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El licenciado en Enfermería Abelardo Machado Aguilera ha estado a la vanguardia en el enfrentamiento a la Covid-19; primero en México y ahora en la capital cubana

Las Tunas.- En un país extranjero y en plena zona roja, atendiendo a pacientes de la Covid-19, el enfermero Abelardo Machado Aguilera sintió, literalmente, la tierra moverse bajo sus pies. No fue una invención suya a causa del estrés de aquellas intensas jornadas de trabajo; el 23 de junio último, en horas de la mañana, el Sistema Sismológico Nacional de México registró un fuerte sismo de 7.5 en la escala de Ritcher.

Había llegado a la nación azteca días antes como parte del contingente especializado en situaciones de desastres Henry Reeve, para ayudar a detener la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2. Eso lo tenía más que claro, y aquel temblor pudo sacudir los objetos a su alrededor, e incluso, suscitar temores, pero no desvió su propósito de salvar vidas.

Allí pasó tres meses entregando algo más que conocimientos: amor al ser humano.Y se trajo, como la mejor de las recompensas, la gratitud de los mexicanos que, según cuenta, pedían ser asistidos por el personal cubano.

abelardo1“Cuando eran dados de alta se despedían con mucho agradecimiento y cariño. La experiencia fue muy interesante, pues conocí un país considerado la segunda economía en Latinoamérica con avanzadas tecnologías. Sin embargo, no tienen suficientes profesionales del sector preparados para enfrentar esta pandemia.

“México tampoco posee un nivel de Atención Primaria, por lo cual se desconocen los grupos de riesgo y no desarrollan una labor preventiva; mucho menos se puede establecer un programa de aislamiento ni se ingresan los pacientes asintomáticos. Esta es la causa del alto número de contagiados y fallecidos. Nuestro sistema, aun con todas las carencias, es excelente comparado con el de esa nación”.

Más de 37 años en la Enfermería y su paso por la tierra de Benito Juárez y también por la de Simón Bolívar, tiempo atrás, le permitieron a Abelardo ampliar la visión y valorar aún más la Salud en Cuba, siempre perfectible, pero con méritos innegables.
                       

                                DE MÉXICO A LAS TUNAS… REGRESO A LA ZONA ROJA

A inicios de agosto, Machado Aguilera llegó a suelo tunero. Otra vez se hallaba rodeado del afecto y la seguridad que tanto añoró desde la distancia. Abrazar a su anciana madre y a su esposa le devolvió la sonrisa. Ahora disfrutaría de un merecido descanso al calor de los suyos, pero la pausa no duraría mucho tiempo.
Pocos días después, todavía en medio del período de aislamiento en el hogar, el deber llamó otra vez a su puerta. Ante la compleja situación epidemiológica en La Habana solicitaron su servicio para atender a confirmados de la Covid-19.

Confiesa su sorpresa porque acababa de regresar de México, pero comprendió la importancia de brindar apoyo, y junto a otros 41 colegas partió hacia su nuevo destino. “Acepté esta misión por el peligro que representa esta enfermedad para todos y la urgencia de erradicarla lo antes posible. Entiendo que si ya di mi aporte en otro país por qué no hacerlo en el mío cuando más me necesitan”.

En cada una de sus palabras, escritas vía WhatsApp, Abelardo deja al descubierto a un ser humano altruista, de carácter afable y al profesional consagrado; cualidades que, asegura, no deben faltarle a quien dedique su vida a la Enfermería.

“Trabajar con estos pacientes me ha permitido conocer bien sobre la enfermedad, sus síntomas, tratamiento y las acciones para enfrentarla. Considero vital el cumplimiento estricto de los protocolos de aislamiento para evitar el contagio entre los hospitalizados, así como las charlas educativas en cuanto al mantenimiento del aseo personal y el uso del nasobuco en todo momento”.

Reconoce que acostumbrarse a llevar puesto el traje de protección es un verdadero desafío, sobre todo en estas jornadas de calor abrasador. No obstante, afirma que “la seguridad que brinda resulta invaluable, y hay que usarlo”.

En el hospital Julio Díaz, en La Habana, adaptado para la asistencia a contagiados con el virus, se le ve con las mismas energías de siempre, extremando las medidas de bioseguridad. “Es un sacrificio estar lejos de la familia y de mi madre que ya casi llega a los 80 años, pero aquí estoy en la primera línea”.

Y agrega: “Pienso que el miedo es algo relativo porque en estos casos uno tiene como prioridad al paciente y está decidido a asistirlo sin importar el estado en que este se encuentre; lo que sí tomamos las precauciones para no acabar en el lugar del enfermo”.

Abelardo sabe que no habrá respiro posible mientras el virus SARS-CoV-2 circule en Cuba y en el mundo. Volverá, una vez más, a suelo tunero con la misión cumplida, siempre dispuesto a servir y a honrar su profesión. Y cuando todo esto termine preservará el regocijo infinito de haber contribuido en esta lucha por la vida.

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