Entre la opacidad de la noche y los ecos de los aplausos que cerraron el barrio debate del Consejo Popular 18, los archivos de esa pródiga etapa recibieron el merecido premio: Carlos Rafael Miranda Martínez, coordinador nacional de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), los calificó de excepcional y valiosos, dignos del museo de la organización, el cual revitalizarán para el aniversario 60 del mayor gremio de masas en Cuba.
La sencillez de Alcides Leyva Rodríguez le alcanza para mostrar su exposición con la ternura del alma y el agradecimiento a esa oportunidad que, en una década, le permitió sentirse un hombre pleno, ocupado y dador como presidente del CDR 1 de la Zona 92. En el Apartamento 1, del Edificio 3, del reparto Santos, compiló su vida comunitaria sin imaginar que 42 años después iba a ser reconocida para engrosar la memoria histórica de lo que se hizo en el país desde un pedacito de esta ciudad.
Responde a las preguntas del coordinador con la humildad del tunero laborioso y comprometido. A él nadie tuvo que mandarlo a guardar los recuerdos y salvar del olvido las acciones de esos tiempos. Llegó la no esperada recompensa. Quizás, en unos meses, esos calendarios vivos de la gente del barrio, las convocatorias, reuniones y campañas populares, con rostros del terruño, saltarán las fronteras provincianas y allá, en la capital de todos los cubanos, contarán a paisanos y extranjeros lo que hizo la gente de aquí, los orientales de Las Tunas.
Alcides no esperaba tanto. Era su granito de arena para ambientar el barrio debate, llamado a reflexionar con voces propias los problemas cruciales que afectan hoy a la nación. Se habló de violaciones de precios, de corrupción privada y estatal, de adormecimiento de respuestas y necesidad de combate desde la unidad; pero por encima de todo, dejó una lección aprendida y pendiente, pensar el país y salvar la Revolución es asunto de nosotros. Y esa pluralidad es inclusiva, desde el jubilado hasta la más alta jerarquía gubernamental.
Los archivos de este hombre común, sencillísimo, cuentan eso, de la época en la que todos “somos uno” y no había que llamar dos veces. Es la batalla que tenemos que ganar.






















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