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Miércoles, 18 Enero 2017
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Humanos con derechos

  • Escrito por Juan Morales Agüero

doctora-nino2Los éxitos conquistados por Cuba durante más de 50 años en el terreno de la salud pública son conocidos y reconocidos en todo el planeta. No existe un solo rincón del archipiélado al margen de sus programas. La atención médica, por ejemplo, no solo es gratuita, sino también masiva. Enfermedades que en otros países son endémicas, aquí se han erradicado por completo. Es que el Estado cubano le confiere una alta prioridad a este sector, en tanto constituye uno de los principales indicadores para medir el desarrollo de una nación.

 

En los hospitales, un ingresado recibe las atenciones más esmeradas. Desde confortables cubículos para el descanso hasta todo tipo de exámenes y análisis. Ni él ni su familia desembolsan un solo centavo, aunque la estancia se prolongue durante meses. Si necesita un fármaco del área de moneda convertible, se le busca, cueste lo que cueste. Es que en un país como Cuba no hay nada que supere en importancia a la vida de un ser humano.

La alimentación de los hospitalizados merece un comentario particular. Ni siquiera en los días más difíciles de la recesión económica cubana de los años 90 se dejó de tener en cuenta. A pesar de la falta de materias primas y de la escasa entrada de insumos al país, los enfermos nunca dejaron de efectuar sus comidas reglamentarias. Eso nos llena de orgullo, pues dice mucho del alto grado de sensibilidad mostrado por las autoridades al respecto.

En la dieta de un ingresado en un hospital cubano no faltan los ingredientes tradicionales, tales como carbohidratos, proteínas y grasas. Es una práctica generalizada el consumo de vegetales frescos, ricos en vitaminas. También a los enfermos se les sirve leche, carne y huevos, en dependencia de sus respectivos estados. En las instituciones se suele llevar un control estricto de la alimentación orientadas por los médicos. Los encargados de cumplimentar a fondo la tarea acostumbran a tomársela muy en serio.

En las instituciones médicas cubanas los ingresados no consumen los alimentos que sean capaces de pagar, sino los que sus anomalías sean capaces de exigir. Cada año las autoridades del sector planifican millones de pesos para que la dieta de un enfermo cumpla con el objetivo de contribuir a que el menesteroso se cure en el menos tiempo posible. Se trata de un respeto legítimo de los derechos humanos del individuo.

El tratamiento alimentario que reciben los ingresados en los hospitales de la mayor de Las Antillas nos llena de satisfacción. Las circunstancias le pueden poner limitaciones a nuestra cazuela doméstica de hoy. Pero ningún hospitalizado se ha ido nunca a la cama con el estómago vacío. Solo un país como el nuestro, donde el ser humano es lo fundamental, puede lograrlo.

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