esperanza33

Puerto Padre, Las Tunas.- La protagonista de esta historia no anda creyendo que ya tiene 97 años, y mucho menos en los achaques de la edad, ella tiene todavía energías suficientes para dar, que es sembrar como ferviente martiana.

En sus años de infancia, San Manuel era el sitio para aprender a andar por la vida junto a hermanas y hermanos, también para que naciera el deseo de hacer algo útil a favor de una causa más justa.

Por eso, cuando triunfó la Revolución se consagró a la construcción de una nueva sociedad y fue entonces que fundó, en Puerto Padre, la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR).

EsperancitaTras esa historia me le acerqué un buen día y descubrí un caudal enorme en su prodigiosa memoria; no hay un detalle de aquellos días que ella haya olvidado, de ahí que siempre tiene presente a las viejas compañeras Paula Labrada, Matilde Miranda y Lidia Jareño, quienes estuvieron en esas andanzas de fraguar la FMC en la localidad.

Esperanza Freijoso Sánchez tiene aún la belleza de entonces y aunque el paso del tiempo ha dejado huellas sobre su pelo y el rostro, ella disfruta con sencillez hablar de aquella época y de todo cuanto hicieron y hacen, porque ella permanece militando en las filas del Partido Comunista de Cuba, y es muy activa en las organizaciones de masas.

Ante mí una y otra vez Esperancita, como la llaman; busca en las fotografías de esa época, que guarda con celo, la complicidad necesaria para dar fe de todo cuanto dice y sonríe pícara al reconocerse como una joven hacedora, valiente y muy firme en los pasos.

Tendría unos 30 años cuando decidió consagrarse a su amada Cuba y su casa aún es escenario de reuniones, fiestas y conmemoraciones. Como anfitriona, ella aprovecha los encuentros para hablar de la organización y de las bondades del proceso revolucionario en el cual se involucró desde los tiempos del Movimiento 26 de Julio.

Esperancita asesora a las nuevas dirigentes femeninas y les regala su sabia para asegurarse de que aquella semillita cultivada 60 años atrás siga extendiendo sus ramas y raíces, como justo símbolo de continuidad.

Le hace muy feliz cuando van a su hogar viejas y nuevas amigas para conversar, saber de la salud o invitarla a alguna actividad, dice gozosa; porque ella aprendió a ser mejor persona en los contactos con las mujeres en la base, en las movilizaciones permanentes a la recogida de algodón, de frijoles o café, y de todos estos años, porque ama a su Cuba, a Fidel y a Vilma, esa luchadora a quien conoció personalmente y de la que reserva bellos recuerdos.

Entre sus hermosas plantas, Esperancita me confesó saberse muy privilegiada por la vida, y a sus 97 años está activa en la organización, no necesita de bastones, y le queda mucho por hacer.

Esperancita Freijoso Sánchez, es creación fértil, en Puerto Padre.

Escribir un comentario