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Las Tunas.- Dos horas con 40 minutos resulta demasiado tiempo para la cola de cualquier farmacia. Pero, el que estuvo, como nuestro amigo Carlos, cinco horas el mes pasado, o los que quedaron en la puerta misma a las 11:00 pm, tras casi un día completo porque se acabó lo que buscaban, de seguro ríen de lo lindo si nos quejamos, apenas, por dos horas con 40 minutos. Se ha vuelto difícil comprar medicinas.

Por un lado, el bloqueo norteamericano y su apuesta a la asfixia del país; por otro, la falta de liquidez de la economía, que también impide comprar las materias primas necesarias para elaborar los fármacos; en medio, los pacientes, lo mismo de dolencias crónicas, que de la más simple crisis de migraña.

El mes pasado fue la hecatombe. Colas que duraron toda la noche a fin de no perder el turno, rezos para que entrara el antihipertensivo y gente que pospuso citas, familia y trabajo porque “de allí no me muevo hasta que compre”.

Otros desistieron. Se les vio husmear tras la tinturita de ajo o el expectorante de medicina verde, y algunos, los que pudieron, apelaron a los exorbitantes precios del mercado negro. Ese que pone en la portada de la casa los pomos de diazepam y clordiazepóxido, a 200.00 pesos, provenientes -en el mejor de los casos posibles- de tierras extranjeras.

A PARTIR DE MARZO, DOS TARJETONES POR PERSONA

“Este mes se tomaron medidas para minimizar el impacto de las carencias. Y, hasta ahora, estamos satisfechos, pues ganamos en organización”, refirió Isabel Arias, directora municipal de Farmacias en Las Tunas. Llegó a nosotras sudorosa, después de un recorrido en bicicleta por varios centros de tal tipo.

Básicamente, la decisión de los directivos del sector fue comenzar las ventas de manera simultánea. De esa forma, la población puede ir hasta su farmacia directamente. “En enero eso nos falló, y los tuneros se movieron de una a otra buscando el medicamento que no habían sacado en la suya.

“Dicho suceso también trajo como consecuencia que los pacientes con tarjetas de control compraron en distintas partes y, aunque no les despachamos a ellos el tratamiento completo, tampoco resuelve el que está inscrito en el establecimiento que primero realizó el expendio, porque se agota más rápido”.

Las autoridades insisten en que la indolencia, las ilegalidades y las indisciplinas sociales complejizan el panorama, ya de por sí marcado por las limitaciones. Así lo explicó Raysa Pérez, especialista comercial de la Empresa Provincial de Farmacias y Ópticas.

“Resulta habitual que algunos usuarios acudan hasta con nueve tarjetones; pues prestan un tipo de servicio a domicilio. Nos percatamos de que no coinciden las direcciones ni los apellidos. Te dicen que sí, pero es evidente que no son familia. Lucran haciendo la cola de otros y afectan a quienes pasan por nuestros locales al concluir su jornada de trabajo.

“Tal situación interfiere en el quehacer de los dependientes que están allí, detrás del mostrador. Ellos tienen que anotar una serie de números, sacar cuentas, rebajar de tarjetas y no pueden cometer errores; un solo fallo pudiera ocasionar graves problemas a la salud de los consumidores. Por esas razones decidimos que, a partir del mes próximo, cada cliente solo tendrá la opción de comprar con dos tarjetones”.

Muchos se quejan de las demoras en las ventas y los especialistas insisten en explicar que no es tarea sencilla. Aseguran que en cuanto llegan los productos comienzan las aglomeraciones y sobresalen las voces que exigen atención urgente.

Los farmacéuticos tienen hasta 72 horas establecidas, después que reciben la mercancía, para comenzar el expendio. Hay que garantizar que todo esté completo, que los frascos y los blísteres no tengan dificultades. Eso hace más lento el proceder.

Miramos alrededor en aquella interminable fila y, de alguna manera, entendemos a los boticarios. No tienen almuerzo, hay tantos clientes por metro cuadrado que no pueden, a veces, ni tomar un poco de agua o salir a comer algo en la esquina.

Sudan mientras hacen los despachos y, a la vez, responden al que les muestra una receta antes de pedir el último, informan de la ausencia de las íntimas, y hasta se acaloran con quienes inquieren que “si hay tanto personal dentro, por qué solo unos pocos atienden a la población”. Es lógico, estar de pie, tantas horas exacerba y absolutamente, nadie quiere estar ahí: enfermo.

IMPUNIDAD EN TIEMPOS DE ESCASEZ

El negocio de medicinas por la “izquierda” es un problema que peina canas y deviene en enigma para quienes desde el Sistema de Salud organizan los procesos a fin de cerrar las brechas. Con razón, Pérez se plantea interrogantes sin hallar las respuestas.

