Las Tunas.- Ante el micrófono, Yoel recuerda el peso inmenso que recibió, cual grillete en la pierna, al escuchar que la pequeña mancha negra en su espalda no era un simple lunar, sino lepra.
Rememora que más difícil que lidiar con los fármacos por un largo período resultó tratar con su familia. Los suyos, incluso los más apegados, empezaron a verlo con el sesgo del leproso. ¿Quién dijo que el viejo estigma se ha borrado?
“En casa, todos tuvieron que hacer un tratamiento profiláctico -alude el muchacho de 36 años. Me dolió el hecho de haberlos expuesto, pero han pasado los años y nadie me ha perdonado la enfermedad. Me apartaron y me miraron con asco. No le deseo la experiencia a nadie”.
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Al hablar de los apoyos, el exatleta cuenta de primero el trabajo sistemático que se realiza en Las Tunas desde el Centro de Higiene, Epidemiología y Microbiología. Desde allí, profesionales competentes velan por la prevención y vigilancia desde la Atención Primaria de Salud, de la mano de la comunidad.
DEL MITO A LA REALIDAD
Al cierre del 2024, la provincia notificó seis casos de lepra, con una transmisión activa por el predominio de la forma multibacilar y su presencia en infantes.
Martha Odalis Cabrales León, coordinadora del Programa de Lucha contra la Lepra en la provincia, informó que se trabaja en el pesquisaje de esta enfermedad, con el objetivo de su erradicación.
“Esta patología hoy tiene mayor presencia en los municipios del sur de Las Tunas -aseguró Cabrales León. Los pacientes notificados están en la comunidad, trabajan, cuentan con la debida supervisión y tienen el tratamiento gratuito de antibióticos. Los equipos básicos de Salud son los mayores responsables de su bienestar".
La especialista de Primer y Segundo Grado en Higiene y Epidemiología aclaró que, aunque la enfermedad no constituya un problema de salud, no significa que no esté presente en la vida de los tuneros.
Argumentó también que afecta a ambos sexos y en los últimos cinco años en la provincia se han detectado casos infantiles, cuya forma de presentación evidencia lesiones en forma de manchas oscuras y nódulos en la piel.
“El período de incubación es de unos cinco años como promedio, aunque estudios demuestran a nivel global que puede extenderse hasta 20, y cuando no se diagnostica ni se trata tempranamente puede causar lesiones progresivas y permanentes en la piel, los nervios de las extremidades y los ojos -explicó la galena.
“Una vez tratada, la enfermedad deja de ser contagiosa; de ahí que el sistema sanitario se proyecta por detectar el 80 por ciento de los casos de manera temprana para disminuir su incidencia, pues luego de la poliomielitis es la que más discapacidad causa si se detecta tardíamente”.
Dentro de las prioridades de trabajo para el año 2025 destacan acciones puntuales para elevar la percepción de riesgo, como parte de la vigilancia de la población más vulnerable desde las áreas de Salud. Desde ya, el seguimiento y control de los contactos de casos positivos son vitales para erradicar una enfermedad que llega -cargada de viejos mitos- a sumar más malestar a los pacientes.