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Las Tunas- Cuarenta años después, Luis Rodríguez Pupo conserva intacta la memoria de aquel 14 de junio de 1980: cita nombres, acontecimientos, palabras, recomendaciones. Los detalles pudieran perderse en la niebla de los años o por tanta vida vivida; pero la mente guardó lo trascendente porque esta historia debe ser contada, escuchada y leída.

‟Es un momento inolvidable, el solo hecho de tener al Comandante en Jefe presente ya era una cosa grandiosa”. El especialista de Segundo Grado, profesor auxiliar y consultante, habla de la fundación del hospital Ernesto Guevara de la Serna, una obra que nació fruto del pensamiento estratégico de Fidel y que hasta el día de hoy perdura como huella de su genio y de cuánto, con voluntad, es posible alcanzar.

”Fidel llegó por el vestíbulo. Había mucha aglomeración de personas y pensé que esto nos impediría movernos, pero ¡qué va!, todo estaba perfectamente estructurado. Él pidió que le mostráramos el hospital, dijo que disponía de tiempo y solicitó ir a los sitios más significativos. Así se hizo”.

Poco más de dos horas duró aquel recorrido en el cual visitaron las áreas del policlínico, la Fisioterapia, el salón de operaciones y los de parto, los servicios de Imagenología y el laboratorio clínico, reseña Rodríguez Pupo.

‟Indagaba constantemente por todo y se interesó en particular por lo referido a la Fisioterapia. Recuerdo que en el laboratorio le preguntó al ministro de Salud si estaba previsto el plan de desarrollo técnico y profesional. Y sí, estaba concebido, pues ya en esos momentos funcionaba el Politécnico de la Salud; aunque aún no existía la Escuela de Medicina, que vino después. Fidel quedó satisfecho y nos exhortó a continuar esta obra y desarrollarla”.

Y así se hizo. A través del tiempo hombres y mujeres, como el doctor Luis Rodríguez, han consagrado inteligencia y dedicación a esta obra cubana que nació en medio de limitaciones y ha debido sortear, desde entonces, las carencias materiales y las dificultades propias del ser humano porque, como bien señala el también profesor, es muy difícil ‟entrar en la mente de más de mil trabajadores, pero aquí se trabaja con dedicación”. En el año 1980, señala, eran poco más de medio millar de empleados. La joven Revolución y el colectivo del "Guevara" tenían mucho camino por andar en el propósito de hacer de la Salud Pública conquista de un pueblo.

‟Antes del 26 de julio de ese propio año, ocasión en la cual Fidel también visitó Las Tunas, abrimos el servicio de hospitalización, tras el traslado de esta asistencia desde el 'Mártires de Las Tunas' hasta acá. Era como una gota de agua en un cubo. Teníamos una gran capacidad hospitalaria, pero no contábamos con el recurso humano necesario. Así y todo, fuimos trabajando y en octubre trasladamos la maternidad. Paralelamente al incremento de los servicios crecimos en capital humano, ya en 1981 hicimos una graduación simbólica de cerca de una decena de jóvenes que estudiaban en Holguín y terminaron la carrera de Medicina aquí”.

Poco a poco se fue gestando en el Balcón del Oriente Cubano el denominado Combinado de la Salud: la Facultad de Ciencias Médicas, el Hogar de Ancianos, Banco de Sangre, Electromedicina, el Politécnico, el hospital psiquiátrico Clodomira Acosta, el "Mártires de Las Tunas" y el propio "Guevara".

‟Observadas de manera aislada pudiera parecer que cada institución cumple una función por separado, pero la verdad es que todas se articulan. Así fue como comenzaron a desarrollarse las Ciencias Médicas en Las Tunas. Hace 40 años, por ejemplo, no soñábamos con la Cirugía por mínimo acceso y hoy es una realidad, un proceder menos traumático para el paciente y con menos días de estadía en el centro. Además, tenemos un Departamento de Imagenología con un equipo multicorte y de ultrasonido de última generación con una capacidad diagnóstica formidable.

‟Poseemos, también, el Centro Oftalmológico, que es un hospital dentro de otro, con un desarrollo y unos resultados de alto nivel. Y así, tenemos mucho que destacar, como también muchas dificultades. Hemos transitado por momentos muy duros como el Período Especial, cuando tuvimos que adoptar decisiones difíciles y complejas; pero necesarias para mantener la instalación y sus prestaciones. Ahora enfrentamos la Covid-19, que ha puesto en tensión al país y al centro, felizmente estamos más cerca de restablecer los servicios tan necesitados por la población”.

Es la Medicina oficio de aprender cada día, profesión de sapiencias y referentes éticos compartidos; tal vez por eso en el recuento de este galeno tunero no falta el elogio y el agradecimiento a quienes legaron sus conocimientos a él y a cada generación. Tras casi dos años de dirección, el entonces joven director-fundador que había cursado una maestría en México en Administración de Hospitales, cambió la responsabilidad inicial por el ejercicio práctico de la carrera.

‟Me incorporé a una sala como residente de Medicina Interna. Y aunque fue una etapa algo difícil, aquí tuve una formación docente igual o mejor que en la capital del país. Quería tratar a los pacientes, ejercer, y hacia ese camino enrumbé mi vida”.

Desde 1984 hasta 1992, el doctor Luis Rodríguez Pupo fungió como subdirector del mayor centro asistencial del territorio, responsabilidad que alternó con la atención de salud. Cumplió misión internacionalista en Mali y luego en Angola. Hoy, es de los tantos que ejerce el magisterio y que hacen de obras como esta ‟un digno homenaje a la memoria de Maceo y del Che”, como expresara Fidel en aquella jornada fundacional.

Al cabo de más de siete décadas de existencia una máxima guía sus pasos, un norte que bien vale para las generaciones de hoy y que alguna vez, un médico revolucionario y combatiente dejara como legado a Cuba y al mundo: ‟…todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización”.