Domingo, 23 Diciembre 2018 07:08

Maduradores, cuidado con las varitas mágicas

Escrito por Yuset Puig Pupo
Maduradores, cuidado con las varitas mágicas Foto: Yaimí Ravelo (Periódico Granma)

Las Tunas.- Rebusco en mi cartera los últimos refuerzos monetarios. Alargo el brazo y de vuelta recibo apenas una mano de platanitos, un par de guayabas y una col engrifada. El bolso ni siquiera está pesado y se llevó de un tirón un tercio de mi salario mensual. Mi cara de estupefacción es casi un lugar común. Pero lo más indignante resulta que, ya en casa, descubro que han rociado mi compra con un buen poco de "madurador".

Entonces una se pierde en un dilema obligatorio. En Cuba y en casi todo el mundo, escuchamos hablar maravillas de las frutas y ensaladas: el efecto que producen en la piel, la digestión, la presión arterial..., en fin. Pero a la hora de la verdad muchos de los productos que nos llegan vienen, primero con la tangible limitante del sobreprecio, y por si fuera poco, con una carga tan nociva que constituyen la antítesis de lo que deberían representar.

Hace rato que estamos oyendo sobre los famosos "maduradores", compuestos que a base de químicos logran disfrazar de comestible a frutas, viandas y vegetales que necesitan de más tiempo para poder llevarlos a la mesa. Funcionan como catalizadores, pero en realidad, si se usan de manera incorrecta, lo cual suele suceder, tienen la capacidad de borrar de un tirón los nutrientes de sus huéspedes.

De dónde salen estas sustancias y cómo llegan a las manos de los vendedores son preguntas que se atoran enseguida en la mente de cualquiera. Y para los que han escuchado hablar de su incidencia en la salud se hace muy difícil volverle a comprar un guineíto a algún particular, una fruta bomba o una guayaba sin el temor de estar llevando al hogar un poco de veneno disfrazado.

El ethephon es uno de los compuestos orgánicos fosforados que emplean los vendedores para lograr la desverdización. Según los especialistas, estos poseen capacidad para contaminar a las personas a través de los alimentos, por las vías respiratorias, el contacto con la piel y las mucosas.

Obviamente, las concentraciones inadecuadas que aplican a las mercancías pueden ocasionar una intoxicación aguda, en la que los síntomas brotan rápido, pero también tienen, lo que es tanto o más dañino, un efecto acumulativo en el organismo.

Representantes del Instituto Nacional de Sanidad Vegetal (Inisav) aseguran que los plaguicidas utilizados como maduradores no son un peligro para la salud, y en otros países se emplean con este objetivo, aunque en Cuba no está autorizada la utilización de catalizadores en la etapa de poscosecha.

En nuestra Isla, la forma de maduración registrada es mediante el etileno, el cual se aplica en cámaras, principalmente en la provincia de Ciego de Ávila, en plátanos destinados a la exportación o a la venta al turismo. Este proceso se lleva a cabo con el asesoramiento de especialistas, cuestión que está muy lejos de parecerse a lo que hacen los comerciantes, en su mayoría, ignorantes de los líquidos que están usando.

Otra realidad es innegable: en la calidad de las frutas y la cantidad de vitaminas y minerales que aportan, sí repercuten desfavorablemente las altas dosis que se aplican para apresurar la maduración de los frutos, especialmente cuando son cosechados sin tener condiciones óptimas para ello.

Y qué decir del bolsillo del consumidor (¿qué decir del mío?), que se ve notablemente afectado, pues al llegar a casa luego de adquirir una mercancía, percibe que el color exterior en realidad no se corresponde con el sabor y calidad de lo adquirido.

La perdurabilidad del uso clandestino de estos plaguicidas es inconcebible. Las autoridades pertinentes deberían tomar medidas de conjunto con el Ministerio de Salud Pública. Si efectivamente no es nocivo, registrar el uso de algún madurador para la etapa de poscosecha podría frenar la cantidad de productos improvisados que hoy circulan con ese propósito, utilizados en diferentes dosis y formas de aplicación.

Resulta imprescindible que todo ello también vaya acompañado de una mayor capacitación técnica de los agricultores o vendedores sobre el empleo de estas u otras sustancias, que no son de ninguna manera varitas mágicas. A esto tendría que sumarse el necesario funcionamiento de mejores mecanismos de control fitosanitario que velen por la calidad e inocuidad de los surtidos, y los derechos y la salud de los consumidores.

Visto 1279 veces Modificado por última vez en Jueves, 03 Enero 2019 11:49

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