Martes, 25 Junio 2019 04:51

Viaje sobre las paralelas

Escrito por Juan Morales Agüero

Las Tunas.- El ferrocarril es uno de los medios de transporte más populares del mundo.

Millones de personas lo utilizan en todas las latitudes, desde su debut en 1830. Cuba fue el séptimo país del planeta, y el primero en Hispanoamérica, cuando lo inauguró en 1837, con el itinerario fundacional entre La Habana y Bejucal.
El paso de los rieles del ferrocarril central por la otrora ciudad de Victoria de las Tunas tuvo su inauguración oficial el 16 de enero de 1903. Resultó aquella toda una jornada de celebración. Según el bisemanario El Eco de Tunas, "hubo fiesta y tocaron los acordeones de Florencio Sánchez y Mariano Ramírez".
La estación original era de madera y zinc. Por sus pésimas condiciones, en 1918 el Ayuntamiento Municipal pidió a la compañía ferroviaria la construcción de un local más apropiado para la ciudad. Así, en 1927 se levantó el edificio de mampostería y tejas francesas que todavía conserva aquella estructura.
Cerca de allí existían a la sazón unos enormes corrales, donde los ganaderos de la zona concentraban sus lotes de ganado para embarcarlos después en los trenes hacia diferentes territorios de la nación en los que serían vendidos. Durante muchos años los tuneros llamaron a esa parte de la ciudad El Paradero.
La incipiente industria azucarera desarrolló mucho su ferrocarril en los albores del siglo pasado. Por esa vía se transportaba caña hacia los ingenios, y azúcar y miel hasta los puertos, todo tirado por las locomotoras de vapor. Las redes viales del sector se expandieron tanto que, en la práctica, no había una colonia cañera que no estuviera enlazada con el ingenio por medio de las paralelas.
                            MUNICIPIO FERROVIARIO
ferrocarril-paraderoUno de los territorios tuneros donde más connotación cobró el ferrocarril fue el municipio de Manatí, con su bella estación neoclásica de piedras vivas y tejas alicantinas. Por allá se creó toda una cultura de ese centenario medio de transporte, incluso con inusitada tradición familiar en el oficio.
La etapa más importante en la historia del camino de hierro allí tomó la arrancada en 1920, cuando la compañía Manatí Sugar Company tendió las paralelas que conectarían a la localidad con Victoria de las Tunas por el sur, y con el puerto por el norte. Aquello devino un salto de calidad en materia de comunicaciones.
Por muchos años, el ferrocarril fue el transporte público por excelencia de los manatienses. Los asentamientos de la región fueron enlazados por ese conducto. Además de los viajes a Victoria de las Tunas, existían dos trencitos privados de la vía estrecha que cubrían el itinerario hasta el Entronque de Lebanón.
En la época se hicieron célebres los coches motores. Uno alcanzó fama por su velocidad. Existían también los pequeños budas, utilizados para menesteres puntuales o para atender sucesos emergentes. Y estaba, además, la cigüeña. No utilizaba combustible, pues se movía manualmente por intermedio de una pieza estilo cachumbambé, movida de cada lado por dos de sus tripulantes.
Una singularidad de la que Manatí tuvo la exclusiva durante años fue la transportación por ferrocarril de los cortejos fúnebres hasta el Cementerio Municipal. Tal costumbre se remontaba a la fundación del ingenio, en 1912. La compañía propietaria ofrecía el servicio gratis a los vecinos.
                                                 COLLAGE SOBRE LAS PARALELAS
Pero no toda la historia ferroviaria de Las Tunas ha corrido como sobre rieles. El 14 de julio de 1945 el sopor citadino fue alterado por una terrible noticia: un trágico accidente, ocurrido a menos de un kilómetro de la estación ferroviaria, a la altura del aserrío Libertad, dejó 25 personas muertas y alrededor de 30 heridos. Según la prensa de la época, los sucesos acaecieron cuando el tren central, procedente de La Habana y con destino a Santiago de Cuba, afrontó un problema técnico que el maquinista no pudo zanjar a tiempo.
En la década del 80 del pasado siglo, Las Tunas contó con un servicio ferroviario de lujo. Incluyó un tren especial que conectaba a la ciudad con la capital cubana. Un poco antes, un coche motor Fiat de dos vagones cubrió el trayecto entre la ciudad de Camagüey y Manatí, con parada en el municipio de Amancio. Ambos servicios ya desaparecieron.
Un auténtico orgullo de los tuneros es su popularísimo trencito urbano, el único en el país con características automotoras. Lleva poco más de 20 años prestando servicios. Tiene capacidad para unos 90 pasajeros sentados y de pie. Realiza diariamente alrededor de una decena de viajes entre la Terminal de Ómnibus Nacionales y el motel El Cornito.
El recorrido se extiende por unos 12 kilómetros, distancia que cubre al módico precio de 20 centavos. Su servicio es muy bien valorado por estudiantes de las diferentes enseñanzas y por trabajadores de los principales centros asistenciales de la ciudad. Tanto a unos como a otros, el trencito deja en las proximidades de sus respectivos centros. En poco más de dos décadas, el trencito urbano tunero ha transportado a casi cinco millones de personas.
En fin, Las Tunas tiene tela por donde cortar en materia ferroviaria. Más de un siglo sobre rieles lo confirman.

