Las Tunas.- El ingeniero Carlos Serrano Górgora no es diabético, pero "llevo el azúcar en la sangre", lo confiesa con gestos de autoaprobación que convencen, y después de conocer en detalles una parte importante de su vida, de su trayectoria laboral…, no quedan espacios para la duda.
En su currículo hay suficientes argumentos para entender por qué "nada" contra corriente, y se contrapone a una tendencia que en estos días perjudica la sostenibilidad de la producción azucarera: la fluctuación de fuerza técnica calificada que protagonizan jóvenes y hasta veteranos de este sector en Cuba; y el central Antonio Guiteras no es la excepción.
Quienes abandonan arguyen, entre otras razones, salarios que no tienen correspondencia con los esfuerzos ni con la carestía de la vida; y Carlos defiende mejores ingresos, hace propuestas y se parapeta en sus convicciones y en la posibilidad real de la recuperación con el concurso de todos.
EL RETORNO DE CARLOS
Cuando arribó a los 65 años de edad se jubiló y a las pocas horas la nostalgia le oprimía el pecho; su ausencia se sentía con fuerza en la fábrica. "Me llamaron de la dirección y me invitaron a volver. Yo estaba decidido a retornar, lo consulté con mi familia y aquí estoy", lo afirma con la satisfacción de sentirse útil y de saberse parte de una vanguardia que convierte los desafíos en oportunidades y escribe cotidianamente páginas de heroísmo.
"Mi permanencia se la debo mucho a la familia, a mi esposa, que cuando les comuniqué la decisión fueron consecuentes. Ellos saben de mi amor por la industria y me apoyaron. Yo les recordé, porque ellos también lo saben, que era una tarea difícil, una tarea dura, porque aquí no hay horas de descanso, no hay sábados ni domingos, ni fechas festivas… Eso sí, hay mucho trabajo".
Reinaugura su vida laboral como jefe de turno integral y luego ocupa el cargo de jefe de Producción, el que todavía desempeña con agilidad y energías envidiables.
Su oficina siempre tiene las puertas abiertas. Está ubicada en una segunda planta y los peldaños de la vetusta escalera dan fe de las veces que sienten el peso de un hombre que desanda a cada minuto, y con objetivos bien definidos, las distintas áreas del ingenio.
Es grande la responsabilidad, y "la estoy asumiendo con mucho amor, con deseos y dedicación. Mientras tenga salud física y mental voy a estar aquí, es mi compromiso", lo testifica y define prioridades y principios éticos con los que los cuadros deben ejercer sus funciones en los tiempos actuales.
DESDE LA DIRECCIÓN
Reconoce que la dirección del central es joven, pero atesora conocimientos forjados en el hacer diario, en el enfrentamiento de no pocos desafíos con la voluntad de hacer las cosas bien y vencer las dificultades.
La práctica de más de 50 años vinculados con la producción azucarera le ha enseñado que "son insustituibles en los métodos de dirección el trabajo en equipo y el diálogo con los trabajadores, oír sus criterios, hablar claro, con transparencias para que nos escuchen y nos sigan en las decisiones. Es vital aprovechar sus experiencias en el enriquecimiento de las estrategias para salir adelante. Para ser un buen cuadro, además, hay que tener optimismo y transmitirlo".
Carlos siente una especial admiración por los jóvenes que dan batalla y los acompañan contra viento y marea, y a su preparación le dedica tiempo, "con ellos nos reunimos mucho, conversamos de todos los temas con énfasis en los secretos de esta industria, sus retos…, porque son nuestro relevo natural".
INSATISFACCIONES, EXPECTATIVAS…
"Veo las dos últimas zafras con resultados que distan de los tradicionales y siento mucha tristeza", lo confiesa afligido y hace un silencio profundo que respeto, porque comparto sus nostalgias por los días de gloria del coloso tunero.
Se recupera del éxtasis y afirma categórico: "'Guiteras' tiene que volver al lugar de siempre, volver a ser el mayor productor de azúcar del país. Los 'guiterianos' son verdaderos guerreros, lo afirmo porque me lo han demostrado en los más de 28 años en los que hemos compartido y defendido sueños, anhelos, faenas y celebrado éxitos".
Y retoma el rol de las direcciones administrativa y sindical, "tenemos que intercambiar en todo momento con los trabajadores, conocer y sentir como propias sus necesidades y en la medida de lo posible ayudarles a buscar solución, porque las carencias son muchas, pero cuando usted los escucha y los acompaña está demostrado que todos dan el paso al frente.
"A los 67 años me siento con salud y voy a darlo todo por la empresa y el sector del azúcar que es mi vida, es lo único que sé hacer. Amo al ingenio a su gente y los seguiré acompañando en estos momentos difíciles, porque para mí es un orgullo trabajar para rescatar sus producciones", sentencia.
RETROSPECTIVA
Carlos Serrano Górgora nació y vivió algunos años en Tacajó, municipio de la provincia de Holguín, donde reinaba el central Fernando de Dios; y él disfrutaba el olor a melaza, a guarapo fresco, los pitazos que anunciaban cambios de turno y cumplimientos productivos.
"Me gustaban hasta las emisiones del hollín que emanaba de las gigantescas chimeneas y nos ponían 'terrible' el uniforme escolar", recuerda ahora y parece volver a la niñez, a la adolescencia, a las calles de su pueblo.
"He pasado por dos centrales y eso me ha servido en mi preparación para la vida y la profesión, tanto en el 'Fernando de Dios' como en el 'Antonio Guiteras'. Siempre he hecho las mismas funciones dedicadas directamente a la producción de azúcar desde diferentes cargos, y todos los he desarrollado con dedicación y con mucho amor".