Imprimir
Visto: 129

Yadira en diálogo con Aian Enrique Lorenzo Izaguirre a la izquierda y Erick Eddy Silva Labrada instructores de lengua de señas en la Filial Provincial de la AnsocYadira en diálogo con Aian Enrique Lorenzo Izaguirre (a la izquierda) y Erick Eddy Silva Labrada, instructores de lengua de señas en la Filial Provincial de la Ansoc.

Las Tunas.- Las manos, divino tesoro de nuestra anatomía. ¿Quién no agradece por tenerlas? ¡Y qué difícil sería todo si faltaran! De ellas nacen artesanías, pinceladas…; se “da vida” a lo que no funciona. Para quien anda en silla de ruedas, se convierten en las piernas que le impulsan por la vía. Para las personas ciegas son los ojos que les ayudan a percibir el mundo; pero para las sordas, las manos constituyen su voz.

ansocCon nuestras manos hacemos mucho, pero Yadira María Torres Vidal usa las suyas para una labor tan humana como sus sentimientos. Ella pone voz a las personas sordas gracias a la lengua de señas cubana. Y no solo eso, sino que se ha entregado a la docencia para preparar a otros que, como ella, decidieron contribuir a la formación de quienes viven con este tipo de discapacidad.

El lenguaje de señas es la mejor vía para dialogar con la comunidad sorda. Yadira es traductora e intérprete del mismo, y dedicó 25 años al trabajo en la Filial tunera de la Asociación Nacional de Sordos de Cuba (Ansoc). Seguramente, muchos recuerdan su rostro en el programa local LTV Noticias.

Pero resulta que se requiere más que talento para esta profesión, porque la empatía y el amor necesitan ir de la mano. Felizmente, a Yadira le sobran, así como la humildad y el deseo de ayudar a otros. Y esa hiperactividad que -confiesa- tenía desde niña la tradujo en paciencia y mansedumbre para enseñar.

La lengua de señas cubana llegó a su vida de manera curiosa. Una vecina suya estaba casada con un hombre sordo que, casualmente, era por entonces el presidente de la Ansoc aquí, Ariel Leyva Gómez. A Yadira le llamaba la atención cómo su esposa (oyente) le traducía a él las novelas, los noticieros... De ahí nació el incentivo para que surgiera el interés por ese lenguaje.

En ese momento ella, ya convertida en madre de sus dos primeros niños, estaba desvinculada, y no pensó que Ariel sería la puerta para el presente que hoy vive feliz. “Me ofreció trabajo de custodio, con la facilidad de traer a los niños por las noches hasta que mi mamá los recogiera. Justo eso me entrenó, porque venían sordos a guardar una bicicleta o ver la televisión. Entonces interactuaba con ellos hasta que, poco a poco, adquirí experiencia en el lenguaje de señas”, expresa.    

        PASO A PASO, SEÑA A SEÑA

“Mi formación fue empírica -refiere- gracias a la comunicación diaria, pero al cabo de seis meses Ariel me llamó con una buena noticia. Venía una comisión de comunicación integrada por sordos para impartir un curso, del cual escogerían a dos personas. Me propuso participar y, para mi suerte, fui elegida”.

A partir de ahí, Yadira se afianzó en este hermoso camino y son muchos los buenos momentos que atesora. Su labor como intérprete no solo le ha abierto puertas para dialogar con la comunidad sorda, sino que la ha hecho una mejor persona, realizada y satisfecha por haber dado ese gran paso.

“El intérprete debe ser una persona neutral -explica- porque tiene que enfrentarse a diferentes tipos de servicios de interpretación, ya sea en una consulta médica, donde puedes transmitir un diagnóstico desagradable a ese paciente sordo, como en un acto judicial”.

En este sentido, Yadira ha asumido esa tarea en diversos escenarios. Sin embargo, una ocasión muy especial le permitió abrirse a un nuevo horizonte: la pequeña pantalla. “El grupo de teatro Yagruma, de La Habana, estaba recorriendo todas las provincias, en saludo al Tercer Congreso de la Ansoc. Al llegar aquí se le hizo una entrevista para la televisión y serví de intérprete.

“Fue un reto porque eran habaneros, y aunque la lengua de señas cubana es la misma, tiene sus diferencias geográficas; igual que aquí decimos chancleta y en Santiago de Cuba cutara. Ese día los especialistas del medio no solo vieron que era bonito, sino que los sordos necesitan información. Estos no pueden escuchar un radio, para ellos todo es visible. Así me contrataron para un espacio de cinco minutos que salía los viernes en el resumen semanal de LTV Noticias”, relata.

