
Las Tunas.- Parte importante de quienes respondieron la encuesta reciente de periódico 26 pidió más contenidos culturales dirigidos a los jóvenes y mayores posibilidades de participar en la vida artística de Las Tunas. La inquietud merece atención porque apunta a una relación que necesita fortalecerse.
¿Dónde encontrar espacios para compartir intereses, conocer a otros creadores, desarrollar una vocación o, sencillamente, disfrutar de propuestas que hablen el lenguaje de las nuevas generaciones?
La Asociación Hermanos Saíz (AHS) figura entre las respuestas posibles. Su trabajo reúne a jóvenes escritores y artistas, ofrece oportunidades a quienes se interesan por la investigación, la crítica y la promoción cultural. La organización dispone de secciones que permiten encauzar distintas inquietudes creativas y mantiene una programación de peñas y encuentros con la intención de acercar nuevos públicos a su sede.
Según explica la presidenta en la provincia, Ana Margarita Arada Clavería, el primer paso para llegar a la sede de la vanguardia artística no exige pertenecer a ella ni contar con una trayectoria artística. Basta con acercarse a las actividades y conocer sus propuestas. La incorporación formal requiere una solicitud personal, el llenado de unas planillas con los datos del aspirante y una muestra de su obra. Quien escribe puede presentar textos; quien compone música, las canciones. El expediente no necesita una carrera extensa, pues parte de la función de la AHS consiste precisamente en acompañar el crecimiento de sus miembros.
Esa puerta de entrada resulta importante para quienes todavía no saben cómo convertir una inclinación en un camino artístico. La existencia de una organización, sin embargo, solo resuelve una parte del problema. También importa que sus espacios despierten interés, mantengan continuidad y respondan a las búsquedas de un público que no siempre encuentra en la oferta habitual aquello que desea escuchar o conocer.

OFERTAS SOBRE LA MESA
La AHS tunera tiene una programación variada, reúne propuestas musicales y literarias. Entre las peñas de música figuran Cien metros de canciones, de Freddy Laffita; la dedicada a la trova, por Iraida Williams; y Luna creciente, impulsada por Jesús Ricardo Pérez Sicilia, vicepresidente de la organización. En literatura, Sinestesia, del escritor Eduardo Rosell, mantiene un espacio para el encuentro con las letras. Estas iniciativas sostienen una relación directa entre los creadores y quienes se acercan a escucharlos, una cercanía que favorece el descubrimiento de nuevos intereses y estimular la participación.
La música electrónica, el hip hop, el rap y el rock también tenían su lugar en la programación sabatina de la sede. La situación energética limitó completamente la realización de esas citas y redujo las posibilidades de mantener una oferta estable. La dificultad afecta, en particular, a los géneros que suelen reunir a públicos más jóvenes y que necesitan espacios de circulación para llegar a quienes los siguen.
La organización mantiene, además, cuatro eventos fundamentales en su calendario. La Pupila Archivada, dedicada a los performances e intervenciones públicas, celebrada en abril; Guernica, que convoca en agosto a las artes visuales; Portus Patris, ocupa septiembre con la literatura, y Entre Música, cierra el ciclo en noviembre. Cada encuentro ofrece una vía para visibilizar la creación y reunir a artistas o aficionados alrededor de una manifestación específica. Espacios donde todos los jóvenes interesados pueden participar.
CONTRA VIENTO Y MAREA
Sostener ese calendario no es nada fácil, exige adaptar las aspiraciones a las condiciones disponibles. Desde que asumió la dirección en 2023, Ana Margarita ve crecer las dificultades asociadas a la situación económica y energética del país, la reducción de los recursos humanos y el éxodo de artistas. A ese panorama se suma una particularidad del territorio, que carece de academias especializadas en artes plásticas y ballet, como las existentes en otras provincias. La ausencia de esas instituciones limita la formación temprana y reduce el flujo de jóvenes con preparación artística hacia los espacios de creación.
Pese a esas circunstancias, la organización no suspende sus principales eventos. Busca alternativas para mantenerlos y recuperar encuentros que dejaron de celebrarse durante años. El precio de esa continuidad se advierte en la reducción de su alcance. Si antes algunos eventos conseguían atraer participantes de otras provincias, este año Portus Patris, por ejemplo, recibió a una sola persona procedente de otro territorio, mientras Guernica y La Pupila Archivada se desarrollaron con talento local.
La decisión de preservar sus citas habla del empeño de sus organizadores, aunque también expone los límites de una programación que necesita intercambios, circulación artística y contacto con otras experiencias para crecer. El talento local sostiene buena parte de la actividad, pero su desarrollo requiere oportunidades de confrontación y colaboración más allá de las fronteras provinciales.
En paralelo, la AHS ha reforzado el trabajo comunitario mediante el proyecto El Arte Nos Une. La iniciativa acerca sus integrantes a las escuelas y otros espacios, con especial atención a los niños. La intención consiste en llevar las propuestas culturales hasta personas que rara vez acuden a la sede. Las condiciones actuales también influyen en esa decisión, pues cuando el transporte, los horarios domésticos y las dificultades cotidianas complican los desplazamientos al caer la tarde, esperar que el público llegue por iniciativa propia puede dejar fuera a quienes más necesitan oportunidades de acceso al arte.
Moverse hacia las comunidades permite explorar otra relación con los públicos. La cultura sale del espacio institucional y entra en contacto con experiencias diversas, incluidas aquellas que no suelen aparecer en los circuitos habituales.
LA EXHORTACIÓN ESTÁ HECHA
La encuesta del periódico 26 coloca una preocupación concreta sobre la mesa. Los jóvenes quieren más contenidos culturales afines a sus intereses y buscan formas de sentirse parte de la cultura tunera. La respuesta exige conocerlos, abrir canales de participación y ofrecer información clara sobre los espacios disponibles. También requiere que las propuestas no se limiten a quienes ya frecuentan las instituciones o conocen de antemano el funcionamiento de la vida artística.
La AHS dispone de una estructura desde la cual trabajar en esa dirección. Sus peñas, eventos y proyectos comunitarios constituyen puntos de entrada para quienes desean acercarse al arte, y el procedimiento de ingreso permite que una vocación incipiente encuentre orientación. El desafío consiste en convertir esas posibilidades en una relación cada vez más amplia y estable con la juventud de la provincia.
El interés expresado por los lectores merece seguimiento. Conocer qué actividades desean, qué manifestaciones despiertan su curiosidad y qué obstáculos les impiden participar ayudaría a ajustar la programación a necesidades reales. La comunicación entre las instituciones culturales y sus públicos no puede depender únicamente de que las primeras anuncien sus actividades; necesita escuchar las inquietudes de quienes deberían encontrar en ellas un espacio propio. El siguiente paso consiste en conseguir que quienes se acerquen encuentren motivos para regresar, posibilidades para crecer y un lugar desde el cual aportar sus propias ideas a la vida cultural de este terruño.