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Las Tunas.- El saber que existe una curva controlada y favorable en el comportamiento de la Covid-19 y el anuncio de pasar, gradualmente, a las etapas de recuperación provoca en algunas personas un sentimiento yuxtapuesto de alegría e inquietud, a pesar de que las medidas difundidas por la máxima dirección del país están enfocadas en las condiciones particulares de cada territorio y con un estricto seguimiento.

Muchos de los lectores que se acercan por vía telefónica o email argumentan con el hecho de que las aglomeraciones, sobre todo en las colas, no han podido evitarse de manera consciente, aun cuando desde el primer día de aislamiento social, las áreas de Comercio, las calles principales y cualquier sitio donde fue evidente la concurrencia de personas no faltaron -ni faltan- los agentes del orden interior. 

Es lógico que ante una apertura, al margen de sus debidos rigores y análisis, exista la duda de comportamientos irregulares en grupos de personas, las cuales se inclinen a no usar el nasobuco al reiniciarse la vida social, o en horarios nocturnos salgan a las zonas Wifi, armen los añorados “party” y se deshagan en excesos de besos y abrazos al dar por sentado que el coronavirus es historia vieja, cuando realmente es una enfermedad presente, letal y altamente contagiosa.

De ahí que una sola palabra fue, es y será siempre la única barrera visible que nos evitará un triste susto pos-Covid-19: disciplina. No la obligada por una multa o el miedo a recibir una sanción judicial, sino la otra, la que dignifica la sociedad por sus actos coherentes, con decencia y convicción, a la vez demostrativos de una cultura y un principio ético que respete la vida, reconozca que vivimos en comunidades y los unos, guste o no, dependemos de los otros.

En esta confianza de respuesta se sustentan las razones por las cuales el Estado concibe en los días cercanos la entrada en vigor de la fase recuperativa, necesaria desde todos los puntos de vista y elemental para seguir en el difícil camino del desarrollo y las metas propuestas. Sin embargo, no podemos convertir en consigna las esencias. A estas alturas, todavía en las condiciones actuales, hay jóvenes en las calles sin nasobucos, cada día es más visible el incremento del tráfico… en fin, esa confianza y esa débil percepción de riesgo que nos marcan andan de paralelo por doquier y crecen los asintomáticos. Es decir, hasta nosotros podemos estar enfermos sin saberlo.

El cántaro no ha de ir a la fuente hasta romperse -parafraseando el refrán-. Niveles de conocimiento tenemos para comprender que es una situación compleja y delicada. La vida hay que seguirla, por eso estamos, pero si queremos vivir hay que ser disciplinados. Y serlo va más allá de acatar órdenes. Es una actitud responsable, madura, pensada y consciente. Saber que tenemos un Sistema de Salud fortalecido y que sorteamos grandes desafíos no puede cegar a nadie. La Covid-19 es letal y altamente contagiosa. Soñamos otros veranos. Entonces, usted como yo, caminemos con pie firme. No veo otra acción más sensata.