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Las Tunas.- Fuentes consultadas por 26 indicaron, siendo conservadoras con el dato, que son alrededor de cinco mil los pozos artesanos que se han construido en Las Tunas en los últimos años; y, de la mano del complejo panorama que luce acá el abasto de agua, la cifra tiene una marcada tendencia al incremento constante.

Por supuesto, no creo que exista un solo mortal en estas tierras que considere que buscar una solución alternativa al suministro del líquido es algo malo; eso, a pesar de que el costo por metro de profundidad anda ahora sobre los 20 mil pesos. Conozco a un tunero, por ejemplo, que ya va por los 13 metros picando y nada. El agua, sin entender que no hay bolsillo que aguante, parece gustar del picacho sobre la roca dura que blinda su llegada a la superficie desde hace varios días en el patio de su añeja casa.

Las autoridades reguladoras confirman la aceptación oficial del asunto, y recuerdan que desde el año 2017 se aprobó la Ley 124 de las aguas terrestres y quedó establecido un grupo de usos que no necesitan permisos.

Así lo explicó Erichel Martínez Betancourt, subdelegado de Recursos Hidráulicos. “No se requiere autorización para la extracción de agua subterránea con fines domésticos, o para el abastecimiento animal con fines de autoconsumo racional”.

El directivo detalló que el asesoramiento a la población por parte de su entidad se limita a quienes se acercan a preguntar y son atendidos con celeridad y buenas maneras; y también dijo que los laboratorios que ellos lideran no están concebidos para brindar servicios en lo referido a la calidad del agua que extraen en cada casa. La estudian más bien para el desarrollo de la infraestructura hidráulica del territorio.

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“En la provincia 966 pozos son patrimonio hidráulico. De ellos, 124 pertenecen a la red de estudios hidrogeológicos (para conocer cómo se comporta el nivel del manto freático, la salinidad en esa zona y otros factores). Otros 212 son fuentes de abasto subterráneas; y así, distintas funciones”.

Pero hay mucha indolencia. De eso habló el directivo. “En la ciudad de Las Tunas, por ejemplo, como medida de enfrentamiento a la intensa sequía del año 2005, se construyeron entonces 120 pozos en las comunidades y les ubicaron bombas de mano a la mayoría.

“Todos están bien localizados y ahora andamos revisando las condiciones puntuales de cada uno. Porque muchos dejaron de usarse cuando las fuentes de abasto se restablecieron. Ya hemos encontrado alrededor de 20 llenos de escombros. Habrá que revisar entonces la calidad del agua en los otros que quedan por visitar”.

Por Erichel conocimos que la profundidad con la que yacen las aguas subterráneas en Las Tunas oscila entre los 4 y 5 metros, dependiendo, claro está, de si estamos en período seco o lluvioso; y que la calidad, según los estudios realizados, tiene en algunas zonas cierto nivel de contaminación.

“El agua del acuífero de la ciudad capital, que forma parte del macizo hidrogeológico del centro de la provincia, posee bajo nivel de salinidad y, generalmente, es bastante apta para el consumo desde el punto de vista físico. Si analizamos el bacteriológico, dependerá de las fuentes contaminantes que existieran cerca a lo largo del tiempo (desechos, residuales, contaminación en cañadas cercanas)”.

El Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología es el ente que tiene la responsabilidad de realizar los análisis confirmatorios a la gente de lo óptimo o no del agua que sale del pozo de su hogar. La directora, Yumara Acosta García, insiste en la confiabilidad del proceso, pero, además, en lo difícil que se torna mantenerlo activo en las actuales circunstancias.

“Estamos reordenando la recepción de las muestras ante el incremento de los pozos en el territorio, fundamentalmente la ciudad de Las Tunas.

“Es compleja la situación de los reactivos. Eso hace que mayormente realicemos los análisis físico-químicos y parte del bacteriológico; y, a pesar de todo, las personas que acuden salen con los resultados concretos, aunque no sea al momento. Es un tema que seguiremos perfeccionando por su importancia para la población y la salud en general”.

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                                                     ¿DÓNDE LO QUIERE? ¿AQUÍ? PUES YA ESTÁ: A CAVAR

A ese entramado de lo establecido y las muchas carencias que lo rondan hoy se suma el peso de la tradición; porque da igual si el pozo encargado es de brocal o tubular (hecho con máquina), lo cierto es que la mayoría guarda un vínculo directo más con la práctica que con algún estudio hidrogeológico sólido. Y tal dinámica, en temas de salud y responsabilidad, puede ser peligrosa.

Al respecto 26 conversó con la arquitecta Tania Vázquez Góngora, subdelegada de la Delegación Provincial de Ordenamiento Territorial y Urbanismo (Inotu). Ella confirmó que no es un ejercicio habitual que las personas se acerquen a la entidad para pedir autorización a la hora de hacer un pozo, ni siquiera una cisterna; y confirmó que se cometen muchas indisciplinas.

“En el caso de la norma cubana para este tipo de construcción, siempre se pone como requerimiento la distancia que debe tener de los posibles focos contaminantes. No pueden ubicarse a menos de 15 metros de fosas y letrinas sanitarias. Ese es el mínimo.

