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Ninos sin ampato familiar

Puerto Padre, Las Tunas.- Cuando el 11 de enero de 1994 abría aquí el hogar para dar abrigo a niñas y niños, que por azares de la vida quedaban sin protección segura de madres y padres comenzaban a tejerse historias de calor humano sin límites. Así, con el paso de los años y las décadas, la casa de niños sin amparo familiar Celia Sánchez Manduley se convirtió en un espacio donde renace la esperanza.

Los primeros en llegar son hoy hombres y mujeres que constituyeron familias y siguen bajo la égida estatal. A cada uno se les entregó vivienda y según la capacidad intelectual ascendieron en la sociedad con un oficio.

Recuerdo, sí porque en ese entonces hacía prácticas laborales de periodismo, la mirada dormida de aquellos infantes, casi todos menores de 8 años, incluso, Luisito estaba sin cumplir el primer calendario de vida. Oneyda Reyes Alonso, directora fundadora de la institución les acogía como madre buena y les prodigaba una infancia de ensueños.

Por aquella época el director municipal de Educación era Carlos Velázquez Hernández y para su haber profesional y personal la apertura del hogar Celia Sánchez Manduley constituyó uno de los momentos de mayor carga emocional. Haber cortado la cinta de inauguración es imagen intacta en su memoria.

Veintiséis años han transcurrido y el hogar es aún el sitio apacible donde confluyen amor y regulación conductual. Hoy permanecen en custodia ocho menores, que están distribuidos en las enseñanzas Primaria, Especial, Secundaria y Técnica Profesional.

El provecho de este tiempo les hace merecedores del Premio del Barrio, de la Coordinación Nacional de los Comités de Defensa de la Revolución.

El colectivo, de mujeres casi en su totalidad, permite el crecimiento espiritual de infantes y adolescentes. Se encargan de que en cada aurora la sonrisa sea quien predomine en los rostros marcados por la carencia de afecto sanguíneo.

Los de más edad protegen a los más pequeñines y andan de la mano, quienes la sangre une y los que nacen del alma.

La directora de la institución Guillermina Álvarez Ojeda, junto al resto de los trabajadores tienen ante sí, el reto de preservar el lugar como palacio de sentimientos sublimes hacia protagonistas del hogar de niños sin amparo familiar Celia Sánchez Manduley.