Generalmente se trasmiten por vía fecal-oral, por la ingestión de comidas contaminadas y de otras bebidas o hielo, no expuestos a algún proceso de purificación.
Elena Moreno Gallego, responsable provincial del Programa de las Enfermedades de Trasmisión Digestiva, dijo a 26 digital que se observa un incremento de las atenciones médicas por diarreas, obedeciendo al alza estacionaria de los meses de mayo y junio. "Nuestra población debe estar preparada para enfrentar esta situación, pues todos estamos en riesgo de enfermar. El llamado es a cuidarnos y proteger a la familia".
La mejor defensa contra los gérmenes resulta lavarse las manos con jabón muchas veces al día, principalmente antes de preparar, servir o comer alimentos y después de ir al baño y cambiar pañales. Algunos estudios evidencian que un elevado número de personas no higienizan las manos o lo hacen incorrectamente, sin advertir que algo tan sencillo como eso puede evadir contagios y salvar vidas.
Cuando el agua no proviene de fuente segura o no se almacena adecuadamente puede trasmitir las EDA y otras infecciones. "Es preciso hervirla en una vasija adecuada -explica la especialista-, ponerla al fuego y esperar de tres a cinco minutos después de que rompe a bullir. Se recomienda dejarla refrescar y verter cuatro gotas de hipoclorito de sodio por cada litro, pasado los 30 minutos está lista para el consumo".
No menos peligroso resultan las comidas mal elaboradas o almacenadas en condiciones impropias. Deben cocinarse a temperatura correcta, taparlas bien y conservarlas en refrigeración. Igualmente hay que lavar bien las frutas, verduras y utensilios de cocina.
Para reducir la incidencia de estas afecciones es importante mantener la lactancia materna exclusiva en los menores de seis meses y un manejo adecuado de las heces en los infantes con diarreas, pues este materia fecal puede contaminar a cualquier miembro del hogar.
Ante la aparición de episodios de diarrea debemos tomar las sales de rehidratación oral y acudir de inmediato a los centros asistenciales. No obstante, la prevención constituye la mejor arma contra las EDA. ¿Vale la pena el esfuerzo? Claro que sí, el beneficio es por la salud propia y de la familia.






















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