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Visto: 1929

Manuel Escobar Almaguer
Las Tunas.- Desde hace más de 65 años, Manuel Escobar Almaguer es parte de la historia cubana, la que se forjó desde aquellos días tenebrosos en los que muchos jóvenes amanecían tiroteados en cualquier esquina de las ciudades y los poblados o a orillas de las carreteras.

Corría el mes de abril de 1958 y el joven estudiante de Bachillerato fue detenido aquí, en esta urbe que todavía recorre con frecuencia, a pesar de sus 82 años de edad. Tras muchas gestiones familiares y, hasta por suerte fue liberado, y entonces su vida se hizo clandestina. Luego no hubo otro camino que el que conducía a la Sierra Maestra.
"Eso fue en octubre. Subimos pensando en buscar armas y cuando nos encontramos con Fidel Castro Ruz nos dijo que no tenía. Y nos mandó para la escuela de Minas de Frío hasta el 8 de noviembre. Luego hicieron una solicitud de 250 reclutas y yo estuve entre ellos.
"Fuimos para la Comandancia de La Plata y allá nos dijo que iríamos en la retaguardia, que las armas las conquistaríamos durante los ataques a los cuarteles. Y así fue en Guisa y en otros tantos combates hasta el Triunfo de la Revolución".
Fueron momentos muy emocionantes que Manolito -como se le conoce en Las Tunas- narra con mucha fluidez a quienes se interesan por esos temas, ya sea en su vivienda de la calle Francisco Vega o en las escuelas, para que los niños sepan de nuestra historia.
Él no estuvo en la Caravana de la Libertad que llevó a Fidel a La Habana, porque su misión era otra. Lo mandaron al hospital Saturnino Lora, de Santiago de Cuba, todavía en construcción. Después, al Castillo del Morro, y más tarde al aeropuerto Antonio Maceo.
"A inicios de agosto del '59, Fidel llegó en un helicóptero. Lo saludé y también a Celia Sánchez Manduley. Aproveché y le dije a ella que yo quería seguir estudiando, aunque estaba dispuesto a hacer lo que me orientaran. Pero, me mandaron a La Habana, a Ciudad Libertad.
"Cuando llegué me dijeron de un curso de Agrimensura, que antes no le decían Topografía. Empecé, me gradué y me integré al Cuerpo de Ingenieros del Ejército Rebelde. Nos dieron la tarea de hacer levantamientos para construirles viviendas a los obreros de los centrales.
"Trabajé en siete lugares y, al terminar, me dieron pase para venir a ver a la familia. Cuando regresé pidieron tres voluntarios para trabajar en Cayo Largo, a hacer levantamientos para el desarrollo turístico. Y hasta allá fui; pasamos muchas situaciones; pero, hicimos lo que debíamos".
El entonces Instituto Cubano de Cartografía y Catastro, adscrito al Ministerio de Obras Públicas, pasó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y pidieron a 18 compañeros. Ahí también estuvo Manolito desempeñando diversas funciones hasta que se jubiló en lo que entonces era el Instituto Cubano de Geodesia y Cartografía.
Pero, en medio de esa extensa vida laboral hubo otros momentos importantes para este humilde hombre, en lo personal, y para los cubanos en general. Dos de ellos fueron la Lucha Contra Bandidos y la invasión norteamericana por las arenas de Playa Girón.
"Estando en Matanzas, en Colón y Calimete, por las noches dábamos clases a los milicianos, los enseñábamos a marchar y a disparar. Allá supimos del alzamiento de Campito y de Tondike y salíamos a perseguirlos. Les hacíamos cerco y se nos iban.
"De ahí a Cienfuegos, Las Villas y a Sancti Spíritus, en la limpia del Escambray. En marzo del '61 nos desmovilizan y a los pocos días, lo de Girón. Eso fue estando en Cienfuegos y allá volví a ver a Fidel, quien nos indicó estar pendientes de un posible desembarco por la zona sur. Incluso, habló de que podían entrar por Girón.
"Unos se enviaron para el central Australia, otros para Girón, vigilantes. Cuando nos avisaron de la invasión nos organizamos y cruzando la bahía ya vimos los aviones con la bandera cubana, bombardeando. Íbamos haciendo la exploración y avanzando de noche, para evitar muertes.
"La historia lo ha dicho. Perdimos a muchos compañeros; pero le propinamos una buena derrota al enemigo cuando tomamos San Blas. Y de ahí a avanzar a Girón. Con nosotros, Fidel. Cuando llegamos ya estaban el Gallego Fernández (José Ramón Fernández Álvarez) y la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) con Efigenio Ameijeiras Delgado.
"Luego, la orden fue hacer cercos para coger a los mercenarios que estaban escondidos en toda la ciénaga y respetarles su integridad física, porque ese fue uno de los principales preceptos de Fidel, desde la Sierra y durante todo el proceso revolucionario".
Por toda Cuba anduvo el destacado tunero, a veces en funciones de trabajo y en otras ocasiones como combatiente. Pero, en cada lugar estuvo haciendo el bien para las generaciones que desde entonces han continuado defendiendo la soberanía de la nación.
Hoy lo acompañan su esposa, desde hace 58 años, tres hijos y tres nietos. Todos estudiaron y se hicieron profesionales, amparados en el enorme ejemplo del horcón familiar, quien se mantiene activo para la Patria y el Partido Comunista de Cuba.
Muchísimas veces, bajo el fragor de las balas, su vida corrió peligro; sin embargo, nunca pensó en retroceder hasta la comodidad de su hogar. Hoy mira sus medallas con intenso orgullo y razón tiene para ello. Pocos cubanos son combatientes de la clandestinidad, el Ejército Rebelde, la Lucha Contra Bandidos y Playa Girón.
"Parafraseando a Nicolás Guillén, tengo lo que debo tener. Y por ese tener lucho y lo haré hasta el último respiro que me quede".