Visto 1905 veces Modificado por última vez en Jueves, 27 Junio 2019 08:15

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  • Invitado - Esmaykel Vázquez Avila

    Excelente artículo, sin dudas el trencito urbano es un patrimonio de nuestra ciudad.

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  • Invitado - Luis Carlos Andrain Silva

    Si, es un excelente artículo, pero creo se debe argumentar que no solo en la parte de la Ciudad de Las Tunas y Manatí, existían o existe circulación ferroviaria, creo cada localidad de los 8 municipios tunero tengan su propia historia en lo referente, pero en la parte norte de la provincia incluyendo la provincia de Holguín, existieron dos trenes que salía desde Velazco hasta Sabanazo ellos con circulación diaria, uno salía en la mañana de Velazco y el otro de Sabanazo y en la tarde el mismo recorrido, por lo que se beneficiaban los pobladores de Velazco, Chaparra, Delicias, San Manuel, Puerto Padre, Vázquez y así sucesivamente hasta llegar a Sabanazo, por lógica, también todos aquellos poblados rurales que existían en aquel trayecto, todo esto con el desarrollo desapareció, bueno si a esto se le puede llamar desarrollo, si vemos todo lo que se está haciendo en materia de ferrocarril en nuestro país y la importancia que tiene para la economía, soy del criterio que más bien retrocedimos, que alegrón se diera toda la población que en aquel entonces podía tener este servicio si volvieran a recibirlos, falta nos haría. Creo que se pudiera escribir algo sobre la historia de esta parte del ferrocarril tunero en el periódico.

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  • Invitado - Andrés R

    Tuve la oportunidad de tomar el tren de Sabanazo en varias ocaciones, desde Las Parras hasta Lora, un tren de via estrecha que resolvía tremenda situación en estos trayectos. La estación de Manatí en Tunas se demolió en vez de reconstruirla, de Manatí a tasajera exitió un tren también, así como algunos coche motor, Manatí el Puerto, Manatí Cayo Confite y otros viajes que efectuaban estos coches, parece que el desarrollo los hizo desaparecer. También funcionaba un tren Tunas Menéndez, Tunas Amancio, se ha mantenido el tren local, muy útil por su recorrido, se le habían construido paradas muy bonitas y prácticas y hoy casi no existen. Del tren Pocholo Tunas Holguin no he oído hablar más, ni del que iba a Camaguey tampoco.

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  • Invitado - Jge

    Buen retrato e interesantes datos. Según lo ilustrado en el artículo, en lugar de avanzar en este medio de transporte, hemos retrocedido. Nos enorgullamos de los nuevos trenes, sin dudas ha sido una buena conquista pero lo más importante sería saber si existen estrategias para retomar los Carahatas así como coches motores, más ligeros, en tramos que en su época hicieron historia. Adelante Cuba. Saludos

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