Lunes, 01 Octubre 2018 12:26

En el Día Internacional de las Personas Mayores: Afecto a manos llenas

Escrito por Yuset Puig Pupo
En el Día Internacional de las Personas Mayores: Afecto a manos llenas Foto: ReyLópez.

Las Tunas.- Julián pasa de los 70 con una salud envidiable. Le gusta ir por la vida sin un brazo que lo guíe, aunque extraña el calor de la esposa de más de 50 años a su lado, esa dama que lo enseñó a andar con sigilo, siempre a la izquierda en el camino, y que cumplió todas sus promesas, salvo la más importante... y se fue primero de este mundo.

Acostumbró a las familias de sus hijos a dos visitas semanales. Él acostumbraba a llevar alguna vianda y en cuanto llegaba se ponía a limpiar los patios o a arreglar algo. Le satisfacía ayudar a los suyos, desde el papel de patriarca, aunque perdiera toda la jerarquía con los nietos más pequeños.
Hace unos meses los hijos notaron que la mayoría de las camisas de Julián están raídas, los pantalones manchados y el rostro solo lo rasura a medias, según el alcance de la vista y lo que la precisión de la mano permita. El hogar donde todos nacieron perdió el brillo y el confort, el viejo es demasiado caprichoso para dejar que alguien vaya a poner orden, a él le agrada limpiar lo que ensucia...
En un concilio a sus espaldas se decidió la suerte del anciano. Y en pocos meses vendieron la casa y se lo distribuyeron seis meses para cada uno. Hoy Julián es algo así como una sombra en un portal que pese a todo lo previsto le resulta extraño, y cuando empieza a sentirse a gusto tiene que recoger sus pertenencias y comenzar de nuevo en otra casa, con otra familia, con diferentes normas.
Quienes lo conocen de toda la vida, hoy apenas lo reconocen. La verdad es que va mucho más limpio, con ropa nueva y bien pelado, pero aseguran sus compañeros de cola, que la picardía, el optimismo, el deseo de ayudar a los demás se esfumó de Julián. Y es que por primera vez comenzó a sentirse viejo.
Como la de este septuagenario, hay numerosas historias a la vuelta de esta ciudad, unas incluso más tristes, porque no es un secreto para nadie que muchas familias se desentienden de los abuelos o los recluyen en hogares de ancianos para no tener que lidiar con sus necesidades.
La tercera edad es una etapa con conflictos muy puntuales en la vida de cualquier persona que, según los psicólogos, se presenta como un declive de todas aquellas estructuras que se habían desarrollado en las etapas anteriores, con lo que se dan cambios a nivel físico, cognitivo, emocional y social. Es el momento cuando afloran miedos, inseguridades, entonces la persona se encuentra disminuida en franco deterioro.
Ante tanto gris en la mente de los abuelos se impone como familia, por sobre todas las cosas, respetar sus individualidades. Hay que ayudarlos a transitar cada día, pero sin menguar sus capacidades, o sus derechos. Es la hora de devolver todo el cariño, la paciencia, y la dedicación que recibimos en la vida, que cambió pañales, nos enseño a andar, a hablar y toleró nuestros excesos de adolescentes, y la inmadurez o la terquedad de adultos. Es la hora de asir las manos donde también crecieron nuestros hijos.
El discurso en pretérito de los más longevos siempre me ha parecido triste. Pero a ellos les place hacer mil veces el mismo cuento, alardear de sus años mozos, sentirse sabios e importantes. Es un regalo tenerlos durante muchísimo tiempo, quienes no tuvieron la misma suerte saben exactamente cómo duele... La tercera edad requiere compañía, comprensión, y a manos llenas, mucho afecto.

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