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Miércoles, 18 Enero 2017
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Cuando los prejuicios pintan de azul

  • Escrito por Yuset Puig Pupo y Zoila Pérez Navarro

manos-pintadas2Luis no ha nacido aún, pero es el sueño de mamá. A esta altura ni siquiera ha sido concebido, es la ilusión de una pareja que siempre ha soñado con un "machito" en casa. La futura madre ya lo piensa como el guardián de la hermanita que deberá llegar después, mientras papá lo imagina corriendo por el campo de fútbol de su barrio e inventando piropos simpáticos para las niñas bonitas.

Luis no existe todavía y ya hay todo un guion listo para que lo protagonice. Mucho se habla y escribe sobre el precio que pagamos nosotras por formarnos en sociedades machistas, en la que tenemos que librar constantes batallas para no ser esclavas de las voluntades masculinas e incluso de la noción de mujer, tan estigmatizada. Pero, ¿pierden menos los varones, también con un rol signado por su sexo y no por sus identidades propias?

El patriarcado predestina y mutila la libertad de los hombres. Basta saber que llegará un nuevo niño al hogar. De inmediato el universo que lo espera empieza a teñirse de azul y el cajón de los juguetes a llenarse de carritos y pistolas. Nadie sabe si luego adorará el color rosa o querrá hacer de sastre, cocinero o estilista.

Pasarán unos cuantos meses y algún familiar le enseñará a defenderse desde chico a los puños y censurará las lágrimas explicándole que son "cosa de niñas". Y ¡ay de él si en el juego de las casitas no se sienta a esperar la comida periódico en mano!

De jovencito será suya la responsabilidad de enamorar a las muchachas y la de preparar su billetera para proveer a la novia. Para mostrar su "hombría" cederá a la presión social y probará bebidas que no siempre disfrutará o será promiscuo aunque ame a una sola mujer. Y años después, tras el trabajo, cumplirá la "misión" de castigar a los hijos, porque ante las travesuras, su esposa les habrá advertido: "prepárense para cuando llegue papá".

Todo está escrito. No por la sabia naturaleza, ella solo dispuso que sería varón. El matrimonio entre sexo y género lo condicionamos los humanos. Fue nuestra la decisión de marcar tantos límites entre lo femenino y lo masculino, son de nuestra autoría todos los tabúes y por tanto está en poder nuestro la "deconstrucción" de esos esquemas. El tiempo ha demostrado que es posible, pues hace unas décadas nadie imaginaría que los "pepillos" vestirían short corto o camiseta floreada, posarían para fotos de quinces, afeitarían su cuerpo o depilarían sus cejas.

Luis será sin dudas un niño rodeado de mucho cariño. Y de grande, será un hombre, no por las apariencias, o las preferencias sexuales, o la ocupación y el color que prefiera. Será un hombre por convicción, no por correcto, aceptable, o tolerable que parezca a los ojos de la sociedad.

 

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