Gracias a su presencia en TunasVisión, más propuestas llegaron a sus manos. Y es que durante la covid-19 no solo el personal de Salud tuvo protagonismo en su lucha, Yadira también asumió un rol no menos importante: informar a la comunidad sorda. Ahí estuvo, con un esfuerzo que demandó más que buena voluntad.

“Llamaron a la Ansoc y dijeron que necesitaban mis servicios. Entonces se creó aquí una revista que duró dos años. Fue difícil porque el intérprete debe interpretar como máximo 25 o 30 minutos, por el esfuerzo físico y mental. No es un robot; tiene que recibir esa información, decodificarla en el momento, procesarla y transmitirla.

“A veces la revista pasaba de dos horas, pero hice ese esfuerzo y fue una experiencia bonita. La mayor satisfacción es que los miembros de la Asociación estaban informados y -lo mejor- representados. Incluso, con mi interpretación se hizo un spot para que aprendieran cómo usar el nasobuco. Eso provocó que costureras sordas comenzaran a elaborarlos y a repartir en las sedes”, cuenta.   

             SEÑAS TAMBIÉN DEL ALMA

El lenguaje de señas no solo es importante, también tiene su complejidad; “es un vocabulario amplio”. Justamente, desde el 2024 fue oficializado como un idioma más. Puede que al principio resulte complejo, pero nuestra entrevistada asegura que se aprende y la interacción constante con las personas sordas ayuda a perfeccionarlo.

Para ella la lengua de señas no solo es necesaria, también es “una obra de infinito amor. Es gratificante contribuir a que un sordo se comunique”. En este aspecto, recalca cuán necesario es que la familia domine este idioma. “Recuerdo que una vez un muchacho vino a buscarme porque sus padres no lo entendían. Muchas veces quienes conviven con estas personas desconocen la lengua de señas. Al ser oyentes, se van más por hablar y hablar y creen que ese sordo es un robot que lo capta todo”.

Actualmente, Yadira no solo se ocupa de la interpretación del lenguaje de señas, desde hace varios años sus días también transcurren en la Universidad de Las Tunas (ULT). Hasta allá acudió a prestar sus servicios en Educación Especial y Logopedia. Y su crecimiento profesional, una vez más, no se detuvo…

“En el 2008, al ver que aún no existía una carrera de intérprete, inicié mis estudios universitarios en la Educación Especial. Ahora estoy en un proyecto de doctorado que debo terminar en el 2027. Mi investigación radica en la necesidad de comunicación.

“Las personas sordas pueden ser lo que se propongan, al igual que un oyente, pero se les dificulta la comunicación. Estamos escasos de intérpretes. Se necesita gente que se sensibilice y quiera estudiar esta carrera, que en otras provincias existe, pero aquí no se ha podido abrir porque no hay suficiente matrícula”.

Yadira aboga, además, por que los docentes aprendan el lenguaje de señas y se conviertan en comunicadores para los estudiantes sordos, y que así estos se sientan “verdaderamente incluidos”. En sus anhelos está, igualmente, “rescatar esa sección de traducción e interpretación en la televisión, algo que se agradecería mucho”, destaca la también profesora de Pedagogía de la ULT.

Para su orgullo, el menor de sus hijos, aunque se inclinó por la danza, también decidió aprender el lenguaje de señas. Junto a su madre ha actuado en el grupo de teatro de danza de sordos La Voz del Silencio; ambos asisten a los ensayos y forman parte de esa familia que ya atesora premios nacionales.

“Mis manos siempre estarán a disposición de la comunidad sorda. Nunca olvidaré que ellos existen, son personas como nosotros, lo único que les falta es la comunicación. Qué bueno es aportar un granito de arena en eso. Todo se puede lograr y yo no pienso detenerme”, afirma.

Asimismo, informa que la Ansoc aquí convoca cursos para la población. Todo el interesado en aprender puede dirigirse hasta su sede e informarse; la intención es sumar más intérpretes. De hecho, su gozo ha llegado al punto de haber sido solicitada recientemente en una iglesia para cantar en lenguaje de señas.

Sin dudas, Yadira es una de las tantas cubanas que ha sabido crecerse ante las adversidades. Nunca olvidará esa acertada propuesta de custodio que un día recibió, porque, simplemente, le mostró un mundo maravilloso. Una mujer que decidió usar sus manos para dar voz a aquellos que lamentablemente no pueden escuchar, pero que tienen en ella a una defensora fiel de su lenguaje.