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Lunes, 30 Septiembre 2019 11:13

Las Tunas: Balcón, puertas abiertas, camino... (+tuits)

Escrito por Esther De la Cruz Castillejo
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Las Tunas: Balcón, puertas abiertas, camino... (+tuits) Foto: ReyLópez.

Las Tunas.- El colectivo de 26 se suma a la alegría por la semana de agasajos a Las Tunas. Nuestra pequeña villa oriental, no exenta de polémica, celebra el 30 de septiembre de 1796 como la fecha primigenia de su historia. Se cumplen así 223 años de la congregación de una minúscula población, una iglesia y lo que era preciso para ser reconocidos como pueblo. Hoy, repasando las esquinas, los nombres y las leyendas, encontramos muchas razones para sentir renovado orgullo de la estirpe que nos dio vida.

El que lo dude, necesita ahondar apenas en el valor mayúsculo de sus moradores en todas las épocas. Y en las no pocas singularidades que han cobijado estos espacios desde tiempos remotos.

Fue el cacicazgo de Cueybá, ahora Las Tunas, el primer sitio en el país donde se veneró a la Virgen María, allá por los años 1509 y 1511. Todavía no había sido fundada siquiera la primada de Cuba: Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa. Por eso no sorprende que los festejos de esta semana incluyan misas en la parroquia de San Jerónimo. Una de ellas, por cierto, cerrará estas jornadas especiales en la noche del lunes.

Las Tunas recibió el comunicado que la reconocía como ciudad en 1853, meses después de que en La Habana llegara a la vida José Martí. Y, a propósito, fue un tunero el primer editor del Maestro, Manuel Nápoles Fajardo. También cayó combatiendo en estos lares el soldado mambí que lo acompañó en Dos Ríos hasta el final. Se llamó Ángel de la Guardia Bello y aquí, muy cerca de la iglesia, contó como en ningún otro sitio la realidad de la muerte del hombre al que Lezama Lima definió como "el misterio que nos acompaña".

Una urbe calma, inevitable al viajero que transita entre el oriente y el occidente cubano. La tierra de furibundas leyendas, como la de Maniabo y Jibacoa o la que cuenta cómo se paseaba, terco, en las noches, un indio sin cabeza.

Un poco parte de todo eso, somos. Y también la villa que atesora la mayor colección de esculturas de pequeño formato en Cuba; la urbe que Rita Longa marcó con una fuente y otros tantos escultores cubanos, guiados por la idea que nació en una guagua, convirtieron junto a ella en Capital de la Escultura Cubana.

Deslumbran sus columnas, invita al descanso un banco cualquiera del parque Maceo en esa hora imprecisa en que la tarde cae. Y se agradece la mística de la calle Colón, a la que alguna vez le cantó el trovador: "Cada quien tiene su historia/ su estrella para llegar/ cada quien busca una calle/ cada quien sabe qué da".

Vibran nombres en sus portales: Gilberto E. Rodríguez, Pedrito Verdecie, Guillermo Vidal, Bertica Maestre y tantos más. Y hasta se siente un deseo profundo de saber cómo sería escuchar el "po, po, po...", lento y monocorde de la gran Blanquita Becerra.

Claro, también le han nacido a Las Tunas nuevos amores. Lo mismo en rostros, que en espacios. Y ya hablamos de tomar un café con amigos en El Real, pasar un rato de la tarde en La Esquina o ver qué ruta de guagua nos deja más cerca del Parque Temático o la Casa Insólita. Además, conocemos el sabor grato del equipo que gana una Serie Nacional y te aúpa a la cima de un país, mientras luces tu mejor traje, todo de verde y rojo.

Hemos crecido. Se descubre en los centros de Salud, las escuelas, los parques. Estamos aquí. Nos sabemos imperfectos. Este es nuestro sitio de hacer en el mundo y, por eso, especialmente por eso, tenemos que celebrarlo, mimarlo un poco y despertar cada día soñando con que sea más lúcido, rebelde y renovado, mejor.

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