“Sabemos que en la calle venden medicamentos que hace cuatro y hasta cinco meses no entran a la provincia. ¿De dónde provienen? Puede ser que salgan, incluso, de un establecimiento nuestro; pero, si es así, lo hacen legal porque solo expendemos con indicación médica. Y ese es otro dilema que tenemos, las llamadas recetas de complacencia, un fuerte pilar de indisciplinas”.

Y añade: “Los nuevos recetarios no han cambiado nada ese paisaje. La gente hasta las imprime por su cuenta y no sé cómo se las agencia para darles validez. El otro día encontramos una persona con un tarjetón duplicado y, cuando lo revisamos todo, lo había hecho en su casa y no le faltaba un dato. Pasaba por un documento oficial.

“No somos policías. A veces llamamos a la patrulla al ver caras que vienen una y otra vez. Nos ha pasado que cuando acuden, ya no está el individuo, y en otras oportunidades se lo llevan y, al ratico, anda nuevamente dando vueltas por aquí, en lo mismo”.

De acuerdo con María del Carmen Ochoa Rojas, directora provincial de Farmacias y Ópticas, adoptan varias disposiciones para evitar las violaciones; entre ellas, garantizar la presencia de vecinos de la comunidad durante el chequeo de mercancía que entra a estas entidades.“El trabajador nuestro que incurra en alguna fechoría, lo hace una sola vez, porque la medida es separación definitiva”, afirmó.

NO SE CONFORME CON UN NO: LA RESPUESTA, HASTA EL FINAL

Maykel Corrales Manzano, jefe de Medicamentos y Tecnologías Médicas en el Balcón de Oriente, hizo un llamado a la prudencia y la disciplina: “Si realmente resuelven con un fármaco, no pidan más”. Aseguró que desde octubre pasado el país importa los de las tarjetas de control para cubrir unos 30 días, y llegan a inicios de mes a las unidades farmacéuticas.

“Desde noviembre estamos revisando todos los tarjetones y certificados. No es un estudio que pueda hacerse en un corto período; hay que ir buscando los inscritos, los certificados, las dosis. Hemos encontrado dos productos de un mismo grupo farmacológico en un solo paciente y eso conlleva al acaparamiento”.

Por su parte, Jim Karel Almaguer Ortiz, especialista comercial de la Empresa Comercializadora y Distribuidora de Medicamentos (Emcomed), asegura que el cuadro básico de los surtidos que ellos manejan se mantiene con alrededor de 700 medicinas, incluyendo las de producción nacional y las de importación.

“Los más afectados son los antibióticos orales, sobre todo, los de uso adulto. Al no haber asistencia estable, la demanda incrementa y duran mucho menos en la red. Tampoco se logra mantener la estabilidad de los analgésicos.

“El ciclo de distribución está elaborado para que tres veces al mes depositemos medicamentos en las unidades aquí.Tras esa entrega somos capaces de suplir las faltas de acuerdo con los pedidos y por supuesto, de la disponibilidad”.

Y destacó: “Cuando alguien no alcanza un fármaco debe dirigirse a la administración del local, pues atendemos casos puntuales como a los nuevos pacientes que no están registrados. Hay que tratar de no quedarse conforme y buscar una respuesta final, teniendo en cuenta que la mayoría de las veces existe una solución dentro de lo poco”.

¿Y ENTONCES?

Dicen que cuando el río está revuelto, ganan los pescadores; y esa es una de las máximas que no deben permitir los trabajadores del sector en este difícil contexto. Sí, hay menos medicamentos, y en muchos casos, no cubren las necesidades. No obstante, los directivos aseguran que en este febrero hubo una tendencia positiva con los antihipertensivos y con aquellos que no pueden ser suplidos por otros o por variantes de la Medicina Natural y Tradicional.

Buscan nuevas vías; entre ellas, la implementación de un cuño, para que los tarjetones de cada farmacia tengan su diferenciación y sea más difícil “pasar gato por liebre” en las compras o, incluso, falsificarlos.

Asimismo, es imposible establecer prioridades como se hacía anteriormente con el personal de Salud. Los impedidos deben probar su condición con el carné y los niños tienen que ser suyos y no de la vecina que se quedó en casa lavando.

Acabaron las preferencias para “conocidos” y la población tiene todo el derecho a denunciar esas actitudes con determinación. Aquí los privilegios son para los enfermos que salen de los policlínicos, de Urgencia, y hacen las colas, a veces, con el aliento, después de inyecciones o un aerosol.

Por otro lado, hay que encontrar vías para agilizar los procesos. Se impone que, amén de las complejidades en la labor de los dependientes, no demore tanto el servicio; se simplifiquen controles en el expendio mismo o ajusten más el recurso humano para atender directamente al pueblo.

Eso va más allá de una crisis coyuntural, porque ir a la farmacia es, desde hace muchos años, “el Niágara en bicicleta”; si lo sabrá Carlos, y lo sabremos nosotras mismas (recuerde: dos horas con cuarenta minutos). El tiempo más largo del mundo.

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