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Las Tunas.- Migdalia tiene muchos motivos para ir cada mes a la farmacia. Al que lo dude le habla sin tapujos de su hipertensión, las constantes crisis de asma y los dilemas de la columna vertebral que la hicieron acogerse a la jubilación. También le cuenta del accidente cerebrovascular de su esposo y las secuelas que todavía carga. Ambos superan los 60 años. Viven solos.

Por eso, les llegó como un bálsamo la noticia de que, en medio de la Covid-19, a los muchos miedos que la acompañan desde que sale el sol, no tienen que sumar la necesidad de una cola interminable para comprar medicamentos.

Su historia es una de las de alrededor de tres mil 270 que se repiten por estos días en toda la provincia. Esa es la cifra de ancianos solos que habitan estas tierras. Son el grupo etáreo más afectado por esta pandemia y las autoridades sanitarias insisten en lo vital de llegarles hasta la puerta. Que no salgan de casa es, ahora mismo, una gran victoria.

La Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en Las Tunas y la Dirección Provincial de Farmacias y Ópticas laboran juntas en ese sentido. Han dado vida a un servicio de mensajería que permite alcanzar ese objetivo; y están satisfechos de los primeros resultados, aunque dista de ser perfecto el trabajo hasta la fecha.

María del Carmen Ochoa, directora de la Empresa de Farmacias y Ópticas en el territorio, reconoció a 26 Digital que poco más de 900 abuelitos no se han beneficiado aún con esta medida. Una situación que es más evidente en algunos repartos de esta ciudad, como Casa Piedra. En tal sentido hizo un llamado a la población tunera: “Si usted conoce a una persona que vive sola y todavía no ha sido visitada para insertarse al servicio de mensajería llegue hasta la farmacia más cercana. Nadie está desamparado en medio de esta situación”.

La experiencia, también insistió, exige capacitar constantemente al personal que se ha ido sumando a la tarea. La mayoría de ellas resultan miembros activas de la FMC.

“Dispensar medicinas es algo sumamente serio, además de las federadas, los maestros y trabajadores del Inder, que se nos han sumado, tienen que ser debidamente adiestrados. Imagine el riesgo de entregar un fármaco en lugar de otro a un abuelito; por eso hay que hacer las cosas bien.

“Es una práctica que inicia en la provincia y sabemos que todavía nos falta; pero estamos muy contentos con el esfuerzo de la gente y, sobre todo, con la ayuda que esto significa para muchos hogares".

La experta destacó, asimismo, los trabajos constantes en todos los municipios de la provincia. “En algunos de ellos está el esfuerzo latente de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Muchos han organizado desde los barrios este proceso de ayuda y todo ha sido más fácil. Los vecinos llegan hasta los dispensarios con los tarjetones y las recetas de los más vulnerables. Esta situación tan compleja ha hecho que encontremos nuevas formas de solidaridad”.