Solo durante el calendario pasado acopió más de 100 kilogramos de miel por colmena, cuando la media nacional es de 54 kilogramos. Razón que lo hizo acreedor del Título de Oro, aquí en Las Tunas.
Según cuenta, hace unos 15 años decidió dedicarse al mundo de las mayores polinizadoras de la naturaleza, una tradición que parece afianzarse en su familia, pues de su padre heredó las 40 colmenas que marcarían el camino inicial y hoy sus hijos muestran interés por el tema.
"Es un trabajo difícil. Hay que velar porque tenga poca humedad y mucha higiene para asegurar su calidad. Por eso reviso con frecuencia las colmenas, mantengo baja la población de zánganos para que no afecten a las trabajadoras y trato que los panales estén frescos, así las abejas tienen buen tamaño y transportan más polen", expresó.
Él aprovecha las floraciones que existen en Gastón, poblado de Majibacoa donde vive. A pesar de la sequía, tradicionalmente en el terruño abundan el romerillo, la campanilla, el bejuco indio, el ateje, el anoncillo y otros similares que atraen a los insectos.
Este apicultor siempre se ha preocupado por extraer miel con todas las condiciones. De ahí que garantice agua, filtro sanitario, almacén y otros elementos necesarios. Junto a su esposa Idalmis, insiste en la limpieza de los apiarios (donde se encuentran las colmenas), la esterilización de los recursos, la revisión sistemática de las áreas de producciones y otras actividades. Su nobleza y laboriosidad son cualidades notables.
A lo largo de su carrera en la Apicultura, Isidro también ha sobrecumplido en ocasiones su entrega de cera y propóleos con índices considerables. Y, por la calidad de sus productos, ha contribuido a la exportación, beneficiando a países como Alemania.
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