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criticas cuerpo prejuicio 1

Las Tunas.- En algún lugar, frente a un espejo, alguien se cambia de ropa por tercera vez. La camisa no queda mal, los pantalones tampoco, pero algo falla. Los brazos parecen demasiado gruesos, el abdomen sobresale más de lo permitido o las piernas no guardan la proporción perfecta. Afuera, el mundo sigue su curso; dentro de la habitación, una persona acaba de perder una discusión con su propio reflejo.

Hay una violencia peculiar en esa derrota. Nadie pronunció una ofensa, ninguna mirada ajena le intervino todavía. Sin embargo, el juicio ya está instalado en la intimidad, con la autoridad de una certeza que rara vez se examina. Alguien aprendió a contemplarse desde los ojos de quienes establecieron qué apariencia merece deseo, respeto o admiración. El espejo devuelve una imagen, pero la conciencia, adiestrada por años de comparaciones, dicta una sentencia en ocasiones muy cruel.

criticas cuerpo prejuicio 3Los cánones estéticos poseen esa facultad insidiosa de presentarse como verdades naturales. Cada época les concede una forma y cada sociedad los reproduce hasta borrar las huellas de su fabricación. Lo que ayer despertaba admiración puede caer mañana en el descrédito. Pese a esa inconstancia, millones de personas organizan su relación con el propio cuerpo alrededor de un ideal cuya legitimidad casi nunca cuestionan. La moda cambia de criterio con una ligereza que la inseguridad humana no puede permitirse.

El asunto es más inquietante cuando la apariencia deja de ser una preferencia estética y comienza a funcionar como medida del valor individual. Entonces, el cuerpo se convierte en una especie de expediente público. Sobre él se proyectan juicios acerca de la voluntad, la disciplina y el mérito; acaso la anatomía ofrece pruebas suficientes sobre la conducta de una persona. El prejuicio encuentra ahí su coartada más cómoda, pues permite juzgar sin conocer y condenar sin argumentos.

A esa mirada se suma una intimidad mal entendida. En esta isla, donde la confianza suele expresarse sin demasiados rodeos, el comentario sobre el peso o la figura puede pasar por una muestra de familiaridad. La intención quizá carezca de malicia, pero eso en sí no justifica la intromisión. La costumbre otorgó a demasiadas personas una licencia imaginaria para opinar sobre cuerpos ajenos. Hay palabras que se pronuncian con naturalidad porque nadie obliga a quien las dice a reparar su alcance.

Tampoco existe una voluntad soberana que explique por sí sola cada aspecto de la apariencia. La salud, las circunstancias personales y las condiciones materiales intervienen en una realidad mucho más compleja que cualquier consejo sobre el autocontrol. Pretender lo contrario revela una comprensión rudimentaria de la vida humana. Con el cuerpo cambian las posibilidades, las necesidades y las maneras de habitar el mundo. Exigirle obediencia perpetua a una imagen equivale a desconocer su propia historia.criticas cuerpo prejuicio 2

Y es que uno de los daños más profundos de los estereotipos reside en esa sustitución de la experiencia por la evaluación. La persona deja de preguntarse cómo se siente en su cuerpo y empieza a calcular cómo será recibida por los demás. La espontaneidad cede terreno a la vigilancia y al temor de ocupar un espacio que alguien podría considerar excesivo. La mirada social consigue así algo más duradero que imponer una moda. Se instala en la conciencia y continúa trabajando incluso cuando nadie la observa.

Vuelvo a la habitación del principio. La persona frente al espejo aún no sale de casa. Ignoramos qué piensa, qué vive y qué necesita para sentirse en paz consigo misma. Solo conocemos ese instante de vacilación, suficiente para advertir cuánto puede pesar una norma que nadie eligió conscientemente. Afuera, la sociedad continúa su afán, indiferente a una batalla privada que quizá comenzó mucho antes de aquella mañana.

El cuerpo envejece, enferma, se transforma y guarda las señales de una vida irrepetible. No tiene por qué responder ante un juicio estético. Concierne entonces menos a la forma que cada cual encuentra al mirarse, que a la autoridad que concedemos a quienes pretenden decidir qué merece ser mirado con respeto. Mientras esa autoridad permanezca intacta, el espejo seguirá siendo un lugar donde demasiadas personas acuden a buscar su imagen y encuentran, en cambio, el veredicto de los demás.