“La edificación de una cisterna, por ejemplo, siempre se localiza en sentido contrario a donde está la solución de residuales; si la una se encuentra al frente de la vivienda, la otra procede al fondo. Porque normalmente el promedio de las parcelas en la ciudad de Las Tunas tiene 150 o 200 metros cuadrados; cuando vienes a ver la distancia que hay entre la línea del frente y el fondo son de 15 o 20 metros, estás ras con ras.

“Muchas de las personas que construyen pozos sin asesoramiento no se dan cuenta de que en una manzana existen varias parcelas y viviendas; y cada una de ellas tiene una solución para los residuales. A veces no sabes si tu vecino dispone de fosas o letrinas al fondo de la casa, por ejemplo, que distan menos de lo que debe ser con el pozo que estás haciendo; y tienes ahí el foco contaminante.

“Lo segundo es que debe hacerse dentro de lo que el poblador o la entidad tiene en propiedad, como regula la ley”.

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En ese sentido, la directiva comentó que es un asunto que preocupa más en las zonas urbanas que en las rurales, porque en estas últimas no existe acueducto, por lo que la población está acostumbrada a tal tipo de solución y domina mejor lo concerniente a su construcción. De hecho, con frecuencia llega a alejar las obras por encima de lo que establece la norma, algo posible debido a que las parcelas suelen ser mucho más extensas.

“En el centro histórico de la urbe capital, por ejemplo, las casas son medianeras; incluso, muchas no tienen pasillos laterales, espacios de jardín, terrazas; por tanto, la única solución es hacerlos al frente, en aceras, en espacios públicos.

“Ahí no proceden, y no es un capricho. Sucede que esa acera (en muchos casos con un ancho reducido de 60 centímetros o 1 metro) es un terreno público, estás creando una barrera arquitectónica y el día de mañana pasa algo y no tienes nada que reclamar, por ejemplo”.

Cuando explicaba limitantes destacó la situación puntual de los patronatos en la ciudad, referidos a lugares con restricciones. Entre ellos destaca el ferrocarril, que dispone de una franja de 20 metros a ambos lados en los que no se puede construir, porque va en contra de la seguridad de la línea, que es nacional.

Los ríos tienen una franja de protección, así como las presas; también las vías públicas poseen un dueño, porque son de uso colectivo.

Le preguntamos a Vázquez Góngora si se toman medidas en esos sitios y su respuesta es clara, directa, pero un poco desalienta.

“Cuando la gente construye en un punto erróneo dentro de la vivienda, no tenemos manera de saber; nos enteramos en algunas ocasiones ante la denuncia de un vecino al que le afecte lo edificado. Sucede distinto cuando lo concretan en perímetros comunes.

“Hay quien ha hecho pozos al límite de la acera, por ejemplo, y eso es una violación. Se realiza una acción de apercibimiento cuando están haciendo la obra, en una segunda visita se le pone una multa y a veces se acaban las facultades y el inspector lo pone entonces en dominio del dueño del espacio, que es Comunales, en este caso, porque afecta la accesibilidad, la imagen, el cuidado.

“A veces, no pasa nada más; pero hasta ahí llegan nuestras facultades”.

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                                                                                                   …

Dicen que es la necesidad la madre de la inventiva; y esta tunera, que ya ha visto pozos naciendo en las esquinas, la sala de algunas viviendas y los recodos más insospechados, sabe, como todos, que la lógica apremiante de estos tiempos es “resolver, garantizar, seguir adelante”, algo así. Eso explica que pululen los que, con 30 o 50 centímetros de ancho y hasta menos, den algo de calma a la cotidianidad de los hogares.

Otros problemas son entendidos como menores hasta por los más avezados (efecto de las crisis) cuando de esto se trata. De ahí que, asuntos medulares como el riesgo de salinidad de los que se realizan en los asentamientos cercanos al mar en los municipios de Jesús Menéndez, Puerto Padre y Manatí, o la urgencia de mantener los ya existentes, más que cavar nuevos huecos cada vez que las lluvias se ausenten por meses, son desafíos tremendos que a ratos se escurren ante la urgencia por el líquido.

No es este un reportaje escrito para leerse como traba, tampoco tiene la intención de minimizar el efecto positivo del agua que se arranca a esta tierra de sequía cruda y cíclica para beneficio de casa (a pesar de que sería muy bueno ponerles cascabel a los precios).

La intención es que no pasemos por alto lo urgente de hacerlo bien; lo perentorio de conocer el lugar en que estamos enclavados, o la morada que tiene la fosa cerca, aunque no se vea y “casi nunca la use”. Además, entender el riesgo de una disputa que a la larga pierde “el que pone el dinero”, porque decidió hacer el pozo con el vecino que luego se mudó de ahí, y dejó la construcción en el patio que, algún día, habían decidido compartir desde la palabra, sin que mediaran papeles.

Lo simple puede volverse complejo en las profundidades de los temas de pozos. Sobran las experiencias.