algo que puede calificarse como un crimen de lesa economía.
Esos desafueros se traducen en reiterados incumplimientos de la Ley 38, promulgada específicamente para premiar y estimular a los más destacados; en la falta de previsión que desestima dar, desde los planes, aseguramientos materiales a las tareas temáticas en desacato del Lineamiento 10 de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, que convoca a incrementar y diversificar de forma sostenida el financiamiento de la actividad de ciencia, tecnología e innovación.
A las direcciones administrativas y sindicales inteligentes no se les desdibuja la atención esmerada a este ejército de hombres y mujeres que ponen todo su empeño y sabiduría en la búsqueda de soluciones a los problemas más apremiantes, y ahí está la fórmula de muchos de sus éxitos, en el uso racional del talento.






















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