Martes, 29 Mayo 2018 06:30

Adolescencia: que no falten motivos para vivir

Escrito por Misleydis González Ávila

Las Tunas.- La adolescencia es una etapa llena de cambios que muchos abrazan con alegría; la oportunidad de tejer sueños y salir tras ellos. A otros, en cambio, les faltan esas visiones optimistas al punto de pensar en renunciar a todo, incluso, a la propia vida.

madley-psicologaMadley Rosa Parra García, especialista en Psiquiatría Infantil, explica que en el hospital pediátrico Mártires de Las Tunas incrementa la cifra de ingresos de intentos suicidas y la mayor incidencia es en el grupo de 15 a 17 años, aunque también se suman casos de chicos de Secundaria Básica.

Las causas de este fenómeno son diversas y aunque muchas parecen superficiales a los ojos de los adultos, representan un gran problema para el menor, el cual no pocas veces desconoce cómo enfrentarlos.

"A estas edades comienzan a enamorarse y aparecen los conflictos de parejas. Igualmente, se generan situaciones en el ámbito escolar y en el hogar; niños obligados a optar por carreras sin vocación, otros que no los autorizan a ir a una fiesta o no tienen la posibilidad de adquirir determinado artículo...

"Sin embargo, al estudiarlos no solo encontramos mecanismos de inadaptación a consecuencia de estilos de crianza (sobreprotección, permisibilidad, inconsistencia), sino enfermedades como la depresión y trastornos de ansiedad".

A decir de Parra, la depresión es la más habitual y la manifiestan de diferentes maneras; tienden a aislarse del grupo y a disminuir el rendimiento académico y el interés por las actividades afines a la edad (juegos, citas recreativas...).

El método más empleado en las tentativas suicidas es la ingestión de psicofármacos u otros medicamentos, sobre todo, por su fácil obtención. "Ingieren tabletas de cualquier tipo, sustancias tóxicas y con menos frecuencia intentan lacerarse con cuchillas alguna parte de su cuerpo".

Una vez que llegan a la institución médica son atendidos por el especialista en Pediatría para cuidar sus signos vitales y ofrecerles el adecuado tratamiento. Después que están fuera de peligro, un equipo multidisciplinario (psicólogos, psiquiatras...) conversan con el niño de manera individual, luego con la familia y finalmente, de manera conjunta.

"Hacemos pruebas psicológicas para confirmar lo que nos dice el examen clínico. Muchos de estos pacientes no necesitan tratamiento farmacológico, sino psicoterapia. Hay que enseñar al niño a utilizar los recursos ante situaciones que les resulten traumáticas sin auto-dañarse, y a educar a la familia en el manejo del adolescente".

En muchos núcleos familiares no se establecen límites y reglas al pequeño, y cuando crecen no saben enfrentar los conflictos. Hoy prevalecen las familias divididas, ya sea por misiones o emigraciones, los hijos se quedan al cuidado de parientes o amigos, provocando inestabilidad emocional.

"La función económica en disímiles ocasiones pasa a ocupar el centro de las preocupaciones, dejando a un segundo plano los afectos y la importancia de enseñar que el ser humano vale por lo que es y no por lo que tiene", reflexiona la especialista.

"Vivimos en una sociedad de personas deprimidas y desmotivadas casi siempre generado por el aspecto económico. La escuela instruye, pero es la familia la principal responsable de enseñar a amar el más preciado tesoro: la existencia. Hay que trazarse metas concretas; quienes tienen motivos para vivir no piensan en morir", concluyó.

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