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Las Tunas.- Rodeado de caña, con el peculiar rezumbar del aire entre el fruto espigado y el aderezo lejano a cañaveral quemado, Juan Barceló se quita el sombrero para hablar sobre su compromiso con la zafra, un pacto que desde suelo manatiense se honra, por más que los inconvenientes se multipliquen.

Como jefe de pelotón de la unidad básica de producción cooperativa (UBPC) Mario Gardé, el compromiso se agiganta y a veces es tan pesado como la KTP, única maquinaria con la que cuentan ahora mismo para el corte, desde que la otra se paralizó por el turbo y no han encontrado una solución todavía.

Un tractor movedor y tres camiones conforman la flota que lleva la sacarosa hasta el coloso Antonio Guiteras, pero, a decir del directivo, no solo la falta de combustible anda haciendo mella por allá.

"Empezamos no muy bien, pero tampoco tan mal, porque la planta ha tenido su inestabilidad también. Lo primero que tuvimos que hacer fue encargarnos de una caña quemada en Meriño y en Fleitas; nos prestaron transporte e hicimos lo necesario para que el producto no se echara a perder". 

Nos cuenta que son muchas las razones para que los cañaverales ardan, lo mismo puede deberse a personas inexpertas o inescrupulosas, o a alguna maquinaria defectuosa; la cosa es que se afectan los compromisos, se mueve el transporte hasta la zona necesitada y de todas formas se acopia la caña para convertirla en azúcar.

"El asunto es que la caña quemada tiene una alta prioridad, pues en 72 horas comienza a deteriorarse y resulta en pérdidas. Por eso insistimos tanto en cuidar los cañaverales".

Entre tanto inconveniente, Barceló cuenta que el pacto es llegar a 85 toneladas (t) diarias y que hay materia prima para eso.

"En 10 horas debemos tener el cargamento. Con cuatro o cinco viajes que hagan los camiones se cumple la tarea. La máquina que tenemos ahora mismo está muy buena, aunque obsoleta, y la fuerza de trabajo es muy seria y comprometida. Aquí lo que sobra es voluntad". 

En Picanes, muy cerquita de la carretera, el batallón deja su huella.

"El rendimiento es bueno. Este campo tiene 45 t por hectárea. Los demás están en 30, por más que la caña lleve más de dos años sin procesarse, a la espera de su viaje al ingenio. Lo peor es que tiene maleza adentro, hay que trabajarla con cuidado".  

Los planes con la industria para la presente contienda son alrededor de ocho mil 619 t. Es un imperativo en esta ecuación el aporte de maquinaria de punta, que puede hacerse cargo de los campos en las situaciones actuales donde a la vieja KTP le es imposible llegar.

La UBPC, aunque es eminentemente azucarera, posee una finca, un módulo pecuario y persevera por que sus trabajadores tengan los mejores ingresos posibles.

"Nos hemos diversificado. Contamos con conejos, ovejas y cerdos; también tenemos reses y velamos por la atención de los 12 integrantes del pelotón. En tiempo de zafra se gana bien, si por nosotros fuera trabajáramos hasta que no quedara nada". 

A la par, el colectivo asegura la preparación de tierra para garantizar la siembra de la próxima contienda. La falta de combustible mella duro en el destino de los campos. La caña requedada que ahora mueven ha sido testigo de escasez de recursos y de las roturas del coloso.

"En la zafra anterior no pudimos cosechar la caña, pues el central se averió y faltó combustible. De un plan de 10 mil t nos acercamos a mil 503 t. Fue duro para los bolsillos nuestros también, ¿pero qué íbamos a hacer?". 

La zafra es una religión en aquellos lares. Su buen desenvolvimiento trae paz y alegría en los campos, garantiza zapatos nuevos para los muchachos y el alimento en las mesas. Quienes echan abajo la maleza y desafían el embate filoso de la caña rezan por más trabajo, por el recurso estable para poder hacer azúcar.