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Sábado, 19 Octubre 2019 08:20

Alcides Alberto Hidalgo y Pablo Betancourt Cruz: ejemplos de patriotismo

Escrito por Osvaldo Morfa Lima
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 "Ellos expresaban la pureza, el desinterés, el espíritu de solidaridad y la conciencia internacionalista que la Revolución ha forjado en nuestro pueblo".                                                                                                                                                                               Fidel

Las Tunas.- "Ser internacionalistas es saldar nuestra propia deuda con la humanidad". Con esta convicción el joven de 22 años de edad, Alcides Alberto Hidalgo, Albertico, como le llamaban cariñosamente sus compañeros, llegó a la República Popular de Angola el 7 de octubre de 1881, donde ocupó varias responsabilidades en el Comité UJC de la Base de Mecanización de la Uneca, ubicada en Saprel, Luanda.

Albertico nació en Las Tunas, el 15 de septiembre de 1960, aunque se trasladó a la ciudad de Matanzas tempranamente. Su niñez y adolescencia transcurrió en el central Juan M. Quijano, antiguo central Elena, en Ceiba Mocha y en Matanzas.

Ingresó en las tropas guardafronteras en 1980. Destacó por su conducta como combatiente ejemplar, obtuvo la condición de militante de la Unión de Jóvenes Comunistas en 1977, y desempeñó varios cargos en dicha organización a partir de ese momento.

Por azares del destino, Albertico no podía imaginar que durante su Servicio Militar en las Tropas Guardafronteras participaría en una operación militar, en la que se destacó por su valentía, durante la captura de un comando de la organización terrorista Alpha 66, financiados por la CIA, que desembarcó el 4 de julio de 1981 por el Muelle de Calzado en Risco Alto, Matanzas, con el objetivo de realizar acciones terroristas y asesinar al Comandante en Jefe Fidel Castro, durante el acto por el 26 de Julio que se celebraría en Las Tunas, su querida tierra natal.

Pero el vínculo con su terruño no quedaría ahí, quiso también la vida que en los días en que cumplía un año de su estancia en la RPA recibiera la misión de participar en una caravana rumbo sur, acompañando al chofer del taller móvil, un experimentado caravanero con tres misiones internacionalistas y procedente de Las Tunas.

Pablo Miguel Betancourt Cruz (Pipo), residente en el barrio Aeropuerto aquí, veterano de la Lucha Clandestina y del Ejército Rebelde, había nacido en 1934, hijo de un luchador comunista, líder obrero del central Manatí, que se incorporó a la lucha por la definitiva liberación de la Patria siguiendo el ejemplo paterno. Combatió en la Columna 12 Simón Bolívar y concluyó la guerra con los grados de teniente.

Es el amanecer del 11 de octubre de 1982, la caravana compuesta por seis vehículos está dirigida por uno de los caravaneros de mayor experiencia conocido como Carmenate, la columna marcha a buen ritmo.

En la Canchala de Benguela, la dirección observa movimientos sospechosos en una elevación cercana, zona idónea para una emboscada; se da la orden por la planta: "Alertas, los fusiles listos y la vista fija en la carretera ante la posible presencia de minas". No se equivocaban, a unos 900 metros un destacamento de la Unita les tendía la trampa.

La Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (Unita) surge en 1956 por la retirada de Jonás Savinbi, del Gobierno revolucionario de Angola en el exilio, apoyado por la CIA fue abastecido con armamento y asesores, desencadenando una feroz guerra civil.

De pronto, una ráfaga procedente de la elevación cercana perfora el parabrisas de Jorge Díaz, curtido caravanero procedente de Camagüey. Los cristales del espejo hieren sus ojos y dispara a ciegas desde la cabina, a duras penas Jorge desciende del vehículo y socorre a un compañero de apellido Cutiño, que está herido y pierde mucha sangre, con un pulóver aplica un torniquete para contener la hemorragia, se le une Lázaro Reyes, otro camagüeyano que también está herido.

El combate se hace intenso, de los 11 cubanos que componen la caravana solo dos portan fusiles AKM, el resto lleva fusiles G-3 sudafricanos y subametralladoras UZI de nueve milímetros, de fabricación belga, entre otras armas de poco poder de fuego.

El taller móvil es uno de los carros que más impactos recibe, este le corta el paso al carro que viene detrás, conducido por Pedrero. En la cama de ese auto está la ametralladora, la que desde el primer momento queda fuera de combate al ser herido Lázaro Reyes, el artillero. El carro se va para atrás y cae en la cuneta, de frente al farallón desde donde disparan los de la Unita.

Está en una posición desventajosa y desde allí Pedrero combate hasta acabar con el último cargador, el parabrisas fue destrozado por la metralla y un balón de oxígeno en la parte de atrás del vehículo fue alcanzado por un cohete.

Ya en esos instantes el fuego está concentrado sobre el taller móvil, que significa comida para los bandidos, porque sin dudas lo confundieron con un carro nevera. Una goma revienta por el fuego y este se aconcha contra el farallón. Al comenzar el tiroteo, Albertico se tira, pero es alcanzado por el fuego enemigo y gravemente herido por la espalda; hace un gran esfuerzo, se apoya en las gomas delanteras del vehículo y desde allí se defiende; pero es rematado por las balas enemigas. Recibió más de 12 impactos en el cuerpo.

Pipo, desde la Cabina, disparaba con precisión. Sus certeros disparos causaron bajas al enemigo, aprovechó el momento propicio y saltó del carro, pero el intento fue fallido, las balas enemigas segaron su vida; todas fueron mortales.

Palomino se desplazó como pudo hasta la posición donde estaban los heridos y les prestó ayuda, sacándolos hasta un lugar seguro, allí llevó también los cuerpos sin vida de Pipo y Albertico.

En el campamento de Saprel, en Luanda, se erige el memorial  19 de Octubre, como recordación a los constructores: Alcides Alberto Hidalgo y Pablo Miguel Betancourt, caídos en combate desigual mientras cumplían con su deber internacionalista en la RPA.

Los restos de Alcides Alberto Hidalgo Torres descansan en el panteón de los caídos por la defensa de la Patria, en el cementerio San Carlos, de Matanzas. ¡Gloria eterna a los mártires de la Patria!

(Del libro inédito Andando caminos)

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