
Con apenas dos horas de corriente al día, el municipio tunero se apoya en paneles solares, tracción animal y pozos comunitarios para garantizar el agua a más del 90 por ciento de su población. Un tercio de los manatienses ya recibe el servicio gracias a la energía solar
Las Tunas.- Manatí es el municipio más árido de la provincia y uno de los más acentuados de Cuba en tal sentido. Sin embargo, este año las lluvias han sido positivas. Las fuentes de abasto no están secas y los embalses rondan los 40 millones de metros cúbicos.
Así lo confirma Manuel Rivera Cabrera, director de la unidad empresarial de base (UEB) Acueducto y Alcantarillado del territorio. El municipio cuenta con 21 fuentes de abasto. De ellas, 20 están en operación y solo una se detuvo recientemente por una rotura leve.
"En Manatí las fuentes de abasto se rompen y se les busca solución", asegura Rivera Cabrera, quien destaca el talento de un colectivo de trabajadores que vive en el propio sector.
El organismo que dirige es quizás el que más ha sufrido el impacto de los déficits de energía en el país. Para enfrentarlo, montaron 15 sistemas fotovoltaicos que protegen igual número de fuentes de abasto. Hoy funcionan establemente 12, y tres esperan por accesorios y un controlador dañado.
El resultado es tangible: alrededor de siete mil personas en Manatí reciben agua de forma diaria con energía solar, algo que antes no existía. "Manatí tiene 25 mil 647 habitantes y estamos protegiendo aproximadamente uno de cada tres manatienses. Antes todo era con energía eléctrica y a estos pobladores hoy no les preocupa si tienen corriente o no", explica el directivo.
El impacto de los apagones obligó a enrumbar el sistema de operación. La primera medida fue proteger las fuentes principales con guardia las 24 horas. "No sabemos cuándo viene la corriente ni cuándo se va, por tanto, el personal tiene que estar ahí, preparado", señala Rivera Cabrera.
Manatí tiene el 60 por ciento de su población con acceso a agua por redes, más de 16 mil personas. Pero también cuenta con 111 kilómetros de conductoras, una cifra que, según el director, no tiene ninguna provincia del país. Las fuentes están lejanas: el Cerro a 30 kilómetros, Las Margaritas a 17 y Manatí de Puerto Manatí a 20.
Ante ese panorama, surgió una idea que ha dado excelentes resultados: la fuente de abasto de los vasculadores en el área del antiguo central Argelia Libre, que no depende de la corriente. Con una matriz energética de 10 litros por segundo, permite dar servicio de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde todos los días, con alrededor de 300 metros cúbicos diarios. "Esa es permanente. No hay apagón", subraya.
LA LÓGICA DEL BOMBEO: SIN CORRIENTE NO HAY AGUA
La dependencia energética del sistema de bombeo es absoluta, tanto para su extracción como para su distribución. Los paneles sostienen una acumulación de agua para el bombeo que puede alcanzar los 300 o 400 metros cúbicos a capacidad completa del sistema, pero la protección energética resulta imprescindible para que el servicio llegue a su destino, por ejemplo, a localidades como Puerto Manatí, que se ubican a unos 20 kilómetros.
Para mitigar el impacto de las interrupciones eléctricas, los decisores aquí, de conjunto con sus homólogos a escala provincial, ajustan en la medida de lo posible los horarios y momentos de bombeo, priorizando los días de mayor demanda según un ciclo establecido.
La lógica consiste en acumular agua para Puerto Manatí, por ejemplo, durante el domingo y el lunes, y bombear el martes; luego acumular miércoles, jueves y viernes, y dedicar el sábado al centro urbano manatiense. De esta manera, los días alternos permiten organizar la distribución. La clave está, explican, en que, si están los motores y el bombeo, necesariamente debe estar la corriente, porque de lo contrario no habrá agua tampoco.
Al unísono han habilitado tomas de agua de fácil acceso en varios circuitos que permiten que las personas, incluidos los grupos etarios más vulnerables, puedan obtener el vital líquido más rápido. La experiencia se ha aplicado también en localidades como El Raúl y en otros sitios.
Este trabajo, subraya Manuel Rivera Cabrera, incluye un componente preventivo y de organización del proceso. "Ya no se está de brazos cruzados esperando a ver cuándo ponen la luz, sino que existe una estrategia establecida, se conoce cómo implementarla y se informa a los lugares para que colaboren en el proceso y la gente se prepare, que es lo más importante”, afirma.
EL POZO DEL CURA Y OTROS PLANES
Acueducto aquí, explica su titular, se ha propuesto rescatar el famoso Pozo del Cura, una fuente de calidad óptima que daba unos 10 litros por segundo en tiempo del desaparecido ingenio azucarero. La idea es que no dependa de la gran conductora y que, junto a la de los Vasculadores, acerque a Manatí a un volumen de agua que le permita ser menos dependiente de sus fuentes tradicionales del Cerro de Caisimú y Las Margaritas.
También está sobre la mesa la posibilidad de conectar la presa Gramal por gravedad, una inversión que no lleva energía. "El agua del Cerro es de mucha calidad, pero en una sequía extrema se deprime. Una fuente que da 60 litros baja a 15", explica Rivera Cabrera. La propuesta ya se presentó al presidente del Instituto de Recursos Hidráulicos y se trabaja para concretarla.
Por otro lado, este es el único municipio que todavía mantiene el transporte de agua por ferrocarril. Hoy son 13 comunidades las que reciben el agua por tren, con dos mil 335 habitantes. Cuatro comunidades ya pasaron a recibir agua por redes, con una inversión de 7,3 kilómetros de conductoras.
"El objetivo final de Manatí es que el tren no entre jamás", afirma el director. El plan inversionista está enfocado en eliminar esos traslados ferroviarios, por lo costoso que resulta: requiere mil 200 litros de combustible en cada viaje. Hay 10 comunidades donde no existe agua potable en el suelo, y el reto es llevarla por otras vías.
Manuel Rivera Cabrera identifica un gran enemigo: la indisciplina social. Roturas en conductoras y en las válvulas y conexiones ilegales afectan el servicio. "Manatí es el municipio que mayor cantidad de conductoras tiene, y eso conlleva mayor probabilidad de hechos", explica.
Para desestimular esas prácticas, además de las ya mencionadas tomas de fácil acceso en algunas conductoras; también echan mano a la tracción animal: decenas repartidores de agua en yuntas de bueyes se mueven en áreas como Las Catalinas, La Guinea y Managua.
El titular de Acueducto en Manatí encomia la actitud del pueblo. "Hay decenas, para no decir cientos, de personas que están cargando agua con medios de transporte propios para suplir la situación". También se han construido cientos de pozos en el centro urbano, y la entidad acompaña el proceso a través de los especialistas de Ordenamiento Territorial y Urbanismo, con una premisa: que esas oquedades sean comunitarias, que ayuden al barrio.
En medio de un escenario con apenas dos horas de corriente al día, el 8,3 por ciento de la jornada, y un combustible que no excede el 10 por ciento de la demanda, la UEB de Acueducto y Alcantarillado de Manatí ha logrado que más del 90 por ciento de la población reciba agua por alguna vía y con cierta periodicidad. “No estamos sentados, estamos tratando con el país de buscar un grupo de soluciones”, concluye Rivera Cabrera.
Manatí, el municipio más seco, demuestra que la innovación local: paneles solares, gravedad, tracción animal y pozos comunitarios, puede, nunca mejor dicho tratándose de agua, mantener a flote a un servicio vital, incluso, en las condiciones más adversas.

