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27b14db6503340de0a2ae419bcbb3acb LLas Tunas.- Una paradoja de estos tiempos de neoliberalismo conservador dejó boquiabierto al mundo: la excarcelación del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y horas después, el golpe de Estado fascista contra el mandatario Evo Morales Ayma, reelecto constitucionalmente por amplia mayoría en los comicios bolivianos.

Hasta ese momento fatídico, por su honda repercusión y trascendencia latinoamericana, parecía que la izquierda de la región se recomponía con los acontecimientos de Ecuador, Chile, Brasil, las elecciones de México y Argentina. Sin embargo, vuelve a asomar su peludo rostro el fascismo, una clara evidencia de que no está derrotado y que las fuerzas progresistas tienen que seguir en pie de lucha ante la alerta llegada de la nación andina.

A raíz del zarpazo perpetrado contra el único presidente indígena del planeta, hombre amasado con el sudor minero desde las profundidades del lomerío boliviano, nadie entendía acá el porqué del fenómeno. La matriz de opinión se movía de diversos modos, en busca de algún esclarecimiento. ¿Pecados...?

Ningún ser humano, ni el más consagrado, está exento de cometer errores y si lleva en sus hombros las riendas del poder, andará más expuesto a la comisión de faltas.

Pero los "pecados" más notorios de Evo quizás fueron sacar de la pobreza a más de tres millones de sus compatriotas, nacionalizar los enormes recursos naturales y poner esas riquezas en manos del Estado plurinacional, en función del desarrollo del antaño empobrecido país sudamericano, que ahora disponía para sí de las mayores reservas mundiales de litio, mineral estratégico e indispensable para la fabricación de baterías; además de petróleo, manganeso, zinc...

Para los que tenían ciertas dudas de lo que realmente había sucedido en la hermana patria, lo dejó bien claro el exvicepresidente Álvaro García Linera, asilado también en México, en entrevista concedida al espacio televisivo Cruce de palabras, de la multinacional Telesur.

"Fue un golpe fascista en contubernio con la policía y el ejército. Lo conocía el general Kaliman, formado en la Escuela de las Américas. Evo renunció para evitar un masivo derramamiento de sangre. La asonada se caracterizó por el odio y el racismo. La fuerza pública quemó la bandera wiphala y la retiró con saña de los uniformes militares; la enseña de los indígenas, enarbolada en las manifestaciones callejeras de rechazo y protestas contra el golpe".

El exdirigente hizo una caracterización del señor Camacho, que apoyó a la senadora Áñez, la que sin escaño en el Parlamento se autoproclamó "presidenta", con el reconocimiento inmediato de la Casa Blanca. De igual pelaje es Carlos Mesa, alumno aventajado de USA, en el oficio del servilismo.

Camacho era dueño de negocios turbios con el gas -nacionalizado por Evo-, e implantó abusivos precios en el cobro de la conexión a ese servicio. Tal recurso y otros, al pasar a manos del pueblo, contribuyó a elevar el Producto Interno Bruto (PIB) a 4,9 por ciento de manera sostenida durante varios años, el más alto de la región.

García Linera reveló que el cabecilla de la desprestigiada OEA, Luis Almagro, le había advertido al Movimiento al Socialismo (MAS), el partido de Evo, que tratara de ganar las elecciones con el 50 por ciento de los votos, porque de lo contrario tendría problemas en los sufragios.

A pesar de triunfar con ese rango, se negó el resultado y la propuesta de nuevo conteo e ir otra vez a elecciones generales. La opción final fue el golpe, para instaurar un desgobierno "leal" a los intereses norteamericanos.

No todo está dicho. Los acontecimientos tienen que poner en vigilia permanente a la izquierda latinoamericana, para que no levante cabeza la derecha, ese modelo de esclavitud de los sectores más humildes.